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Cristian Nohemí Castro llegó con su hija de 5 años a una enorme pileta llena de agua que parece de color verde. La mirada no la aparta de algunas botellas de plástico y bolsas de chivería que están flotando.

Esa agua verde y sucia que está a punto de poner en un balde es la misma que usará para bañar a su niña, lavar los trastes y la ropa.

La historia se repite entre unas 79 familias que viven en la comunidad rural de Santa Julia, en El Crucero, un fresco municipio que está a 25 kilómetros de Managua.

Santa Julia está casi en la cima de las montañas más altas de Managua, a 900 metros sobre el nivel del mar, lo que hace difícil que aproximadamente 79 familias de esta comunidad y otras cercanas accedan a agua de calidad.

Pero esta situación va más allá de un asunto de altura.

De acuerdo con un estudio científico recientemente publicado, Nicaragua ha perdido el 40% de disponibilidad de agua debido a la contaminación.

El análisis sobre la calidad del agua en el continente americano, hecho y publicado por la Red Interamericana de Academia de Ciencias, se presentó en 2018 y aborda la situación en 20 países de América, incluyendo a Nicaragua.

El estudio advierte que la difícil situación que viven casi a diario Castro, su hija y otras 78 familias en la comunidad de Santa Julia podría repetirse más y más si en Nicaragua no se toman las acciones para detener la contaminación de las fuentes de agua.

Santa Julia y otras comunidades solo tienen agua potable en sus casas una vez cada ocho días y por muy pocas horas.

Castro asegura que el tiempo y la cantidad de agua a la que accede es muy poca y no le da tiempo de llenar recipientes para almacenar suficiente agua.

“Por eso usamos el agua de la pileta, porque el agua (potable) no nos ajusta para los ocho días”, lamenta.

La coordinadora del estudio para el capítulo de Nicaragua, la doctora Katherine Vammen, directora del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Naturales de la Universidad Centroamericana (UCA), y Erick Sandoval, licenciado en bioanalisis, quien participó en la investigación, explican que la situación está dejando a este país sin agua y la que queda va perdiendo calidad.

Entre sus conclusiones está que Nicaragua llegó a tener 27,059 metros cúbicos de agua al año por habitante, muy por arriba del promedio en Centroamérica.

Sin embargo, en los últimos 20 años los expertos estiman que se perdieron 10,830 metros cúbicos per cápita en disponibilidad de agua.

Por lo tanto, ahora cada poblador nicaragüense tiene acceso cada año a 16,229 metros cúbicos de agua, es decir, un 40% menos.

La disponibilidad de agua perdida por la contaminación equivale a haber tirado cada año un total de 48,036 barriles de agua, con capacidad de 55 galones, ejemplifica Elizabeth Peña, quien también participó en la investigación y es parte del grupo de investigación de ciencias naturales de la UCA.

“Es una gran cantidad de agua desperdiciada”, afirma.

Mala calidad del agua

Por su parte, Vammen explica que a pesar de la pérdida, lo que queda en disponibilidad por ahora es suficiente.

Cristian Nohemi Castroy su hija van a buscar agua a una pileta en la comunidad Santa Julia. Mauricio González/END

Advierte que, en todo caso, es preocupante la cantidad de agua que se desperdicia y la mala calidad de la que está quedando, que se ve afectada por la contaminación.

“Poco a poco la calidad del agua está disminuyendo y, por ende, la cantidad que tenemos para usar” asevera Vammen.

Sandoval dice que la cifra representa una gran pérdida de disponibilidad, aunque agrega que el promedio actual es suficiente para cada habitante.

“La cantidad de agua disponible aún es suficiente, pero algunas fuentes se han secado, principalmente ríos, por el despale, y otras fuentes son afectadas en su calidad por actividades antropogénicas (humanas)”, detalla Sandoval.

Vammen indicó que a pesar de la gran pérdida de disponibilidad de agua, en este momento los nicaragüenses no van a padecer de sed masivamente.

“Si revelamos estos datos es para que no se siga contaminando. No lo hacemos para decir que hay una crisis, sino para proteger las fuentes y parar la deforestación”, señala.

La contaminación ocurre por procesos agrícolas, industriales y sedimentación producto de la deforestación masiva, concluyen los expertos.

Sedimentación

En los últimos años la contaminación por sedimentación se convirtió en uno de los principales contaminantes del agua, alerta Vammen.

Una gran cantidad de basura va a caer al lago de Managua. La contaminación provoca la pérdida de disponibilidad de agua.Oscar Sánchez/END

“En los últimos años ni se mencionaba la sedimentación, se hablaba de contaminantes como plaguicidas, arsénicos, etcétera, pero no nos fijamos mucho en la sedimentación”, aclara la experta.

Vammen indica que la amenaza a la calidad del agua tiene que ver con el cambio de uso del suelo y la deforestación masiva en Nicaragua.

Según el estudio, este país cuenta con 12 acuíferos principales, ubicados en la región del Pacífico, la zona más poblada, y donde se concentran las actividades productivas.

“Nicaragua tiene disponibilidad, pero estamos perdiendo la calidad potable y allí hay que hacer un alto, porque si no, sin decirte cuántos años, vamos a tener afectación por escasez de agua”, sentencia Sandoval.

En la comunidad de Santa Julia, donde vive la familia Castro, existe un proyecto para que los habitantes tengan acceso al agua por más tiempo.

Marcela Piuzzi es la directora de la Fundación Apapachoa, una organización que construye un pozo para aliviar el problema del agua.

Piuzzi explica que al pozo solo le falta una bomba para sacar el líquido, sin embargo, se necesitan más de 50,000 dólares.

El Cocibolca bajo presión

El estudio destaca que el Lago Cocibolca es de los más afectados por la contaminación de sedimentos, producto de la deforestación masiva que hay en su cuenca.

Vammen dice que hace falta poner más atención a este cuerpo de agua.

Revela que durante los estudios para el proyecto del ‘Gran canal interoceánico de Nicaragua’ se hizo la recomendación de hacer un estudio batimétrico, es decir, de la profundidad del lago, con el fin de saber cuál es el volumen actual de agua y conocer cuál es el nivel de sedimentación.

Sandoval sostiene que es necesario hacer un estudio del Cocibolca para saber si sus niveles de agua han bajado.

“El Lago de Nicaragua o Cocibolca se podría convertir en la fuente número uno para las grandes ciudades”, adelanta el experto Sandoval.

Como ejemplo, cita que las ciudades de Juigalpa, en Chontales; San Juan del Sur, en Rivas; y San Carlos, en Río San Juan; ya están usando agua del Lago Cocibolca.

Una niña toma agua potable en una comunidad rural de Estelí. Oscar Sánchez/END

“Hay que hacer más investigación para dar información contundente, lamentablemente el país carece de muchos fondos”, lamenta.

Asimismo, se necesitan estudios sobre los acuíferos, principalmente en la región central y el Caribe, para saber dónde están y qué tan grandes son.

Contaminación irreversible en Lago de Managua

El estudio es pesimista con el futuro del Lago de Managua, que desde hace más de 50 años recibió de forma continua las aguas residuales y de los cauces de la capital.

“La contaminación es irreversible”, sentencia el documento.

Para Vammen, el agua del Lago de Managua ha mejorado su calidad y una de las pruebas es que ya no emite el hedor fétido que se percibía antes en sus costas.

“Eso se ha podido resolver, en parte por la planta de tratamiento de aguas residuales”, indica.

Sin embargo, aclara que el agua no es apta para el contacto directo, puntualmente en las costas donde se concentra la contaminación ni para agua potable.

“La contaminación del Lago de Managua es irreversible no porque sea imposible, sino porque es muy costoso”, dice Vammen.

La experta asegura que la cifra de dinero es muy elevada, algo difícil para la economía del país.

“Es un proyecto que requiere una gran cantidad de energía, no es muy viable”, argumenta.

Las buenas noticias

Pero no todo son malas noticias. Vammen explica que hay proyectos para instalar plantas de tratamiento en centros urbanos que no recibían mucho apoyo en ese sentido.

Menciona que en Santo Tomás, Chontales, se instaló una planta de tratamiento hace un año, también en Acoyapa y en Bluefields (Caribe Sur).

Destaca que el proyecto de la Cooperación Española para hacer un rellenado sanitario ayudó para controlar los desechos sólidos en La Chureca, en las costas del Lago de Managua.

De igual forma, la construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales de Managua también ayudó a este cuerpo de agua a recuperar calidad.

“En lo que hace falta trabajar es en la contaminación por venenos como plaguicidas”, señala.