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A un estudiante que tiene la suerte de ver, le basta con los libros “de tinta” y con un par de lapiceros… ¡y a recibir sus clases sin contratiempos! Para un alumno no vidente, la historia es otra.

Por ejemplo, los 25 no videntes que actualmente reciben el Diplomado sobre Masajes Shiatsu, en el Instituto de Estudios Superiores de Medicina Oriental Japón-Nicaragua, Iesmo, de entrada deben “afinar” sus oídos para entender las lecciones, aunque algunos sólo lo hacen con uno, porque han perdido un 50 por ciento de la audición.

“Y eso es complicado, lo que yo hago entonces es repasar las clases en la casa para ir bien”, comenta Mireya Cisne, de 62 años, quien sólo escucha con el oído derecho.

Pero para eso deben grabar las clases. Eso inclusive todos lo hacen, sin excepción. Usan grabadoras automáticas usadas, con las que registran cada palabra que les dice el instructor. “Mi grabadora es viejita, pero ya me está dando el toque (ya graba bien)”, dice entre risas Cisne.

Preguntar cuántos cassettes gastan en ese trajín es una locura a estas alturas, porque muchos han perdido la cuenta en los cuatro meses de estudio que llevan. “Las grabadoras son como amigas de siempre, son necesarias. A nosotros nos pasa como a los periodistas: son nuestro machete, aunque en diferentes circunstancias”, valora la no vidente Guillermina Ortiz.

“La mía, por ejemplo, la tengo desde hace años… me la dio la organización ‘Marisela Toledo’, y me ayuda mucho con Anatomía que es una clase teórica un poco pesadita”, indica.

Costo es de 2 mil dólares por alumno

El segmento, además, cuenta con libros que han sido adaptados al sistema Braille. Se trata de folletos con puntos en alto relieve, que encierran un significado, lo que les permite a ellos leer.

Blanca Verónica Acevedo, una entusiasta alumna del curso, es de las que incluso carga con los libros a mano. “Mire, mire” --dice—“aquí leo: los meridianos del cuerpo”, refiere.

El director general del Iesmo, doctor Alfonso Ortega, comenta que una de las limitantes del curso fue precisamente adaptar la bibliografía para el segmento. “Un grupo de instructores de la universidad tuvo que preparar los libros, traducirlos al Braille y luego darlos a imprimir”, detalla.

En eso, sin embargo, contaron con la ayuda de la organización “Marisela Toledo”, y otros organismos de no videntes de Estelí y Matagalpa. “La impresión llevó mucho dinero. El diplomado, como está estructurado, es caro. Si se midiera económicamente diría que cuesta alrededor de 50 mil dólares”, especifica Ortega.

De manera que impartirle clases a cada estudiante, sale en pesos y centavos, a dos mil dólares según cálculos del doctor.

“La universidad está asumiendo los costos, pero eso, la verdad, no es tan importante como el hecho de ayudar a un sector que lucha por serle útil a la sociedad, y que sólo busca una oportunidad para hacerlo. Nosotros nos sentimos, repito, halagados con poder ayudarles”, agrega el médico.

Shiatsu, lo que más les gusta

El grupo cuenta con dos instructores. Uno de ellos es Toshiharu Yamaki. Él expone que usualmente los no videntes reciben clases de Anatomía y Fisiología entre 12:30 y 1: 00 de la tarde.

El resto de la tarde tienen clases de Shiatsu. “En Anatomía ven el cuerpo humano: los músculos y el funcionamiento del organismo. Ya en Shiatsu aplican esos conocimientos, aplican la técnica. Es decir, los masajes”, afirma.

Y eso es lo que más les gusta a los muchachos: las clases prácticas donde muestran lo mejor que tienen. Al punto que miden el tiempo que se lleva cada uno en los masajes. Algunos lo hacen en 17 minutos, hecho que para los instructores es un tiempo “un poquito corto”. Sin embargo, hay quienes lo hacen por encima de los 20 minutos.

Yamaki, al respecto, refiere que la experiencia con el segmento es “bonita”. “Nunca habíamos trabajado con no videntes, y ha sido grato darles clases. Ellos tienen mucha capacidad y deseos de aprender. Son estudiosos y su discapacidad no los limita, siempre están dispuestos a aprender. Estudian lo que se les dice”, destaca.

Aunque menciona que al inicio les costó un poco enseñarles la técnica de masajes Shiatsu, “porque en un alumno vidente sólo se le dice: toque así, hágale acá, vea esto. Pero con ellos (los no videntes) eso no se puede hacer. Con ellos es distinta la metodología: uno a uno se le tiene que enseñar dónde y cómo presionar con los dedos, pero resulta fácil al mismo tiempo hacerlo porque son bien dedicados”, aclara.

Yamaki enfatiza que esperan ubicar a los no videntes en centros de salud como el “Aldo Chavarría”, una vez que el diplomado finalice. “Ellos son buenos con los masajes, tienen manos bien suaves, tienen manos sensibles y oídos sensibles, todo lo pueden hacer”, asegura.

A la fecha, las autoridades del Iesmo no han hablado con el Ministerio de Salud, Minsa, sobre la posibilidad de darle trabajo al grupo. Sin embargo, Yamaki cree que eso no será problema porque “tenemos un convenio con el Ministerio, y sí podría ser posible ubicarlos”, razona.

Algunos no videntes concuerdan, sin embargo, en que si no es posible lograrlo prevén trabajar desde su casa o bien asociarse con otros compañeros del curso para “montar” una “empresita” de masaje Shiatsu.

Otros no descartan dar clases. No obstante, para eso tendrían que recibir otro curso que los “entrenaría” como instructores. Algo que, al parecer, están dispuestos a materializar las autoridades del Iesmo.

Literalmente Shiatsu significa “presión con los dedos”, aunque el masaje se puede aplicar de diversas formas, haciendo presión con los pulgares, con la palma extendida, los antebrazos, codos, rodillas y pies, haciéndolo una experiencia única para el receptor y para el practicante.

“El Shiatsu ayuda a aliviar todo tipo de dolor, quita el estrés y ayuda hasta con los problemas digestivos, entre otras cosas”, resume Yamaki.