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Zacarías López, un contratista de la construcción de la zona costera de Playa Gigante, aseguró que son pocos los proyectos que han sobrevivido a la crisis, y quienes han perdido sus empleos se han visto obligados a retornar a sus faenas tradicionales tales como la pesca y la agricultura.

“Antes de la crisis de abril de 2018 este rubro estaba bien, ahora las inversiones que aún siguen en pie a lo largo de la franja costera de Tola son pocas y también han reducido su personal. La percepción acá es que el área de la construcción se va a estabilizar hasta que los inversionistas extranjeros consideren que la estabilidad ha retornado al país”, comentó.

López tenía 25 obreros a su cargo, para trabajar en proyectos privados localizados en zonas costeras de Playa Jiquelite, Hacienda Iguana, Rancho Santana y El Astillero, pero que tras el declive de la construcción, únicamente se ha quedado con cuatro trabajadores.

“Inversionistas que compraron propiedades para construir casas de playa han regresado a sus países sin iniciar las obras y de lo que estamos subsistiendo es de reparaciones mínimas que solicitan residentes o lugareños, pero han desaparecido los proyectos de US$300,000 que solíamos ejecutar”, detalló.

Explicó que entre los proyectos que han sobrevivido a la crisis que atraviesa el país se encuentra la edificación del Hotel “Agora”, que se construye con capital extranjero en la comunidad de El Astillero, al norte del casco urbano de Tola.

Explicó que entre los proyectos que han sobrevivido a la crisis que atraviesa el país se encuentra la edificación del Hotel “Agora”, que se construye con capital extranjero en la comunidad de El Astillero, al norte del casco urbano de Tola. Lesber Quintero/END

El ingeniero Ariel Alberto Alemán, responsable de la obra, indicó que el proyecto consiste en un hotel de lujo, que dispondrá de tres plantas, en las que estarán distribuidas 16 habitaciones, área de masaje, dos restaurantes y un subterráneo que albergará una cava de vino.

“Actualmente la construcción muestra un avance del 60% y se han invertido US$1.5 millones y la proyección es abrir el hotel en 2021, porque el inversionista extranjero considera que a pesar de la situación que vive el país, se puede mantener el clima de inversiones y quiere apoyar a esta comunidad como parte de su responsabilidad social y empresarial”, explicó.

Según Alemán, en la construcción laboraban inicialmente 26 obreros, pero debido a la crisis, el número se redujo a 14. A la vez, aseguró que paralelamente el inversionista erigió un proyecto en la comunidad de Las Salinas, que consiste en una plaza comercial, en la que se ha invertido más de un millón de dólares.

“Al igual que el hotel es un proyecto de lujo, que se diferencia de otros por el uso de materiales como granito, mármol y porcelana está pendiente su inauguración, aunque ya están funcionando algunos módulos”, detalló.

De acuerdo con Alemán, ambos proyectos son los que se han mantenido en pie, junto a construcciones de casas privadas en dos complejos turísticos localizados en este municipio.

Por su parte, el microempresario de la construcción Javier Pacheco Somarriba confirmó que después de estos proyectos, la actividad ligada al rubro de la construcción permanece paralizada.

“Yo me dedico a la construcción y alquiler de maquinaria para apertura de calles y desde mayo de 2018, la demanda vino en descenso y no hay muestras de recuperación, lo que hago es subsistir con viajes de tierra para jardín o material selecto que demandan dos veces por semana algunos clientes”, precisó.

Pacheco reveló que muchos de sus clientes habían adquirido propiedades entre Playa Guasacate, Popoyo y Jiquelite, y que estos se marcharon del país con el estallido de la crisis sociopolítica y pusieron en venta sus terrenos en vez de construir.

Afirmó que en su pequeña empresa disponía de ocho operarios y que actualmente ha quedado con uno, debido a que no hay demanda de obras de terraceo en terrenos destinados para la edificación de proyectos turísticos.

“Días antes que estallara la crisis sociopolítica me habían contratado para ejecutar una obra en El Astillero, que me dejaría ingresos de US$78,000, sin incluir los gatos de operación, pero con la situación que surgió en el país solo me quedé con los planos de la preparación de suelo y la apertura de calle, de lo que pretendía ser una zona residencial”, relató.

Henry Falcón, propietario de la ferretería más grande de Tola, confirmó que el mal momento que vive el área de la construcción en este municipio se refleja con la poca demanda de cemento.

“Antes de abril de 2018, yo vendía más de 2,000 bolsas de cemento a la semana y hoy no llego ni a 300, por que las construcciones se han caído en un 80% y clientes importantes que yo abastecía han paralizado sus obras”, afirmó.

El cemento es el mejor indicador a la hora de analizar cómo se encuentra el rubro de la construcción, manifestó Falcón, ya que aseguró que la compra de este material es lo que mueve las ventas de piedrín, hierro, arena y zinc.

“Si no se vende cemento, no se vende ningún otro material ligado a la construcción, y en este sentido las ventas se han caído hasta en un 80%, por la pérdida de clientes que ejecutaban grandes proyectos, ya que me facturaban mensualmente entre US$60,000 y US$100,000, pero las obras se detuvieron”, concluyó Falcón.