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“¡Voy un gallo! ¡Voy un gallo! ¡Voy un gallo!”, grita un hombre moreno y regordete desde una butaca de madera.

“¡Cojo! ¡Cojo! ¡Cojo!”, le responden desde el otro extremo de la gradería.

Por el bullicio que predomina en el lugar, no se alcanza a identificar quién le ha respondido, pero al transcurrir varios segundos, el moreno regordete, a grito partido, pregunta: “¿Qué gallo vas?”.

“Te cojo mil a siete, voy a la Cumba”, le responde de entre la multitud el matagalpino Ernesto Granados.

“!Vamos mil a siete, mi gallo es el búlico (pinto)!”, le acepta la apuesta con seguridad y un ligero movimiento de cabeza el moreno regordete, mientras termina de acomodarse en la butaca de esta gallera, ubicada sobre un tramo de la pista suburbana, en Managua, donde no despega la mirada del redondel, atento a lo que está por venir.

Y lo que está por ocurrir es que estos dos gallos se enfrentarán a un duelo a muerte.

Antes de llegar a ese momento crucial en una gallera de Managua, estas aves han pasado por un largo proceso que comenzó antes de que salieran del huevo.

Criadores de gallos consultados por El Nuevo Diario aseguraron que ellos, en su búsqueda por poseer al mejor ejemplar, han invertido tiempo y dinero: El tiempo es para saber qué buscan y el dinero para obtenerlos.

Julio Guerrero, con más de 15 años criando gallos, ya tiene claro qué busca y “es un ejemplar cortador”.

El término “cortador”, al que hace referencia Guerrero, es un gallo de tamaño medio, fuerte y que patee directo a la “yugular del contrincante”.

Para lograr eso, el criador consigue un semental como el que adquirió hace unos meses, valorado en 200 dólares y lo cruza (reproduce) con gallinas previamente seleccionadas.

“Yo tengo mi línea de gallinas que son cortadoras y con los años las he ido mejorando. Lo que hago es buscar (comprar) un gallo para refinarlas. Cuando nacen los pollos los mandamos a una finca para desarrollarlos y después ya regresan con espuelas. Hay muchos gallos que disparan (patean) y no cortan, por eso pierden. Yo busco al gallo que acierta, porque ese es el que gana”, indica el criador, mientras sostiene en sus brazos a un gallo de plumas amarillas y negro, al que le dice “el giro”.

Por lo general, todos los galleros presumen como un trofeo a sus aves. Posan, sonríen y luego van en busca de prestigio. Es un asunto de ego.

Cuenta Guerrero que en unas semanas ya tendrá descendencia de su nuevo semental.

Una vez que rompan el cascarón, los alimentará con purina especial que los ayudará a crecer. Les comprará también una vitamina que vierte sobre el agua que estos deben tomar.

Semanas después les cambiará el alimento por otro más caro, lo que les permitirá desarrollarse físicamente mejor.

Superada esta etapa, Guerrero menciona que procederá a seleccionar a los ejemplares que combatirán en el redondel.

Los seleccionados tendrán otra dieta, conocida como pre-cuido, que consiste en una mezcla de varios granos, como trigo canadiense, maíz amarillo, soya, un poco de sorgo nacional y un alimento preparado que comercializa una empresa extranjera y que se vende en las veterinarias.

Un gallo puede costar entre los 200 y 1,500 dólares. Su precio depende del país  que son importados. Jorge Ortega\END

Los desparasitará y aplicará una vitamina, que no solo oxigenará su cerebro, sino que hará que sus plumas brillen.

“Después del pre cuido viene el cuido. Se vitaminan y les hacemos ejercicio, en mi caso lo hago tres veces por semana y los sacó a tomar el sol. Se carea con otro gallo y vamos viendo cómo está su resistencia”, expresa Guerrero.

Roberto José Cruz, de 64 años, también entrena gallos y su método dista al de su colega Gutiérrez.

Cruz asegura que al nacer, entre galleros, aprendió que ningún ejemplar es similar al otro y al final la raza termina imponiéndose.

“Si lo cuidás bien, en seis semanas está listo. No necesitamos estresarlo, cuando es profesional el cuidador, nota que el animal está listo. El gallo se muestra inquieto, entonces uno aprovecha para jugarlo. Hay gallos que ganan bien y hay gente que los compra, pero no saben de dónde viene (linaje) y después, cuando los echan a pelear, se corren, y eso significa que después debés de matar a toda su descendencia”, manifestó Cruz.

Para Cruz, en el mundo de las peleas de gallos no solo está en juego el dinero de las apuestas, sino el orgullo y el ego del criador, porque al final de cuentas todo se resume a eso: al ego.

“El juego de gallos no es para enriquecerse, es para hacer amigos, olvidarse de los problemas. Si usted ganó su gallo (ganar una pelea), en ese momento se le olvida que tiene deudas y problemas, es como un relajante“, expresó.

Cruz, a quien se le conoce como “Colón” en las galleras, reconoció que décadas atrás finqueros quedaron en la calle al apostar sus propiedades por no entender que las peleas se tratan de un entretenimiento, cultura y tradición.

“En 1980 había gente que apostaba sus fincas y su ganado, hoy en día se juegan (apuestan) peleas caras, pero no como antes, que decían ‘jugamos tu finca contra la mía’, la gente ha aprendido que el juego de gallos no es para enriquecerse”, señala.

Pese a reconocer que este estilo de vida no genera riquezas, Cruz admite que hacerse de un nombre en las galleras implica generar gastos.

“El gallo se consigue a través de dos cosas: por amistad o por dinero. Si usted tiene dinero, puede mandar a traer un gallo de Puerto Rico, que le cuesta 1,500 dólares. De Estados Unidos puede traer un trío, que anda por los 1,500, o de México, que andan por los 500. El pobre busca cómo ‘racear’ a como puede (…) lo único que te puedo decir es que nosotros, los cuidadores, somos esclavos de los gallos, los bañamos y los alimentamos y si se enferman, corremos a curarlos. El gallo es un rey y lo cuidamos, porque va a combatir a muerte”, expresó Cruz.

HAY NIVELES

Julio Guerrero coincide con Cruz en el hecho de que los gallos no le generan riqueza, pero invierte en sus ejemplares para no perder.

Comentó que, en ocasiones, él y otros galleros han mejorado su raza haciéndose de animales que pertenecen a criadores adinerados.

Comentó que esto se da porque esos galleros están claros que difícilmente los tendría de contrincantes.

Los galleros consultados por El Nuevo Diario explicaron que en todos los departamentos y municipios del país hay galleras.

Desde que sale del cascarón, los gallos reciben cuido para garantizar su éxito en el redondel.  Jorge Ortega\END

En Telica, León, por ejemplo, era muy conocido el gallero Jorge Ulises Aguilera Chávez, a quien durante 40 años se le vio cargando a sus aves, rumbo a las galleras.

De acuerdo con los galleros, en Nicaragua hay todo tipo de niveles. El de más prestigio es popularmente llamado de “grandes ligas”.

Y los llaman de esta manera porque estos juegan (apuestan) gallos en otro nivel. Al decir otro nivel se refieren a que estos no exponen su dinero ni sus ejemplares por apuestas menores a 50 mil córdobas.

“Los grandes ligas”, según contaron, se reúnen en la zona norte del país y las apuestas oscilan de 800 hasta cientos de miles de dólares.

Por esa razón, dice Guerrero, ellos se desprenden en ocasiones de ejemplares, “porque ellos saben que no competimos con ellos por el dinero, es probable que tengamos gallos para echarles, pero no hay dinero, es otro nivel”.

En 2015, de acuerdo con una publicación de la revista Gente de Gallos, en Managua había más de 50 galleras legales.

Mientras que la Agencia Francesa de Prensa (AFP), en una publicación de finales de 2012, estimaba que cada mes en Nicaragua más de 20 mil gallados eran lanzados al combate.

DOS NAVAJAS

Eduardo César Aguilar, el propietario de la gallera donde la “Cumba” y el “Búlico” están por enfrentarse al duelo a muerte, refiere que en Nicaragua están utilizándose las navajas cortas y largas.

La primera mide dos centímetros de alto, con una curvatura estilo semiluna, afilada sus bordes y punta.

La segunda, como su nombre lo indica, es de mayor tamaño, rozando los 10 centímetros. Mata hasta a un humano.

Esta noche, la Cumba y el Búlico se enfrentarán con esa navaja. En teoría, la pelea no debería durar más de cinco minutos.

Por ser gallos de gran tamaño, cuerpo grueso, fuerte y rápido al patear, la pelea debería durar una nada.

Lo que suele ocurrir, según cuenta el matagalpino Ernesto Granados, quien ha tomado la apuesta que ha lanzado el regordete, es que ambas aves corran a encontrarse y al estar frente a frente salten y se pateen en el aire.

De ese encontronazo, el primero que coloque su pata izquierda en la yugular o buche de su oponente, ganará.

Pero esta noche de gallos no ha sucedido así.

Al ser soltados por unos hombres que los sostienen con sus manos, la Cumba, en un pestañeo, ha cortado la pata derecha del Búlico.

Casi de inmediato, y al unísono, los asistentes gritan “¡muerto ese gallo! ¡muerto el Búlico! ¡Está matado, matado!”.

Granados, con una sonrisa ególatra, también grita “¡muerto el Búlico!”, pero su alegría le dura poco.

El Búlico, aun cojeando y con pronóstico desfavorable, ha logrado saltar y cortar la pierna a la Cumba. El Búlico es como del más allá, sin querer irse del más acá.

Las peleas con navaja larga duran muy poco tiempo. Su  gran tamaño se presta que para los animales se maten con rapidez.  Jorge Ortega\END

En este punto, a 14 minutos de que finalice la pelea pactada a 15, no hay nada para nadie y los animales con dificultad logran saltar, patear y aletear.

En la gradería, la gente con cada salto grita “esué”… “esué”.

Dicen también ¡Dispare gallito, que usted es fino”, pero el Búlico y la Cumba, después de cinco minutos de pelea, dejan de pelear y se desploman cansados.

Un hombre alto, fornido y sin cabello, con apariencia de jugador de baloncesto, suena repentinamente con fuerza una campana, de esas que usan los esquimeros cuando recorren las calles.

El árbitro también, a gritos por el bullicio que predomina, ordena a los soltadores tomar a sus ejemplares.

En la gradería la gente se agita y agritos dicen a los soltadores qué hacer.

“¡Oe, zurdo, revisale la navaja al gallo!, – se alcanza escuchar entre la multitud.

“¡Guayo, dale aire al Búlica¡”, - gritan de otro lado.

Y así, uno tras otros, los consejos empiezan a salir y todos parecieran saber que lo dicen.

El árbitro, después de contar hasta 20, llama a los soltadores y ordena que suelten a los gallos.

Los animales, esta vez cojeando, corren a encontrarse. Una y otra vez saltan y aletean, el tiempo, como agua que se escurre entre los dedos de las manos, transcurre hasta completarse los 15 minutos.

Y así, la primera pelea de esta noche, ha terminado empatada.

En el mundo de las peleas de gallos no solo está en juego el dinero de las apuestas. Archivo\END

Nicaragua es una de las pocas naciones que aún mantiene legal esta actividad que difundieron en el Mediterráneo los fenicios, y que posteriormente divirtió a griegos y romanos.

A América el juego de gallos llegó con los españoles, con la conquista.

En Nicaragua las peleas de gallos no son prohibidas, pese a que existe una Ley de Protección Animal aprobada por la Asamblea, en diciembre de 2010.

La actividad gallera en el país está protegida, pese al rechazo de los defensores de animales.

Las galleras son consideradas centros de recreación turística y la ley de bienestar animal protege las peleas de gallos, al considerarlas parte de la cultura popular nicaragüense.

El Cumbo y el Búlico, medio muertos tras su pelea, seguramente no pensarían que sus peleas sean parte de una cultura popular.