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El reloj marcaba casi las cinco de la tarde cuando la procesión de Santiago Apóstol se dirigía a la parroquia de su mismo nombre en la ciudad de Nagarote, acompañada por decenas de fieles que asisten con regularidad a las acostumbradas procesiones. En ese momento fue cuando se escuchó a una señora que advertía apresurar el pasó, porque se avecinaba lluvia.

Doña Estela Bonilla acompañaba dicha procesión, y fue una de las que secundó la idea por temor a mojarse, pues observó nubes oscuras provenientes de “la playa”, como llaman los lugareños a las costas del lago Xolotlán, situado cerca de la ciudad.

Después de llegar a la colorida iglesia, los feligreses se disponían a regresar a sus hogares, pero fueron impedidos de hacerlo por una lluvia repentina, acompañada de nubarrones grises que oscurecieron el cielo.

Bonilla cuenta que se alarmó al escuchar a otra señora gritar: “¡La sangre de Cristo! ¿Qué es eso?” De inmediato corrió al costado Este de la iglesia donde desde la puerta todos señalaban hacia la playa, pues veían lo que en un inicio pensaban era fuego.

En la iglesia reinó la histeria colectiva, mientras unos feligreses pidieron rezar ante el temor por aquel fenómeno nunca antes visto. “Fue cuando nos arrodillamos todos, y con rosarios en mano, invocamos a Dios, porque venía hacia nosotros”, dijo la señora.

Alicia Córdoba, quien fue testigo del fenómeno, aseguró que faltaban escasas cuadras para que el tornado llegara a la iglesia, cuando realizó un giro brusco hacia el Sur, donde se ubica el centro de la ciudad.

 
Destrucción a su paso
Don Raúl Pérez, habitante de Nagarote, cuenta que se encontraba en su casa de habitación cerca del parque, cuando escuchó un ruido estrepitoso que lo hizo asomarse a la calle, y observó un fuerte viento que casi arrastraba a las personas.

Luego de cerrar la puerta, su esposa Lilliam Marenco le expresó su temor por el fuerte ventarrón, pues notaba que algunas láminas de zinc se levantaban. “El ruido se fue acercando y el viento era más fuerte, entonces el techo de mi casa se fue en un momento”, agrega Pérez, quien buscó refugio bajo una mesa.

A escasas dos cuadras de donde vive don Raúl, habita Ana María Calderón; en su hogar viven seis adultos y dos niños, estos últimos no podían detener su llanto ante la destrucción parcial de su casa.

“Es un milagro que estemos vivos”, dice nerviosa Calderón, mientras nos muestra sus pertenencias --mojadas--, las cuales guarda en un pequeño cuarto que fue el único que quedó techado en su hogar tras el ciclón.

En los juegos colocados cerca del Estadio, vendía como de costumbre la comerciante Alba Pastora, quien viaja desde León para ganarse sus “realitos”, como ella cuenta. Esa tarde Pastora comenta que estaba inquieta, pues tenía un mal presentimiento. “Yo no quería venir, pero la necesidad me obligó a venirme a  vender”, comenta con tristeza, cuando le pregunto la cantidad que perdió
“Perdí tres mil pesos en venta, pero le doy gracias a Dios que no perdí mi vida”, aseguró Pastora, una de las treinta comerciantes que se vieron afectadas por el tornado, que eligió precisamente ese lugar para culminar su recorrido de destrucción.

Mario José Bonilla es uno de los que ayuda a cargar los restos de los juegos mecánicos, que estaban retorcidos como si hubiesen sido fundidos. “Nosotros nos tuvimos que meter bajo un camión para salvar nuestras vidas, eso fue horrible”, comentó con asombro Bonilla.

Pobladores del lugar manifestaron que el tornado llegó en los días cuando la feligresía católica celebra al santo patrono, como “castigo divino”, porque mezclan la religiosidad con lo pagano.

Acusaciones a las que el alcalde Juan Gabriel Hernández prefirió no referirse, mientras el párroco contó que en horas de la mañana un grupo de evangélicos le culparon del suceso por adorar imágenes.

“No lo tomo como castigo de Dios, porque en ese caso tendría que haber castigo en otros lugares donde se corrompen más las fiestas”, comentó monseñor Benito Pentzke, quien no consideró como castigo el fenómeno natural. “Yo creo más bien que Dios hace las cosas para que reflexionemos”, manifestó el sacerdote.

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