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Su gloria fue su maldición. La fama adquirida en los escenarios de boxeo, su imagen idolatrada por medio mundo, su sencillez de pobre y su ingenuidad inocultable que le granjearon el cariño de todo un pueblo, y su pobreza y sus caídas en tiempos del retiro, hicieron que los políticos de turno del país usaran y abusaran de la imagen deportiva del ídolo popular que fue Andrés Alexis Argüello Bohórquez.

Una mirada retrospectiva a la historia de este ídolo nacional, que ayer decidió despedirse del mundo de la manera más trágica, dan cuenta de los sabores y sinsabores que los políticos le provocaron al “muchacho loco” de Sucre Frech.

Ya cuando era una figura de portadas en el mundo y de comentarios exaltadores de su potencia en el ring y sobre su virtuoso trato de caballero a sus oponentes, allá por los años 70, el general Anastasio Somoza Debayle lo atrajo hacia sí por medio de un diputado que apoyaba a Argüello, y con una foto insultante y un nombramiento honorífico, lo marcó de por vida ante las futuras generaciones de políticos que no olvidarían el gesto.

Era 1975 y acaba de ganar su primera corona en noviembre de 1974, al noquear en 13 asaltos al ídolo mexicano Rubén Olivares, para apoderarse del cinturón pluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

“Me utilizaron…”

Comentó Argüello en 1998 ese capítulo a EL NUEVO DIARIO. “Alexis, ¿fuiste Teniente Ad Honorem de la Guardia Nacional de Somoza?”, le preguntó el periodista Edwin Sánchez, y Alexis, entre risas, que sí: “Ad Honorem. Pero mirá, cualquier político puede utilizar para su publicidad a un atleta. Puede hacer cualquier cosa”.

Alexis dijo que en 1975, ya hecho campeón, René Molina lo invitó a una fiesta patronal de Estelí. “Entonces voy a Estelí por el agradecimiento de cómo me trataron... Estando ahí, supuestamente estoy para una fiesta patronal, pero en el 75 Somoza estaba haciendo sus movilizaciones”.

“Me quisieron utilizar. A la hora que miré que estaba Somoza, quise retroceder, pero yo ya estaba listo..., pero tenía la responsabilidad de corresponderle a Estelí por la gente que se había portado bien conmigo”, comentó.

Aquella foto…

“A la hora que eso pasa, llamo al doctor Eduardo Román, mi apoderado, y le digo lo que me pasaba, pero ya era tarde”, anotó Alexis. Al día siguiente quedó marcado.

No fue su única participación en política, pero ahí comenzó un estigma histórico. Argüello fue posteriormente nombrado teniente honorífico de la Guardia Nacional.

Su padrino y apoderado legal era Eduardo Román Tiffer, alto funcionario de Enaluf y persona de confianza del general Somoza Debayle.

Román Tiffer estuvo en la Academia Militar de Nicaragua y mantenía excelentes relaciones con los oficiales de la promoción de la que hubiera formado parte, si no decide cambiar de carrera.

Alexis sospechoso

Para 1975, cuando se inauguró el Centro Comercial Nejapa, el apoderado legal de Alexis Argüello puso un negocio de venta de equipos de oficinas, principalmente máquinas de escribir, mimeógrafos, muebles metálicos, etc. Emimpo era su nombre.

Alexis Argüello continuó con sus progresos y conquista de nuevas victorias en el mundo del boxeo profesional, conservando siempre como apoderado legal al doctor Eduardo Román Tiffer, el que también seguía trabajando en Enaluf.

Un día se denunció un robo en las oficinas del negocio. El almacén había sido saqueado de casi toda la mercadería que tenía en existencia.

La Unidad de Investigación de la Policía Nacional investigó todo lo relacionado con este robo, pero también lo hizo el personal de la Oficina de Seguridad Nacional. Las conclusiones del informe indicaron que había sospechas de que se trataba de un auto-robo con la finalidad de entregar máquinas de escribir y mimeógrafos, entre otros equipos, a las células urbanas clandestinas del FSLN.

Bajo pesquisas de la OSN

A partir de ese momento, Román Tiffer y Argüello perdieron la confianza del general Somoza Debayle, por lo que el primero fue retirado de su cargo en Enaluf, y al segundo lo empezaron a investigar.

Según se supo después, fue el apoderado legal de Alexis Argüello, el que lo reclutó para usar la bandera del FSLN, bajo la responsabilidad de William Ramírez.

Poco antes de la renuncia de Somoza Debayle a la Presidencia de la República, Alexis Argüello subió al ring con la bandera del FSLN, acompañado de su inefable apoderado legal, Eduardo Román Tiffer.

Aunque eso molestó a Somoza, no pudo congraciarse con los sandinistas, quienes en su llegada al poder en 1979 confiscaron los bienes del boxeador, incluyendo una mansión en residencial Las Colinas, en Managua.

Edgar Tijerino, amigo de Alexis, lo fue a buscar a Venezuela para negociar el regreso de sus bienes por parte del gobierno sandinista. Alexis pidió que se los pagaran, pero el arreglo no se logró y el campeón no regresó al país.

Una derrota de Alexis a inicios de los años 80 contra Aaron Pryor, en la búsqueda de la cuarta corona, fue titulada por EL NUEVO DIARIO “KO a la Contra”.

El Contra

Argüello se declaró Contra entonces, y apareció apoyando a la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), de Edén Pastora, hecho del cual quedó una fotografía a colores donde Argüello aparece vestido de militar junto a un barbudo Edén Pastora.

Alexis regresó del exilio en los años 90, y trató de recuperar sus propiedades, pero fue víctima de la frialdad de los gobiernos liberales de Violeta Chamorro y Arnoldo Alemán, quienes hicieron poco por ayudarle en sus gestiones, según denunció el propio atleta en una ocasión en que salió de un programa de rehabilitación.

“Me vieron como gato, como perro con sarna, como ya no era campeón…”, dijo a los medios Alexis, sin perder la risa, y agradeciendo a Pedro Solórzano, quien era su enlace para recuperar sus bienes.

En 1994, cuando se conmemoraban los 20 años de su primer título mundial, Argüello prometió que nunca más se metería en política. “Que me escupan la cara si lo hago”, le dijo al periódico El Semanario, que dirigía Sergio Ramírez. No cumplió su palabra.

La última batalla

En 2001 se unió al FSLN, y tres años más tarde fue electo vicealcalde de Managua para el período 2004-2008. Renunció en 2007, y después el partido lo escogió como candidato a alcalde en las elecciones de 2008 por su popularidad y por el cariño que le profesaba la gente en las calles.

Llegó a la Alcaldía de Managua en medio de los resultados de unas elecciones que fueron denunciadas como fraudulentas por la oposición política y otros sectores como empresarios, religiosos y organizaciones no gubernamentales.

El “campeón”, como le decían en la campaña, no se pronunció nunca sobre las acusaciones al partido que le dio cobijo, y prefirió agradecer a quienes votaron por él. Fueron 232 mil votos, según el Consejo Supremo Electoral.

Lo último que se supo de él, extraoficialmente, es que estaba molestísimo con la decisión del Concejo de alterar la división política de la capital y crear siete distritos que él, como alcalde, no podría administrar. La decisión de su partido, una especie de golpe de Estado técnico a sus facultades, lo golpeó tan fuerte como los puños de Pryor.