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Durante muchos años, las tortugas en playa El Astillero, ubicada a 39 kilómetros al norte del casco urbano del municipio de Tola, en Rivas, morían al tragarse las bolsas plásticas que flotaban en el agua y que confundían con algas.

Era una muerte lenta, dolorosa y, para entonces, inevitable por la gran cantidad de basura en playa El Astillero.

Eran los días más difíciles, no solo para las tortugas, sino también para los pobladores, que vivían en una playa que se consideraba un basurero.

Las costas de esta pintoresca playa de aguas tranquilas permanecían atestadas de todo tipo de desechos.

“Era como una pequeña churequita”, cuenta el poblador de la comunidad de El Astillero, Mario Obando, de 63 años.

A inicios de la década del 2000, esta bahía, que divide al departamento de Carazo con Rivas, finalmente empezó a transformarse, aunque el trabajo de limpieza había empezado a finales de los años 80.

El objetivo era que dejara de ser utilizada como basurero clandestino para convertirla en una zona segura para tortugas marinas y en un atractivo destino turístico.

El Astillero ya no es un basurero. Lesber Quintero/END“Esta comunidad que está asentada frente a la bahía de El Astillero era un sector abandonado. En las costas se acumulaban desechos plásticos, envases de lata, botellas de vidrio, palos, ramas y todo lo que arrastraba el río Escalante. La gente que conoció la playa en esos años ahora se asusta al regresar y ver la transformación”, resalta Obando.

Según Obando, a finales de la década de los 80 comenzaron las jornadas de limpieza en las costas, pero asegura que el sitio tomó relevancia cuando comenzaron a llegar más y más extranjeros.

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Para entonces, la limpieza y el cuido del medioambiente eran, literalmente, un asunto de vida o muerte para esta población, porque si no había turistas, no había dinero.

“Con la llegada de extranjeros y el boom del turismo en las zonas costeras de Tola, la playa fue cobrando mayor interés y la comunidad empezó a tomar conciencia del daño ambiental que ocasiona la basura e impulsaron jornadas de limpieza con la Alcaldía de este municipio y otras instituciones”, explica.

Burlas y sacrificio

En este proceso de transformación surgió la organización de mujeres “Tejiendo por la naturaleza”, la cual se dedica a recolectar desechos y bolsas plásticas para utilizarlas como materia prima en la elaboración de artesanías, como bolsos, fajas, carteras y sombreros.

La basura, además de afectar la imagen del balneario, ocasionaba la muerte de tortugas, debido a la gran cantidad de bolsas plásticas que llegaban al mar, indica.Lesber Quintero/ENDJazmina Gurdián Sevilla, de 49 años, coordinadora de este grupo de mujeres, dice que el proyecto “Tejiendo por la Naturaleza” se formalizó en septiembre de 2007, con la finalidad de proteger el medioambiente y evitar las muertes de las tortugas marinas que llegan a desovar entre playa El Astillero y el Refugio de Vida Silvestre de Chacocente.

Precisa que en esos años las costas todavía estaban sucias.

“Las bolsas plásticas eran las que les daban la bienvenida a los visitantes, era algo terrible para los pescadores de la comunidad, porque debido a la acumulación de desechos les era costoso arribar con sus pangas cuando salían del mar”, recuerda.

La basura, además de afectar la imagen del balneario, ocasionaba la muerte de tortugas, debido a la gran cantidad de bolsas plásticas que llegaban al mar, indica.

“Eso se demostró con un estudio realizado por Fauna y Flora Internacional, en el que se encontró que el mayor porcentaje de tortugas que se encontraron muertas era debido a que se asfixiaban al momento de comer bolsas plásticas que confundían con medusas”, detalla.

Rescatar la playa no era fácil. El Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) y el grupo de mujeres “Tejiendo por la Naturaleza” se coordinaron para recolectar las bolsas plásticas para reutilizarlas y sensibilizar a la comunidad respecto al cuidado del medioambiente.

“Al grupo pertenecemos 20 mujeres y al inicio se nos burlaban cuando salíamos a las costas y a la calle a recolectar bolsas y hasta nos bautizaron como las zopilotas, pero nos mantuvimos firmes con la meta de salvar a las tortugas, cuidar el medioambiente y la imagen de nuestras costas de El Astillero y ahora reconocen nuestra labor y hasta somos un punto de referencia en la zona”, explica Gurdián Sevilla.

Para 2016, cuando la organización ya estaba bien establecida, recolectaron 1.2 millones de unidades de bolsas plásticas. Eso representa un récord.

A quienes descubren arrojando basura en las costas, los amonestan con una notificación, y en caso de ser reincidentes, les aplican multas, en coordinación con autoridades del Ministerio de Salud (Minsa).Lesber Quintero/AFPSenelia Sevilla, miembro del grupo de mujeres “Tejiendo por la Naturaleza”, señala que la costa de El Astillero se extiende por más de dos kilómetros y que ahora luce libre de basura.

“Con nuestra labor hemos cambiado a toda la comunidad y semanalmente realizamos limpieza por las calles, zonas costeras y riveras de río Escalante para evitar que en el invierno arrastre la basura a las costas y también le hacemos ver a los pobladores que nos visitan, turistas nacionales y extranjeros, que la playa es la cara de la comunidad y que no debemos ensuciarla”, indica Sevilla.

Pero no solo con buena voluntad han solucionado el problema.

A quienes descubren arrojando basura en las costas, los amonestan con una notificación, y en caso de ser reincidentes, les aplican multas, en coordinación con autoridades del Ministerio de Salud (Minsa).

El Astillero ya no es un basurero.