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LAS MINAS, RAAN

Las principales calles de Siuna resultaron muy estrechas ayer, cuando la población detuvo sus actividades habituales para acompañar hasta su última morada a los mineros que murieron asfixiados el sábado en un pozo del cerro Potosí.

Los féretros iban en camionetas, y poco se veía ante una multitud multiétnica que salió de los 24 barrios del municipio para unirse en la calle central y poder escoltar a las familias de las víctimas y manifestarles sus condolencias y solidaridad.

En Siuna fueron sepultados Miguel Hernández Canales, de 41 años; Celestino Canales Castro, de 35; David Blandón Pérez, de 36; Noel Dávila Vanegas, de 22, y Uriel Blandón Hernández, de 18 años.

David era el progenitor de Uriel y suegro de Noel, motivo por el que sus familias decidieron enterrarlos juntos en una bóveda.

Fabio Gadea Sayman, de 30 años, el otro minero, fue sepultado ayer mismo, pero en Bonanza, de donde era originario.

Inicialmente se informó de siete víctimas, pero confirmamos que son seis, luego de una confusión con dos nombres de una misma persona.

El entierro de los seis mineros se realizó por la mañana, y debido a ello, se suspendieron las clases en Siuna, porque participaron en el sepelio estudiantes de primaria y de secundaria.

Tres familiares de las víctimas de esta tragedia se desmayaron y fueron asistidas inmediatamente, y trasladadas al único centro de salud con camas --“Carlos Centeno”--, donde más tarde se recuperaron.

Ervin Canales, tío de Miguel Hernández y pariente de Celestino Canales, dos de los mineros asfixiados con monóxido de carbono en el fondo de un pozo en el cerro Potosí, aclaró que ni la Policía ni el Ejército, ni otra institución, ayudó a sacar los cuerpos inertes que estaban a una profundidad de 150 pies.

Rescate Municipal no funcionó

Aseguró que quienes ayudaron a rescatar los cadáveres de los güiriseros fueron los otros cinco mineros del mismo colectivo que resultaron seriamente afectados, más otros socios de otros grupos, y que el sistema de rescate municipal no funcionó en este caso.

Esa mañana del sábado 20 de junio, las víctimas achicaban el pozo baldeado a través de mecate, sin embargo, como el trabajo era más complicado y se requería de más tiempo, Noel Dávila decidió llevar una bomba succionadora con motor de gasolina de su propiedad.

La bomba eléctrica fue bajada con tres mineros, la encendieron y comenzaron a sacar el agua para poder extraer con menos dificultas varios sacos de brozas, que contienen partículas de oro.

Sin embargo, después de unos diez minutos, el poco oxígeno que llegaba al fondo del pozo se transformó en monóxido de carbono, emitido por el motor de la bomba succionadora de agua.

La proporción de esa emisión de gas llegó a superar el 30 por ciento, lo que produce asfixia. Los tres primeros mineros cayeron muertos. En su rescate bajaron tres más, pero también murieron por ese mortal tóxico.

Se tuvo que esperar que la gasolina se carburara en su totalidad para disminuir el tóxico, y luego rescatar los seis cadáveres. En Siuna es la primera vez que ocurre un hecho así.

Fue un accidente

El jefe policial en Las Minas, comisionado Manuel García Morales, aseguró que se realizó una exhaustiva investigación de lo ocurrido, confirmando que todo apunta a un accidente.

“Ellos (los güiriseros) siempre trabajan de esa manera. Es necesario hacer una reflexión para evitar ese tipo de tragedias mejorando las formas de trabajo a través de medidas más seguras y preventivas”, recomendó el comisionado García.

La delegada departamental del Ministerio de Educación, Pilar Siles Moreno, pidió para el sector minero artesanal mayor control, regulación, protección y capacitación constante, para evitar situaciones lamentables como la suscitada el fin de semana.


Con la colaboración del comunicador social Ricardo Montoya.