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Gioconda Belli rechazó que el Presidente y el partido que dirige en familia cuenten con un consenso más allá del 38 por ciento, que es el porcentaje que lo llevó al poder tras la reformas constitucionales del año 2000. Para ella, mucho se logró en aquellos años, pero ve mucha distancia con los que hoy se concentran en la Plaza de La Fe.

¿Usted considera que el actual gobierno representa una continuidad de la revolución?
Definitivamente que no. La revolución del 79 fue un fenómeno de masas, que se instauró como gobierno mediante el derrocamiento de una dictadura. Fue un verdadero borrón y cuenta nueva para el país. Este gobierno llegó al poder con sólo 38% de apoyo, y sobre bases institucionales que se fueron construyendo desde el 79. El intento de hacer una revolución por decreto de este gobierno es una falacia. Esta revolución es una ficción de la propaganda.

Para establecer la diferencia, ¿qué buscaba esa revolución? ¿Lo consiguió?
La revolución buscaba el fin de la dictadura. Lo consiguió. Buscaba un régimen de justicia social, mayor distribución de la riqueza, alfabetización. Muchas metas se alcanzaron, pero en el camino se perdió la inocencia y la nobleza con que se conquistó el poder en el 79; se perdió la unidad nacional, se generó un estilo inescrupuloso de gobernar que justifica todo en nombre de la retórica de una ideología que la realidad misma se ha encargado de revisar. La inocencia se perdió para siempre y se cambió por un cinismo descarnado.

¿Y en este período qué hace el partido que encabezó aquella revolución?
Me parece que se busca consolidar, a través de prebendas, manipulación y unos cuantos beneficios sociales, una masa votante fiel que le permita a este gobierno la continuidad a cualquier costo.

Muchos dirigentes han hablado en vísperas del 30 aniversario de la revolución de algunos errores. ¿Usted cree que se cometieron?
Se gobernó por imposición más que por consenso. No se apreciaron el valor de la unidad construida alrededor de la lucha contra la dictadura y el potencial que representaba para el progreso del país. Se quiso meter la realidad en la camisa de fuerza de dogmas que probaron ser fallidos. Pero también la oposición tuvo responsabilidades porque se dejó llevar por sus prejuicios e invocó la guerra. Erramos como conjunto, como país.

¿Se repiten esos errores o hay nuevos?

El principal error actual es querer construir un espejismo democrático, mientras en la realidad se asesina la democracia y se manosea la Constitución y el Estado de Derecho.

Hablemos del liderazgo, de quienes toman decisiones. ¿Hay diferencia con el liderazgo del pasado?
Antes había un liderazgo colectivo. Eran nueve, entre ellos varios líderes muy inteligentes. Ahora lo que tenemos es una camarilla de tres: Daniel, Rosario y Arnoldo Alemán. Cada uno tiene su proyecto personal y entre los tres están despedazando la institucionalidad, la gobernabilidad, la democracia y la economía del país.

¿Usted cree que hubo personas que se enriquecieron a la sombra del proyecto revolucionario?
Sí.

¿Cree que en la actualidad el vicio se repite?

Lo que empezó como excepciones contadas con los dedos de la mano, se masificó durante La Piñata y ahora se convirtió en una práctica del partido de Ortega. Ya nadie de ellos tiene autoridad para condenar ese proceder. De ahí que no les importe aliarse con quienes han abusado del erario.

¿Cree que la base social del Frente Sandinista es la misma hoy en comparación con la que tenía en la primera etapa de la revolución?
Algunos compañeros confunden el bien del país con la lealtad a un partido, o son fieles porque no pueden sobrevivir económicamente fuera de las estructuras. Otros son frentistas de herencia, otros están enamorados del legado romántico de la revolución.

Así está compuesto ese 20 por ciento de voto duro. Yo no creo que la base haya crecido en realidad, porque una cosa son las apariencias que se mantienen por conveniencia o temor, y otra el verdadero sentir de cada quien. Ese millón de nuevos militantes, por ejemplo, no me convence. Ese carné es como la “magnífica”, una credencial para asegurar empleo y prebendas.

¿Cuál es la diferencia entre este Frente Sandinista y el de 1979?
El del 79 tenía alma; el de ahora es desalmado.