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La Conferencia Episcopal pidió en un comunicado que se divulga este domingo “soñar con un país reconciliado”, admitió que existe una “crisis de confianza” que afecta todas las relaciones y exhortó a “amar como respuesta al sistema de odio y muerte instalado en Nicaragua”.

“¡Soñemos con un país reconciliado! ¡Soñemos con un país esperanzado!”, dijo la Conferencia Episcopal en su comunicado que se divulga este 15 de septiembre.

Los religiosos sostuvieron que los nicaragüenses deben “soñar” con un país en el que la principal meta sea el crecimiento de las personas y la felicidad de las familias.

“Soñemos con que Nicaragua sea, en verdad, una mesa para todos, también para los que emigran buscando en esta casa nuevos horizontes para su vida; soñemos en un país sin discriminaciones de ninguna especie; soñemos con un país de mano tendida y rostro descubierto; soñemos con un país justo, fraterno y solidario”, dijeron los obispos.

Miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Archivo\END

En su mensaje, sin embargo, admiten que en Nicaragua hay una crisis de confianza en todas las instituciones.

“Una de las razones que están en la raíz de este malestar se debe a una crisis de confianza que se ha transformado en nuestra Nicaragua, en un virus omnipresente que contagia todas las relaciones de nuestra vida, ¡y esto sí que es reprochable! Se desconfía de la autoridad, se desconfía de las instituciones, se desconfía de las buenas intenciones y hasta de la viabilidad de los proyectos propios”, reconocen los obispos.

Es a raíz de esa crisis de desconfianza que la Conferencia Episcopal admite que hay tensión entre las familias, creando barreras.

Para los religiosos es necesario un diálogo, aunque dicen que “se ve interrumpido, coartado, ensombrecido”.

“Y hasta desconfiamos de su factibilidad y eficacia para lograr los acuerdos necesarios [...] ¡Es imposible crecer en desconfianza! ¡Es imposible educar en desconfianza! ¡Es imposible amar con desconfianza! La desconfianza corta la trama del tejido humano y hace que se desplome la viga que sujeta el templo, la nación y el hogar”, lamenta la iglesia Católica.

El llamado a los jóvenes

En su comunicado, la Conferencia Episcopal llama a los jóvenes a ser los protagonistas de la historia, tal y como lo ha pedido el Papa Francisco.

“Animamos a los jóvenes a seguir haciendo sus aportes a la nación, con su estudio y capacitación, con sus energías y anhelos de justicia y libertad con todos los medios no violentos a su alcance. Lo hacemos con palabras del Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Rio de Janeiro: “no se metan en la cola de la historia ¡sean protagonistas! ¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante! ¡Construyan un mundo mejor ¡un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad de solidaridad!”, propusieron los obispos.

En su comunicado de 17 páginas, los obispos resumen su posición en cuatro puntos: Es posible crear una nueva cultura cargada de esperanza; se debe recurrir a la capacidad de amar bajo un sistema de odio; es clave mantener la fe en Dios; y hay tener la capacidad de perdonar a quienes han hecho daño.

“Hoy nuestro país, más que nunca anhela recurrir a esta capacidad de amar como respuesta al sistema de odio y muerte instalado en Nicaragua, que pretende ocultar la acción de Dios”, dijeron los religiosos.

En su comunicado, admiten que “no hay futuro sin memoria” y señalan que durante casi “año y medio de sufrimiento y de dolor que hemos vivido en carne propia la pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, llegó el momento de pronunciar “la palabra de vida y esperanza que reconforta los corazones heridos e ilumina la incertidumbre ante el mal que nos acecha”.

En la introducción de su mensaje, los obispos se preguntan si es posible aportar a las soluciones en un país que sufre una profunda crisis política, social y económica, donde hay desigualdad y exclusión y donde se cierran las puertas a la democracia.

La respuesta que dan es que para solucionar los problemas se requiere de “estructuras justas”, las cuales “son una condición indispensable para una sociedad justa”.

“Pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal”, concluyen.