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“El que tiene sed busca el agua, el que tiene hambre busca a los animales”, es la lógica de un cazador de Sabana Grande que forma parte de al menos siete grupos que se dedican a la depredación de la fauna silvestre de la zona aledaña a su comunidad, algo que para los ambientalistas es tan sólo una muestra de lo que pasa a nivel nacional.

Según los lugareños, hace unos 25 años aún se veían venados, monos y tigrillos, pero para los cazadores que no dejaron tomarse fotos ni quisieron dar sus nombres, los animales mencionados sólo los han visto en la televisión o en fotografías.

Sabana Grande está ubicada al sureste de Managua, colinda con fincas agrícolas y semiboscosas. Allí queda la zona del Country Club, San Francisco y Piedra Quemada, siendo La Montañita el lugar preferido de los depredadores del lugar.

Pobreza y depredación

“A veces hay una competencia entre los grupos que no pasan de seis integrantes. No somos más porque a la hora de repartir la ganancia del día no quedaría suficiente para cada uno. Nosotros salimos como tres veces a la semana y recorremos 20 kilómetros. Para regresar satisfechos por lo menos necesitamos ocho iguanas, y mejor si están preñadas, dos zorros y dos conejos”, expresó uno de los depredadores.

Nuestro entrevistado, de 24 años, dijo estar consciente de las especies en peligro y de las temporadas de veda, pero aseguró que él, igual que otros cazadores, es muy pobre y la cacería es parte de su subsistencia, aunque también sirve para una botellita de licor de vez en cuando.

“Si tuviéramos un trabajo fijo sería mejor, pero aquí no hay trabajo. Por eso atrapamos de todo, lo que nos salga en el camino. Hay amigos que ni a las gallinas respetan. La otra vez escarbamos un hoyo buscando garrobos, pero era el nido de una boa. Allá nos fuimos a la Zona Franca y se la vendimos a un chino en 300 córdobas. Ellos se las comen”, narró el depredador de la fauna, mencionando que el valor depende del tipo de animal, el tamaño y cómo lo lleven. Normalmente si está muerto vale 50, si está vivo el precio puede ser de 80 córdobas.

Aseguran no utilizar trampas ni armas, siendo las piedras y palos sus mejores herramientas de cacería, pero a la comunidad llega una veintena de gringos que se van al monte a “tirar” pájaros.

“Sólo para agarrar puntería. Los matan y ahí los dejan. Aquí nadie se los come porque les dan con escopetas”, nos dijo un niño, señalando la esquina donde éstos se reúnen en el barrio, para luego ir de cacería.

Luchando contracorriente

Esta situación es dolorosa para Norma Ruth Fiscella, enfermera nicaragüense que trabaja en Estados Unidos. Ella cuando está en nuestro país trata de salvar a la fauna maltratada por los lugareños de Sabana Grande.

“Aquí –-frente a su casa-- pasan los muchachos y muchos niños con los animales heridos, golpeados, o los traen tiernos porque les han matado a sus madres. A veces se los quito, si no se los compro. Los curo o cuido hasta que pueden valerse por sí mismos y los suelto en zonas alejadas”.

Pero Fiscella no está sola en el salvamento de los animales, tiene un vecinito de 12 años llamado Silvio Aragón que la ayuda. Él nos dice que le da pesar cómo la mayoría de sus amigos maltrata a los animales, porque los animales sienten, y están acabando con la naturaleza y la vida salvaje. Son pensamientos nobles inculcados por su abuelo Carlos.

En estos momentos Fiscella tiene a un par de ardillas machos a las que llamó Chip y Dale, que le llegaron tiernitas. También una tortuga llamada Matilda y otros animales. Ella fue quien logró quitarle a unos niños los cusucos bebés, cuya imagen se publicó en EL NUEVO DIARIO, animalitos huérfanos que entregó al ambientalista Kamilo Lara.

El ambientalista señaló la necesidad no sólo de la imposición de castigos a quienes atenten contra la naturaleza nacional, también de un albergue para animales maltratados, también la urgencia de mayor educación ambiental y proyectos sociales que den trabajo útil a los depredadores, eliminando el factor de pobreza que incide en la extinción de la fauna silvestre.