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Tres colombianos encabezan el grupo de siete plagiarios que desde el pasado lunes mantienen secuestrado al estudiante universitario Walter Mendoza Rojas, aseguró una fuente policial vinculada con las investigaciones.

Los otros cuatro miembros de la banda son nicaragüenses, aseguró el informante que exigió el anonimato.

La misma fuente indicó que el móvil del plagio perpetrado contra el universitario es culpa de un pariente, quien “se quedó” con un cargamento de 79 kilos de cocaína.

De acuerdo con la información extraoficial, el familiar del plagiado en cautiverio debía entregar el cargamento de droga en Masaya, pero incumplió.

El supuesto narco que no rindió cuentas del cargamento de 79 kilos, es un hombre de 32 años, a quien durante todo el día y parte de la noche la Policía buscó en distintas partes de forma infructuosa.

Hasta el cierre de la presente edición, la comisionada mayor Vilma Reyes, vocera de la Policía Nacional, dijo que las investigaciones continúan.

¿No es el primero?

Al menos tres de los 94 lectores que escribieron a la página web de EL NUEVO DIARIO, aseguraron conocer de otros secuestros en la capital, pero que no han sido conocidos por las autoridades porque los familiares de los plagiados han preferido pagar el dinero exigido y guardar silencio.

Uno de los lectores aseguró que hace dos semanas en el parqueo de una librería capitalina, ubicada en el “corazón” del nuevo centro comercial de la capital, hubo un plagio, por el cual los parientes de la víctima pagaron 27 mil dólares como botín a los secuestradores.

Otro lector, en un correo electrónico, afirmó que cerca del puente a desnivel de “Portezuelo”, otra persona fue secuestrada, y por su libertad sus familiares pagaron 30 mil dólares.

En este caso, al igual que en el del estudiante universitario, la camioneta en que viajaba la víctima fue encontrada cerca del puente El Edén.

Otra testigo presencial

Una joven estudiante de Derecho de la UAM, quien prefirió el anonimato, fue testigo ocular del secuestro y nos relató cómo sucedieron los hechos.

La joven cuenta que faltaban diez minutos para puntualizar las siete de la mañana del lunes, cuando ella se dirigía a la universidad en un vehículo conducido por su papá, y que antes de llegar a la aguja situada frente a la universidad, una camioneta Mitsubishi Montero, azul, aventajó a los vehículos y detuvo la fila.

De la camioneta, que no llevaba placas, se bajaron dos hombres vestidos de policías, los cuales portaban armas, y uno de ellos detuvo el tráfico, mientras el otro se dispuso a sacar a Mendoza, quien viajaba en un Toyota Corolla, plateado.

“Estábamos cerca de la aguja cuando se bajaron y comenzaron a parar el tráfico. Sólo vimos cuando bajaron al muchacho chineado, pero él (Walter) no gritó ni forcejeó, y lo montaron a la camioneta… luego dieron la vuelta y se fueron”, comentó la estudiante, quien aseguró que Mendoza iba como pasajero en el vehículo, y quien conducía el auto no hizo absolutamente nada.

“Otro muchacho, un poco más adulto, le venía manejando… y se quedó como si nada. Luego todos los carros pasamos y nadie sospechó, porque el muchacho (Walter) no se opuso al arresto”, manifestó la estudiante, quien recuerda que al irse la camioneta de los asaltantes, todos los carros avanzaron sin problema, y observó al conductor que viajaba con Mendoza sacar su celular y hacer una llamada.

También recuerda que el conductor del plagiado no tenía pinta de estudiante, y describe al supuesto policía que los detuvo como “un hombre chaparrito moreno, cejudo, y el otro era blanquito y delgado”.

Según los estudiantes, el asalto pudo efectuarse por los recursos económicos con los que cuenta su familia y por una presunta vinculación al narcotráfico de parte del hermano de la víctima.

Los estudiantes se muestran preocupados por el acontecimiento, y urgen a la Policía Nacional que esclarezca lo sucedido.

A las preocupaciones de los alumnos se suman la de los padres de familia con estudiantes en esa universidad, como lo expresa una lectora de la página web de EL NUEVO DIARIO.

Según la señora que se identifica como “madre preocupada”, en la UAM han ocurrido otros hechos delictivos como el chapeo de vehículos en los parqueos, sin que nadie los esclarezca.

UAM: “No sabemos nada”

En las afueras de la universidad, Carolina Castro, Directora de Mercadeo y Admisiones de la UAM, dijo a los periodistas --a quienes se les impidió el ingreso a la universidad-- que la información sobre el caso se elaboró con base en lo expresado por los estudiantes y lo difundido en los medios de comunicación.

“Hasta el momento no ha venido ningún padre de familia, ni la Policía ni nadie, entonces no podemos dar nuestra versión oficial”, manifestó Castro, quien argumentó que de haberse dado el hecho, no ocurrió en los predios de la UAM, por la seguridad del local, pues hubiesen observado el secuestro.

La Directora de Admisiones declaró que en horas de la tarde de ayer habría una conferencia de prensa en la que darían a conocer su posición oficial, pero al cierre de esta edición no se habían referido al tema.

La UAM informó que comenzaron a desplegar guardas de seguridad en los 100 metros de calle que se tiene que recorrer para ingresar al centro de estudios, los cuales no son propiedad de la universidad.