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  • AFP

La comunidad internacional está decidida a restituir al mandatario depuesto Manuel Zelaya en la presidencia en Honduras, pero dada la fractura política de la sociedad hondureña, la mayoría le augura un retorno al poder muy difícil, por no decir inviable. Todo dependerá de la letra pequeña del acuerdo que pueda alcanzar el mediador, el presidente costarricense Oscar Arias, con el gobierno de facto de Roberto Micheletti para facilitar el regreso del mandatario depuesto a su país, donde la justicia lo acusa de 18 delitos, entre ellos el de traición a la patria.

Diplomáticos extranjeros en Tegucigalpa prevén un "escenario muy complicado" en caso de que Zelaya regrese con su habitual "retórica incendiaria". "La comunidad internacional va a traer a Zelaya aquí, se va a ir de vacaciones tras la misión cumplida y va a dejar una bomba de relojería", por lo que es imprescindible que "cedan las dos partes", afirmó un diplomático que pidió omitir su nombre.

En caso de retorno al poder, Zelaya tendrá que lidiar con un país extremadamente polarizado y con las instituciones a las que se enfrentó durante su gobierno: el Congreso, la Justicia y el Ejército, además del empresariado y de su propia formación, el Partido Liberal, que mayoritariamente le ha dado la espalda.

En estas condiciones, Zelaya "no tendría ningún margen" de maniobra para gobernar, expresó el ex candidato presidencial Juan Ramón Martínez, durante los meses que le quedan hasta entregar el poder, el 27 de enero, al ganador de los comicios presidenciales, el 29 de noviembre. "No podría hacer nada, excepto movilizar a la población para confrontarla con estas instituciones" opositoras, con el argumento que no lo dejarían gobernar, agrega Martínez, quien también es analista político.

Milton Jiménez, ex canciller de Zelaya y hombre de su confianza, indicó desde Guatemala que no cree que vaya a haber conflictos, porque Zelaya ha "accedido" a que para formar un gobierno de "reconciliación" se seleccionen personas que no hayan participado en la ruptura constitucional. De todas formas, Jiménez advierte que hay mucha más gente favorable a Zelaya de lo que los medios de comunicación hondureños han mostrado, siendo en su mayoría favorables al gobierno de Micheletti.

Los sindicatos y organizaciones sociales que apoyaron a Zelaya en su intento de convocar un referéndum para reformar la Constitución y así incluir la reelección presidencial -lo que causó el golpe de Estado-, no están dispuestos a quedarse fuera de un eventual gobierno de unidad nacional, ni a desistir de sus proyectos.

Rafael Alegría, dirigente de la Central Nacional de Trabajadores del Campo y miembro de la delegación de Zelaya en las negociaciones de San José, declaró que un regreso del presidente depuesto serviría para "sentar las bases para un proceso de un desarrollo económico, social, político, democrático en el país" en los meses que le quedan de mandato. En dicho proceso "el pueblo tendría un papel muy importante" en un "diálogo incluyente con todos los sectores, de manera franca, transparente, sincero, y no sólo para los próximos seis meses, sino para sentar las bases para los próximos años", opinó Alegría.

Por su parte, el candidato a la presidencia en las elecciones del 29 de noviembre por el Partido Nacional, gran rival del Liberal, Porfirio Lobo, aboga por un diálogo entre las diferentes fuerzas opuestas en Honduras para "bajar las aguas", porque una "salida forzada" por la comunidad internacional podría causar "un montón de muertos", advirtió.