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Tobías José Martínez Matamoros tiene 9 años y está en tercer grado de primaria, pero llegar hasta este nivel no ha sido fácil. A los cinco años lo diagnosticaron con Trastorno del Espectro Autista (TEA), una afección neurológica y de desarrollo que incide en su comportamiento, interacción y aprendizaje.

Blanca Matamoros, su mamá, rememora que cuando el niño empezó a vincularse con la escuela la familia descubrió que Tobías era autista y desde entonces lograr la inclusión educativa ha sido todo un desafío, no solo por la particularidades del TEA, sino por el hecho de que pocos centros están en capacidad de atender a personas con discapacidad.

“Como cualquier otro niño, a los cuatro años empezó preescolar, pero fue muy difícil porque en los primeros dos niveles Tobías estuvo en seis escuelas diferentes. No importaba la cantidad de mensualidad que estuvieras dispuesto a pagar, simplemente en los colegios los maestros nos decían no estamos preparados”, señala Matamoros.

Agrega que pasaron un par de años desde esa primera experiencia antes de que el niño lograse avanzar en su formación académica.

Con terapias especiales lograron que el menor hablase.

La familia hizo lo suyo y aprendió a manejar las crisis del niño y posteriormente comenzaron la búsqueda de un colegio regular para inscribirlo y desde el año pasado comenzó a asistir al colegio María Auxiliadora, en Managua.

“Fue un reto tanto para el centro como para nosotros como familia. A mí, como madre, porque me tocó aceptar que el centro podía sentirse un poco incómodo, que le tocó aprender porque los maestros tuvieron que adecuarse también a Tobías, a saber reconocer cuando tenía una crisis, cómo actuar antes de la crisis, qué hacer con los compañeritos, cómo explicarles que este niño tiene una condición distinta”, dijo Matamoros.

Técnica docente

Eilyn Meza, maestra de Tobías, refiere que ella nunca había trabajado con ningún niño con discapacidad.

Durante sus años de formación docente, Meza recibió algunas luces sobre la educación inclusiva y esas estrategias las ha implementado en el salón tanto con los compañeros de clases como con el propio Tobías.

“Insistimos mucho en la positividad, la inclusividad es que ellos sean parte del grupo; y con los demás compañeros es ver la sensibilidad, que no vean a su compañero como alguien diferente, sino como uno más.”, dice Meza.

La maestra agrega que en términos de estrategias de aprendizaje fomenta mucho el lenguaje, ya que Tobías realiza toda su comprensión a través del aprendizaje auditivo.

“Por ejemplo, el espacio se va trabajando, si está muy alterado buscamos alguna actividad que lo vaya tranquilizando, y en las áreas de matemáticas también es muy visual”, afirma Meza.

En el colegio María Auxiliadora hay otros siete menores con alguna discapacidad, dos de ellos en preescolar, dos en secundaria y tres más que cursan primero, segundo y tercer grado de primaria.

Incipiente

Guardando las distancias, hay elementos compartidos entre la situación experimentada por la familia de Tobías y la de cualquier otra que busque matricular a su hijo en el sistema de educación regular del país, señala Rosa Romero, subdirectora ejecutiva de la Asociación de Padres y Madres con Hijos Discapacitados (Los Pipitos).

Romero refiere que en términos evolutivos la educación inclusiva ha pasado por varias fases.

En 1987, cuando Los Pipitos comenzaron a funcionar, existían solamente cinco escuelas especiales, posteriormente hubo lo que se denominó “escuela integrada”.

“Eso significaba que en una escuela regular había un aula en donde estaban los chavalos y chavalas con discapacidad en el mismo recinto, pero separados. Había una segregación y eso no lo queremos. Lo que actualmente mandata Naciones Unidas para los derechos de las personas con discapacidad es una real educación inclusiva”, afirma Romero.

La directiva agrega que en términos generales la educación en el país enfrenta muchos retos, sobre todo en lo referido a calidad, pero al hablar sobre educación inclusiva el desafío todavía es mayor; ya que no solo se requieren más institutos que la implementen, sino también más personal formado para su aplicación

“En el año 1987, por ejemplo, cuando Los Pipitos comenzamos a funcionar, habían alrededor de cinco escuelas especiales, actualmente hay 25; y si bien es cierto hay diferentes tipos y grados de discapacidades (severa, moderada y leves), la escuela especial funciona para aquellas discapacidades severas, sin embargo las discapacidades leves y moderadas pueden ejercer ese derecho a partir de las escuelas regulares y eso es la educación inclusiva”, explica Romero.

Los niños con discapacidad no tienen suficientes escuelas especializadas para su educación. Archivo/ENDA los colegios les faltan espacios físicos adecuados para poder atender a niños con alguna discapacidad motora, o pocas escuelas tienen textos en braille si es que acaso un menor presenta una discapacidad visual.

Pocos docentes tienen conocimiento sobre lenguaje de señas para atender a un estudiante con discapacidad auditiva, afirma Romero.

Promueven guías

Por ello para impulsar la mejora en el sistema educativo del país, Los Pipitos ha diseñado dos herramientas metodológicas de apoyo, tanto para los familiares como para los maestros.

La primera, denominada Guía La Familia Educa, busca fomentar la independencia en las personas con discapacidad.

“Se evalúa primero cuáles son las habilidades que tiene un niño o niña con discapacidad, y con base en esa evaluación se prioriza cuáles son las habilidades que irá desarrollando con el involucramiento de toda la familia y va desde actividades, como por ejemplo lavarse las manos, lavarse los dientes, en el caso de las niñas cómo aprender a usar toallas sanitarias, hasta otras habilidades como socializar.”, explicó Romero.

Mientras que para fortalecer el ámbito educativo se ha estructurado la “Guía metodológica para facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje de estudiantes con discapacidad de primero y segundo grado”, la cual ha sido validada por el Ministerio de Educación.

“La guía da tips para trabajar discapacidad auditiva, discapacidad visual, motora, discapacidad intelectual; con énfasis en Español y Matemáticas. La guía salió en 2017 y fue trabajada con el Ministerio de Educación y se validó en escuelas donde había inclusión educativa. El año pasado, 2018, se seleccionaron a 30 docentes que ya este año serán capacitados para el uso de esa guía y nuestra proyección además es hacer alianzas con escuelas formadoras (de docentes) para hacer una proyección mayor”, explica Romero.

También los sordos

Otra organización que está haciendo esfuerzos para tratar de formar a maestros que puedan apoyar la inclusión de niños con discapacidad en las escuelas es la Asociación de Sordos de Nicaragua.

Su presidente, Alexander López, explicó que actualmente desarrollan acciones conjuntas con el Ministerio de Educación para capacitar a los docentes en lenguaje de señas de Nicaragua.

“A ellos se les facilita el diccionario, se les enseña el lenguaje de señas en un curso que dura casi el año escolar y así poder atender a niños sordos en los municipios donde no hay educación especial y así los maestros los puedan atender en la escuela regular”, explicó López.

Esta organización aglutina alrededor de 3,200 personas y posee una filial en cada una de las cabeceras departamentales.

Cifras oficiales desconocidas

Consultada sobre el número de personas que presentan algún tipo de discapacidad y que están inscritas en el sistema de educación pública del país, Romero afirmó desconocer un dato preciso; solo puede dar fe de los que poseen ellos como Asociación y refiere que la ONG tiene 38 Centros de Atención, en los cuales asisten más de mil niños discapacitados, de los cuales aproximadamente 800 están integrados en alguna escuela.

Por su parte, López, presidente de la Asociación de Sordos, dijo no saber cuántas personas con esta discapacidad están integradas al sistema público.

Únicamente refirió, como una experiencia, que en el colegio público de Bello Horizonte, en Managua, hay aproximadamente 50 jóvenes sordos en la secundaria.

Sin embargo, no existe un dato oficial sobre cuántos menores con discapacidad están integrados en el sistema educativo del país, ni siquiera en el sitio web del Ministerio de Educación.

La única información que hace referencia al asunto en el portal es la que dice que en el país hay 25 escuelas públicas de Educación Especial.

“Ubicadas en los municipios de Managua, San Marcos, Jinotepe, Diriamba, Masaya, Granada, Rivas, León, La Paz Centro, Comunidad Nuevo Amanecer (Diriamba) Chinandega, Chichigalpa, El Viejo, Corinto, Boaco, Juigalpa, Matagalpa, Jinotega, Estelí, La Trinidad, Condega, Ocotal, Somoto, Bluefields y Bilwi”, indica el sitio web.

En dichas escuelas, según la información oficial, se ofertan preescolar y primaria y los programas de Educación Temprana, e inclusión Socio Laboral.

“El gran problema -dice Romero-, es que usualmente los análisis sobre discapacidad en el país se han realizado tomando en cuenta a población adulta, y no a menores”.