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La política de Estados Unidos hacia Nicaragua se mantendrá después de la renuncia de John Bolton, el asesor de seguridad del presidente Donald Trump, afirma el exembajador de Nicaragua en Washington, Francisco Aguirre Sacasa, quien explica por qué se fue este funcionario poderoso.

¿Le sorprendió la destitución de John Bolton, el asesor de seguridad de trump?

Sí y no. No sabía exactamente cuándo ni cómo sería, pero cuando estuve en Washington el mes pasado, me percaté que Bolton era un “pato renco”, expresión que se usa en Estados Unidos para políticos cuyos días están contados.

¿A qué atribuye la caída de Bolton?

A varios factores. El más importante, que Bolton es ideológicamente un conservador cuya visión del mundo es parecida a la del finado senador de Carolina del Norte, Jesse Helms. Es un halcón activista que favorece acciones beligerantes de Estados Unidos, incluyendo el uso de fuerza para efectuar cambio de regímenes, líderes y países, que él ve como enemigos de Washington. Para Bolton, estos incluyen Cuba, Venezuela y Nicaragua, a los que se refirió como la “troika de la tiranía”. Aunque el presidente Trump maneja una retórica beligerante, en la práctica es más prudente cuando de acción se trata. Y esa tensión entre ellos finalmente estalló, desembocando en la despedida de Bolton.

Usted dice que la salida de Bolton estaba en el ambiente. Explíquenos eso.

Desde hace tiempo le he dado seguimiento a John Bolton en el contexto latinoamericano, y me di cuenta que su posición peligraba después que fracasó el supuesto derrocamiento de Nicolás Maduro, a finales de abril de este año. Recordarás que el Gobierno estadounidense creó expectativas de que las fuerzas armadas venezolanas iban a voltearse a favor de Juan Guaidó y que Maduro se vería obligado a abandonar el Palacio Miraflores (la casa del presidente de Venezuela). Esto no pasó. Cuando Maduro sobrevivió a esa crisis, sabía que alguien tendría que cargar con ese muerto. Y mis fuentes en Washington, ninguna de ellas, por cierto, en la administración, señalaron que ese alguien sería Bolton.

Francisco Aguirre Sacasa, exdiplomático nicaragüense. Oscar Sánchez/END

¿Para usted, Venezuela es la causa de la caída de Bolton?

En parte sí. Pero, entiendo que Bolton y el presidente Trump también tenían contradicciones en cuanto al manejo de otros frentes como Corea del Norte, Irán y Afganistán. En cada uno de estos casos, Bolton abogaba por una política de línea dura mientras que Trump y otros de sus asesores favorecían una postura más flexible, menos ideológica. Otra cosa que apuntaba a que el final de Bolton se acercaba, era su creciente ausencia del círculo más cercano del presidente Trump; y conforme a la política palaciega en todas las partes del mundo, su distanciamiento del presidente mostraba que su estrella estaba cayendo rápidamente.

John Bolton. AFP/END

¿Cuánto poder tenía Bolton?

Su cargo, el de asesor de Seguridad Nacional, es muy importante; pero el poder que tiene cada titular depende del presidente y del asesor. Por ejemplo, Henry Kissinger fue el asesor de Seguridad Nacional de Richard Nixon; y en asuntos internacionales él era el “macho alfa” de la administración hasta el punto que nadie recuerda quién era el canciller durante su período como asesor de Seguridad Nacional. Ahora bien, Bolton fue el tercer asesor de seguridad nacional del presidente Trump y el que más influencia tuvo. Prueba de esto es que el precio del petróleo bajó al conocerse su despedida, porque los mercados asumen que esto bajaría la presión estadounidense contra Irán y Venezuela. Pero, con influencia se crean roces. Por ejemplo, hace unas semanas renunció como secretaria adjunta para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier. Mis fuentes atribuyeron esto a que ella se sentía excluida por Bolton, de la formación y ejecución de la política de la Casa Blanca para algunos países importantes del hemisferio. Con la renuncia de Bolton, el canciller Pompeo es un claro ganador.

¿Qué significa para Nicaragua la salida de Bolton?

Desde hace algunas semanas estaba notando ciertas cosas curiosas en cuanto a nuestro país concierne. Por ejemplo, tomó 2 meses para que se nombrase la comisión de cinco de la OEA, mandatada en Medellín por los cancilleres. Más extraño aún es que esa comisión todavía no ha solicitado al Gobierno, al menos públicamente, su anuencia para la llegada de la comisión a Nicaragua, para iniciar su labor. Finalmente, nos dimos cuenta que el Gobierno ha reiniciado un diálogo bilateral con la OEA sobre reformas electorales. Me pregunto cuánto de esta actividad se debe a las arenas movedizas en que se encontraba Bolton y su equipo. Siempre he hablado que desde de abril del 2018, Daniel Ortega ha estado jugando a dos factores en el frente internacional; uno es la administración de los tiempos, ha procurado terminar sus 5 años y que las elecciones sean en noviembre del 2021. El segundo, a los imponderables. La caída de Bolton y las consecuencias de esta, son un ejemplo clásico de un imponderable. Hasta que sepamos quién lo reemplazará, qué pasará con su equipo y quién será el próximo secretario adjunto para el Hemisferio Occidental, tendremos más claras las consecuencias de su despedida para Nicaragua y otros países del hemisferio.

John Bolton. AFP/EMD

¿Significa que nada está “escrito en piedra” en Washington, en cuanto a Nicaragua?

Como no. La salida de Bolton no cambia ciertas realidades. Daniel Ortega y su vice siguen sin tener ni un solo amigo en Washington. Ambos partidos en el Congreso, la administración, los medios y las ONG se oponen al Gobierno. Por otro lado, algunos de los funcionarios más cercanos a la línea de Bolton, personas como Mauricio Claver-Carone y Carlos Trujillo, son cercanos a otra potente realidad: los senadores de origen cubano americano como Marcos Rubio, Bob Menéndez y Ted Cruz. Y la postura de estos hacia Nicaragua no está cambiando.