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Ciudad del Cabo / EL PAÍS

Sólo tienen acceso a ocho medicamentos y a una supervivencia de entre cinco y diez años. Los países pobres viven una situación tremendamente distinta ante el Sida que las naciones ricas. Un problema resaltado en la V Conferencia de la Sociedad Internacional del Sida, que reúne en Ciudad del Cabo a 5,000 delegados, profesionales de la salud y científicos especializados en esta enfermedad.

La ONG Médicos Sin Fronteras denunció el pasado lunes la falta de acceso en los países pobres a medicamentos de segunda generación, lo inadecuado de los de primera y la alarmante falta de fondos provocada por la crisis económica, que supone la suspensión o retraso del tratamiento. Cuatro millones de personas en el mundo siguen tratamiento con antirretrovirales (tres de ellos en países en vías de desarrollo) y son siete millones en total los que deberían recibir medicación inmediata.

“Estamos regresando a la división entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, de hace diez años, cuando luchamos por el acceso a la medicación de primera generación. Necesitamos acceso a los nuevos medicamentos”, explicó Eric Goemaere, coordinador médico de MSF en Sudáfrica.

Goemaere recordó que el virus, mutable, genera resistencias a la medicación de primera línea, y el tratamiento alternativo de segunda generación disponible en los países pobres falla en apenas dos años.

“No tenemos acceso al régimen de tercera generación, que poseen los países desarrollados. Estos pacientes van a morir”, denunció Goemaere. Basa sus datos en el trabajo de MSF en el gueto de Khayelitsha, en Ciudad del Cabo, donde la ONG ha asistido, con el gobierno surafricano, a 12,000 pacientes desde 2001.

Sólo cinco o diez años

“Les dijimos que les acompañaríamos toda la vida con la medicación. La cuestión es, ¿cómo hacerlos vivir más allá de cinco o diez años?” Los medicamentos de primera generación --algunos de los que se usan en los países pobres, han sido abandonados por inadecuados en los países ricos-- cuestan 80 dólares por paciente al año. Los de segunda pueden alcanzar los mil dólares y los de tercera, más de 2,200 dólares.

MSF sugiere la creación de una “olla de patentes”, en las que las compañías farmacéuticas, de forma voluntaria, podrían hacer accesible las fórmulas para las fabricantes de genéricos, que pagarían por la patente.

“Hemos conseguido fondos para luchar contra la gripe A cuando ha sido necesario, hemos conseguido fondos para librar a los bancos de la crisis cuando ha sido necesario. Cuando se lucha en conjunto es posible conseguir no sólo nuevos recursos económicos, sino también nuevos instrumentos”, aseguró también en la conferencia el director del Fondo Global para la lucha contra la malaria, el sida y la tuberculosis, Michel Kazatchine.

Kazatchine recordó que la lucha contra el Sida no se basa únicamente en hallar una vacuna contra la enfermedad (lo que se antoja difícil por el momento) sino en una multiplicidad de factores: “Hace una década, la supervivencia al Sida en los países pobres era nula, y hay que conseguir que éste llegue a los siete millones que lo necesitan cuando los sistemas de salud en los países en vías de desarrollo han llegado ya a su máximo servicio”.

El experto en Sida se mostró muy defraudado por la decisión del G-8, “que no ha cumplido con sus compromisos respecto a salud”, y manifiesta su esperanza de que sea el G-20, con España incluida, “el que muestre liderazgo por un esfuerzo solidario”.

“Tenemos que seguir trabajando en fortalecer los sistemas de salud, trabajar en asociaciones para la provisión de fondos, ver qué acciones han funcionado y dónde, para que otros puedan aprender de ello, y tenemos que seguir expandiendo los sistemas legales y de derechos humanos para evitar el estigma que sigue afectando a los que padecen la enfermedad, con la que no se puede acabar si no se incluyen en los programas nacionales de información y tratamiento a homosexuales y drogadictos”, añadió.

Kazatchkine hacía referencia así a un artículo publicado el pasado lunes en la revista Lancet en la que se recoge una mayor prevalencia de VIH (de hasta diez veces más en determinados países de África Occidental) en hombres homosexuales que en heterosexuales en África, un aspecto largamente sospechado, pero apenas estudiado, en un continente donde la mayoría de sus países criminaliza la homosexualidad.

En la mayoría de las naciones, la lucha contra el Sida se ha centrado en la población heterosexual y en evitar la transmisión de madre a niño, con escasas campañas dirigidas a la población homosexual o a drogadictos.