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El secuestro del joven estudiante de la Universidad Americana, cuyo paradero hasta hoy se desconoce, abrió viejas heridas en varias familias nicaragüenses, quienes han sufrido en carne propia el terror y la incertidumbre que provocó el rapto de sus seres queridos.

Es de hacer notar que lo ocurrido en la UAM parece ser uno de los pocos casos que ha trascendido a los medios de comunicación, y, por supuesto, a la Policía Nacional, porque otras fuentes aseguran que han ocurrido más secuestros, pero los familiares y afectados prefirieron no dar parte a las autoridades, por amenazas a la integridad física del plagiado o por llegar a un arreglo para que el chantaje no pasara a más.

Lo más preocupante es que en los casos más emblemáticos de estos secuestros, los criminales actúan uniformados de Policías.

El hecho es que la retención de personas hasta hace poco estaba localizado en el área rural, donde las víctimas resultaban ser productores. En los últimos dos años, la delincuencia ha invadido las ciudades, introduciendo una modalidad del crimen organizado que ha dado resultados en otros países como México o Guatemala: los Secuestros Express, muchos de los cuales tampoco llegan a ser denunciados en las estaciones policiales.

Uno de muchos casos
El siguiente, apenas es uno de los casos que conocimos y que iremos dando a conocer.

Virginia es el nombre ficticio de una joven veinteañera, que en 2007 vivió los peores 60 minutos de su vida a manos de tres captores, que luego de haberla retenido la dejaron tirada en un basurero a orillas de la costa del Lago de Managua.

La noticia del secuestro ocurrido el pasado lunes la llenó de pavor, y trajo a su mente el terror que vivió cuando sus captores la retuvieron a punta de pistola, hasta que decidieron dejarla y llevarse la camioneta Toyota Hilux que conducía. Virginia relató a EL NUEVO DIARIO esos fatídicos 60 minutos.

Revivió el terror

Cerca de las 10 de la mañana, la joven llegó hasta el local de El Ranchón, en los alrededores de donde fue la Plaza Julio Martínez. Ahí se encontraría con su novio. Minutos después, cuando se disponía a salir del lugar, un hombre con uniforme de policía se le acercó, y tras la señal de alto, le pidió amablemente que le mostrara sus documentos.

¿Qué hice, señor oficial? Fue la pregunta formulada por la joven, quien de inmediato buscó en un bolso su licencia de conducir, y cuando se disponía a mostrarla al supuesto policía, se encontró con el cañón de una pistola que apuntaba directo hacia su cabeza.

Aparecen más hombres

En cuestión de segundos, frente a la camioneta, los captores colocaron un vehículo azul, impidiendo su avance, el mismo que la joven había visto que la seguía. Del auto se bajó otro sujeto que de inmediato abordó la camioneta, y tomándola del cuello la haló hacia el asiento trasero, donde a punta de pistola la obligó a taparse los ojos y a colocarse en el piso del vehículo.

“Me quitaron todos mis documentos, me arrebataron los celulares y me gritaban que no los mirara”, relató Virginia. La joven no precisa el trayecto que recorrieron por las calles de Managua. Ni siquiera puede deducir los lugares por dónde pasaron.

“Yo creo que se metieron por el barrio 3-80 o por el Jonathan González” asegura, mientras trata de recordar esos fatídicos momentos. “Yo creí que me violarían, ya me veía violada por los tres hombres”, relató.

Terror en la familia

La noticia de su rapto llegó casi de inmediato a sus familiares. La acción fue vista por un amigo de la familia, quien trató de intervenir en el hecho, pero uno de los sujetos lo intimidó con su arma y le exigió que si contaba lo ocurrido, matarían a la joven.

Aun así la noticia se conoció, y con ello dio inicio el terror y la angustia de los familiares, principalmente de su madre. “Eso cambió nuestra vida, fue terrible, nos marcó para siempre”, aseguró Sofía, el nombre con que, por razones de seguridad, se identificará a la madre de la joven plagiada.

“Ellos conocían a la familia, conocían los pormenores de la empresa familiar, nos tenían vigilados”, relató doña Sofía, quien no deja de llenarse de pánico al imaginarse la angustia que viven los familiares del joven universitario secuestrado.

“Fue una situación muy dolorosa. Tuvimos que contratar un conductor escolta, y mi hija ahora se moviliza en un vehículo que no llame la atención; nunca viaja sola”, detalló Sofía.

Pretendieron pedir rescate

“Yo calculo que fueron unos 60 minutos el tiempo que estuve raptada”, explicó Virginia. “Yo les rogaba que no me mataran, que pidieran lo que quisieran, pero que no me hicieran daño”, relató la joven, quien recuerda que su estado emocional era tal, que ni siquiera pudo llorar.

Agregó que sus captores se comunicaban entre sí a través de teléfonos celulares. “Poco después que me agarraron hubo una llamada telefónica, y uno de los hombres contestó: Ya la llevamos”. Explicó que los sujetos le gritaban que les diera los números “pin” de las tarjetas.

Fue una llamada telefónica lo que le hizo volver a la vida. La joven recuerda que hubo una llamada para ver si ya se habían deshecho de ella. “¿Y qué andás haciendo con esa mujer todavía?”, preguntaron a través del celular.

Algo los detuvo
Poco después, el conductor de la camioneta, el hombre vestido de policía, detuvo el vehículo. “Me advirtieron que no dijera nada, que conocían a mi familia”. Entonces, abrieron una de las puertas traseras del vehículo y lanzaron a la joven sobre un basurero.

“No pude identificar el lugar donde estaba. Hasta después me fijé que era la costa del lago”, relata Virginia.

Cambió la vida

Los hombres que raptaron a Virginia se llevaron el vehículo. Hasta hoy nadie, ni la Policía, ha podido ubicarlo. Desapareció totalmente, señaló doña Sofía.

Virginia tuvo que ser sometida a un tratamiento sicológico. Cada vez que ve un auto azul sufre ataques depresivos; lo mismo le ocurría cuando miraba el uniforme policial.

END está convenciendo a personas que fueron secuestradas y liberadas con rescate, para que denuncien lo que les ocurrió y ayudar a prevenir otros plagios.