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A sus 16 años, Andrea anhela volver al aula de clases, lo que se le ha dificultado porque no tiene quien cuide de su pequeña niña, de apenas 11 meses.

“Las clases me parecían aburridas, pero ahora que no puedo ir extraño a mis compañeros. Pensaba que la vida con hijos era diferente, tal vez porque jugaba con muñecos sin imaginar que un niño de verdad es una gran responsabilidad, pero cuando la niña esté más grande mi propósito es estudiar aunque sea los sábados para sacar mi primaria”, compartió la jovencita que forma parte de las 193 de cada 1,000 adolescentes de 15 a 19 años de edad, que cuando salen embarazadas no tienen ningún nivel educativo aprobado, según se refleja en la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2011-2012.

En Nicaragua vive más de medio millón de adolescentes mujeres entre 10 y 19 años, según los datos reflejados en 2007 por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INIDE) y proyectados para el 2019 , y como dato de alarma encontramos que 1 de cada 4 nacimientos en el país, es en adolescentes, edad en la que se supone deberían estar estudiando.

Según la ENDESA 2011-12, cerca de un 50% de las adolescentes embarazadas no vuelven a la escuela cuando se embarazan. Archivo/END

El embarazo adolescente, según la Organización Mundial de la Salud, es aquel que se produce antes de los 20 años.

“Para efectos de atención se han clasificado en grupos básicos que son las mayores de 15 años y las menores de 15 años, dado que tienen un comportamiento diferenciado en cuanto a las condiciones de riesgo del proceso reproductivo”, explica el doctor Carlos Dinarte, ginecólogo especialista en atención a adolescentes.

Peligros

El doctor Dinarte apunta que se ha demostrado que existe un mayor riesgo de mortalidad o morbilidad, para el binomio madre-hijo, cuando la embarazada es una adolescente.

“Se han encontrado condiciones de morir o enfermar en este proceso reproductivo para ambos, de manera que se han encontrado condiciones como el parto prematuro o bajo peso al nacer. Los partos prematuros son el doble que en mujeres adultas, y el doble de la posibilidad de morir de un evento reproductivo y esto se incrementa en las menores de 15 años y está relacionado con la inmadurez del sistema reproductor de la madre, que presentan enfermedades como preeclampsia, eclampsia, restricción de crecimiento intrauterino y prematurez, asociado a una alta tasa de mortalidad materna y perinatal”, apunta el especialista.

En Nicaragua, el 16% de las muertes maternas entre 2016 y 2018 fueron de adolescentes, según el Mapa de Mortalidad Materna del Ministerio de Salud y cabe señalar que antes de los 15 años el riesgo de muerte durante el embarazo, el parto o el puerperio es 4 veces mayor que a los 20 o más años y los hijos tienen 50% más riesgo de muerte neonatal temprana.

En Nicaragua vive más de medio millón de adolescentes mujeres entre 10 y 19 años. Archivo/END

Por otro lado, el doctor Dinarte afirma que después del nacimiento prematuro hay mayor riesgo de enfermar y morir en el caso del bebé y que si en las condiciones psicosociales de la madre existen deficiencias a los cuidados, esto los predispone a enfermar y morir.

“Si bien es cierto la joven desde que inicia la menstruación puede embarazarse, eso no significa que esté capacitada para llevar todo el proceso reproductivo con éxito, debido a la inmadurez del sistema reproductor”, apunta el doctor.

En cuanto al impacto psicológico del embarazo en la adolescente, la actitud varía dependiendo si es menor o mayor de 15, y no se relaciona solo con la inmadurez psicológica y social sino, por cómo se presentó el evento, pues “en menores de 15 años muchas veces el embarazo es producto de violencia o abuso sexuales, y desde esas perspectivas representa una gran carga para la joven que no tiene la plena conciencia de lo que significa este evento”, dijo Dinarte.

Nicaragua tiene la segunda fecundidad adolescente más alta de Latinoamérica y el Caribe (92 de cada 1 mil adolescentes de 15-19 años, según la ENDESA 2011-12) y los nacimientos en menores de 15 años, según registros del INIDE se han incrementado de en un 50% en 2016 respecto al año 2000.

En Nicaragua, el 16% de las muertes maternas entre 2016 y 2018 fueron de adolescentes. Archivo/END

Riesgo de vida

Sin embargo, no solo el niño o la niña a está en riesgo, sino también la madre adolescente, puesto que también el embarazo en la adolescencia implica un impacto en el desarrollo individual de la adolescente, en su familia, la comunidad y la sociedad en su conjunto.

Por ejemplo, según la ENDESA 2011-12, cerca de un 50% de las adolescentes embarazadas no vuelven a la escuela cuando se embarazan, llegan a alcanzar un promedio de escolaridad de 6.6 años solamente, solo el 2.6% logra completar la educación superior, en su vida laboral el porcentaje de ocupación es 8 puntos porcentuales inferior y la informalidad es 11.3 puntos porcentuales mayor a cuando son madres después de los 20 años, datos que impactan directamente en la pobreza, ya que cuando se es madre adolescente, el 39.6% vive en pobreza versus el 16.4% cuando se es madre después de los 20 años; es por ello que se dice que la maternidad adolescente prolonga o perpetúa el círculo de la pobreza.

Se ha demostrado que existe un mayor riesgo de mortalidad o morbilidad, para el binomio madre-hijo, cuando la embarazada es una adolescente. Archivo/END

Qué hay que hacer

El Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), basado en las evidencias internacionales, recomienda que se debe hacer un abordaje intersectorial, a través de intervenciones múltiples, las que deben ser costo-efectivas y basadas en evidencia.

En principio, debe incluir al menos el fortalecimiento de los servicios de salud y la calidad de atención para que respondan a las necesidades de adolescentes, la inclusión de la educación integral de la sexualidad (EIS) en la educación formal (acorde a la edad, inclusiva y multicultural) y su promoción a nivel no formal, el involucramiento de la comunidad y la familia, la eliminación de la violencia basada en género, incluyendo la violencia sexual; pero sobre todo, involucrar a adolescentes como protagonistas de estos procesos.

Recordemos que el 19.5% de la población actual en Nicaragua es adolescente entre 10 - 19 años, y en la medida que reciban una educación de calidad, que incluya EIS, reciban servicios de salud que respondan a sus necesidades, se empoderen y tenga oportunidades, se contribuirá de manera importante al desarrollo del país.