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LAS MANOS, NUEVA SEGOVIA

Al menos en parte ha cumplido Manuel Zelaya Rosales su anunciado retorno a su país. Ayer, a las 2:30 de la tarde marcó unos 10 pasos hacia adentro de su territorio, en Las Manos, donde la comunidad internacional lo reconoce como el presidente legítimo de Honduras.

Minutos antes, estrechó las manos del teniente coronel Luis Recarte, jefe del 16 Batallón de Infantería del Ejército de su país, que comanda a los militares que se mantienen formando una valla en lo ancho de la carretera, a unos 100 metros de donde estaba Zelaya, y fuertemente armados y dotados de escudos metálicos.

Para acercarse al mandatario depuesto, el alto militar primero se despojó de sus grados, de su arma de reglamento, y se quitó el cumbo de su cabeza. Al momento de saludarse, el uniformado lo hizo alzando la mano derecha a altura de la sien, como reconociendo que Zelaya era su jefe supremo en las Fuerzas Armadas.

El militar, bastante esquivo con sus respuestas, dijo antes que no era su facultad detener al presidente depuesto, porque eso correspondía a la Policía. Ésta estaba más retirada y recelosa, observando los movimientos de Mel, quien no paraba en atender llamadas por su celular.

Uno de los oficiales de esta institución que sólo se identificó como inspector Rodríguez, aseguró que tenía en su poder la orden escrita para mostrársela a Zelaya, en el momento de notificársele su arresto. Entre sus pocas palabras, expresó que sería llevado ante un juez para procesarle por los supuestos 18 delitos que cometió en sus funciones ejecutivas, incluido el de “traición a la patria”.

El mandatario arribó al puesto fronterizo conduciendo un Jeep blanco, con placa nicaragüense y llevando a la par al canciller venezolano Ricardo Maduro. Lo recibió un fuerte chubasco que lo obligó junto a la fuerte batería de periodistas, a guarecerse en una de las comiderías de la frontera. También le acuerpaban altos funcionarios de su gobierno, como Patricia Rodas, la canciller.

Se la pasó hablando por teléfono

Eran instantes en que por el espacio aéreo hondureño sobrevolaba un helicóptero de los militares, lo que se interpretó como una acción amedrentadora contra Zelaya de parte del gobierno de facto, o para tomar imágenes sobre la cantidad de gente que le rodeaba.

Luego, se conoció que ese aparato aterrizó cerca de El Paraíso (12 kilómetros de aquí), dispuesto para trasladar a Mel hacia algún lugar del país, luego que le arrestaran en la frontera, lo cual no ocurrió.

Zelaya también atendió llamadas de presidentes de varios países latinoamericanos, como Argentina, Paraguay, Brasil, Venezuela, y del propio Daniel Ortega, de Nicaragua.

En su conferencia que brindó en el empalme de Yalagüina, antes de llegar a Las Manos, Zelaya manifestó que las opciones para entrar a Honduras eran variadas, y que disponía de medios aéreos y terrestres para hacerlo por Guatemala, El Salvador o Nicaragua.

Espera diálogo en la frontera

“Yo pienso hacerlo en forma pacífica (...) porque el pueblo me va a rodear; los soldados van a bajar su rifles, ellos tienen familias también, son buenos hondureños. Los oficiales que no son los que planearon este golpe, tienen derecho a recapacitar, y derecho a pensar más en Honduras que en una cúpula militar, que posiblemente recibió financiamiento para este golpe que está usando al Ejército para reprimir al pueblo”, declaró.

La estadía se tornaba aburrida, mientras algunos periodistas insistían en que afirmara si iba a entrar a Honduras o no. Luego apareció una treintena de partidarios suyos con una bandera hondureña extendida, quienes salieron por un camino paralelo a la frontera y gritaron vivas a Olancho, terruño de Zelaya. El encuentro fue emotivo para Mel, cuando cantó con sus compatriotas el himno de su país.

No dejan llegar a su familia

Al otro lado de la frontera, en Honduras, se produjeron incidentes entre las fuerzas del orden y los manifestantes fieles a Zelaya, mientras a su familia se le impedía acercarse a la frontera para reunirse con él.

La esposa de Zelaya, Xiomara Castro, acompañada de sus hijos, su madre y su suegra, discutió con los efectivos que le cerraron el paso para que les permitiera "acompañar al presidente de todos los hondureños, que le permitan a su familia estar con el presidente", según dijo a Telesur.

"Siento tristeza por lo que está pasando en nuestro país, tristeza de ver cómo los mismos hondureños golpean a otros hondureños", lamentó en diálogo telefónico con la cadena multiestatal.

Hillary: “Imprudencia”

En una de las primeras reacciones internacionales a la tentativa de regreso, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, la calificaba de "imprudente".

"El intento del presidente Zelaya de alcanzar la frontera es imprudente", declaró la jefa de la diplomacia estadounidense en rueda de prensa conjunta con el primer ministro iraquí Nuri al-Maliki.

"No contribuye al esfuerzo general emprendido para restablecer la democracia y el orden constitucional en Honduras", agregó Clinton, que pidió a Zelaya que aceptara las propuestas del mediador, el presidente costarricense Óscar Arias.

La llegada de Zelaya a la frontera fue transmitida por las cadenas internacionales de televisión, pero la prensa hondureña la ignoró y mantuvo su programación regular.

Plan de captura

Hay "un plan estratégico para darle cumplimiento a esa mandada (orden) por el Poder Judicial", declaró el director de la Policía Nacional, comisionado Salomón Escoto, en rueda de prensa en la Casa Presidencial en Tegucigalpa.

Seguidores de Zelaya piden que "entre ya" en Honduras

"Que entre ya", dijeron enojados y decepcionados algunos seguidores del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, quien después de poner un pie brevemente ayer viernes en su país, por primera vez desde el golpe de Estado del 28 de junio, permanecía en lado nicaragüense sin decidirse a dar el paso definitivo.

"Que cruce ya, estamos cansados. Tenemos ya 10 días de estar en esto", se quejaba otro, entre el enfado y la decepción de un pequeño grupo de seguidores que habían burlado los controles de los militares hondureños para penetrar por las montañas en territorio nicaragüense.

"Éste no tiene los h... donde debe", se quejaba delante de una periodista de la AFP.

Algunas decenas de seguidores del presidente caminaron por montañas para burlar los retenes policiales en las carreteras.

Es el caso de joven Karen Alvarado, de 23 años, quien tardó dos días desde su ciudad Colón "sin comer ni dormir" para llegar hasta Las Manos, pasando por montañas para eludir a los retenes policiales.

"Hemos venido para llevarlo allá (a Honduras) y lo vamos a llevar", decía convencida.

La jovencísima Patricia Olivas, una adolescente, aseguraba victoriosa: "Rompimos temores" y "por eso vinimos para apoyarlo".

Un nervioso y dubitativo Zelaya, para desesperación de sus seguidores, que no dejó de hablar por teléfono casi todo el tiempo, vestido a la usanza del campo, con pantalón y chaleco negro y camisa blanca y tocado con su eterno sombrero de vaquero, dejó claro que no quiere "provocar violencia".

“Un momento de soberanía”

"Vine a ejercer un momento de soberanía" y "esto es lo que quiero; dialogar con la gente", dijo, mientras desde el extranjero se multiplicaban las voces para que desistiera de su idea de regresar al país para evitar un baño de sangre.