José Adán Silva
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El sociólogo y analista del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), Javier Meléndez, observó que una serie de hechos se concatenaron en Honduras para dar paso al estallido de la crisis, incluyendo la polémica participación del presidente de Venezuela Hugo Chávez como factor de “desestabilización” en la región.

“Aquí podemos hablar del contexto general: en los países donde se han gestado crisis de gobernabilidad, fragilidad institucional, polarización política y social, conflictos internos por cambios de modelos políticos, se nota una constante: y es que en todos está inmiscuido Venezuela”, dijo Meléndez.

“Es decir, se está dando un proceso de catarsis institucional, donde dos modelos, uno tradicional y otro agresivo, están chocando fuerte, un modelo promovido por Chávez que es agresivo y conflictivo, y otro que es el tradicional que estaba en Honduras y que fue el que estalló”, dijo el sociólogo.

¿Qué debió haber hecho Honduras para evitar la crisis?, se le preguntó al director del Ieepp y este respondió: “Llevar todo por los canales institucionales legales, no debió desde ningún punto de vista involucrar a los militares en esto”, observó.

Según el observador, la mayoría de los sectores sociales y políticos “entendieron y consideraron que la propuesta del presidente hondureño Manuel Zelaya (de habilitar una cuarta urna para una consulta sobre reformas a la Constitución) era inviable políticamente”.

“Y Honduras, que es uno de los países más conservadores políticamente de América Latina, asumió que era inviable, y le advirtió a Zelaya que no funcionaba tratar de imponer por encima de los poderes y de las leyes su consulta, y el presidente continuó”, observó.

Militares y democracia no ligan

“Y el gran error, en el que no deben caer los otros gobiernos que enfrenten una crisis, es usar la fuerza militar para resolver diferencias políticas. Alguien en Honduras usó a los militares, Zelaya trató de manipular a los militares, y una vez que las Fuerzas Armadas reaccionan con la fuerza, se pierde todo indicio de democracia que se basa en el respeto de las instituciones”, dijo.

Observó que había muchas maneras de detener las intenciones del presidente Zelaya sin recurrir a la fuerza, y que en Honduras hay estamentos militares muy arraigados en la cultura política que despertaron ante la amenaza de afectar sus intereses económicos y sociales con una Constituyente que buscaba la reelección de Zelaya.

“El Ejército de Honduras es un cuerpo militar que se ha reformado poco ideológicamente, es un ejército que aparentemente ha pasado por un proceso de transición, pero que es de lejos el menos profesional de la región, hay muchas cúpulas, mucha corrupción, poca transparencia y muchos militares empresarios que se asocian con grupos de poder”.

“Esa fragilidad institucional, la débil institucionalidad profesional del Ejército, alimentada con una visión política tradicional hondureña que se resiste a cambios inesperados de un presidente que se alinea con una cultura política ajena y extraña a la sociedad hondureña, desencadenaron esta debacle de la democracia”, señaló.