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El doctor Hernaldo Zúñiga Montenegro conoció al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en circunstancias muy especiales a inicios de los años sesenta, circunstancias vinculadas a los corridos de la revolución mexicana.

Cuando el doctor Chamorro estudiaba leyes en el Distrito Federal de México, entre 1944 y 1948, compartía una pieza con otro estudiante nicaragüense, Claudio Rosales, con quien en sus noches de fiesta, de soledad y de juventud, solían cantar juntos una famosa canción de la época, “Valentina”.

“Valentina, Valentina,/ yo te quisiera decir/ que una pasión me domina/ y es la que me hizo venir”, dice una de sus estrofas, la cual el doctor Zúñiga Montenegro recuerda más de cuarenta años después, desde su casa en Masaya, fértil terreno de las luchas sociales de la Unión Democrática de Liberación, UDEL. “Dicen que por tus amores/la vida me han de quitar,/ no le hace que sean muy diablos/ yo también me sé pelear”, dice el corrido.

Durante un convivio de reencuentro en una quinta de los Rosales en La Barranca, luego de los años de estudio en el exilio --convivio donde se entona la Valentina--, el doctor Zúñiga conoce al doctor Chamorro.

Los decisivos años en México
“Me agradó muchísimo conocerlo. Tenía una virtud muy rara, por cierto, y era que actuaba en todos los ámbitos de su vida de la misma forma en que pensaba”, señala el doctor Zúñiga, quien se encuentra con un Pedro Joaquín que ya había alcanzado una gran madurez personal y profesional, luego de sus años de estudio en México, que fueron trascendentales para su formación política.

El doctor Edmundo Jarquín Calderón, quien llegaría a ser la mano derecha de Pedro Joaquín en UDEL, en los años setenta, enfatiza que los años de Pedro en México lo sensibilizaron alrededor de la lucha por los más desfavorecidos.

Para Mundo Jarquín, los grandes ejes articuladores del pensamiento político de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fueron la lucha por un verdadero Estado de Derecho Democrático, la Libertad de Expresión, los Derechos Humanos y la Justicia Social.

“Pedro es un socialdemócrata que renuncia a su tradición familiar de militar en el Partido Conservador. Esa vertiente socialdemócrata en Pedro proviene de dos impactos: la doctrina social de la Iglesia Católica y la revolución mexicana”, revela su biógrafo, amigo, compañero de luchas y yerno.

Su tesis sobre lo social
No es gratuito, entonces, que la tesis del doctor Chamorro, la cual Jarquín logró obtener para su libro “Pedro Joaquín: ¡Juega!”, haya sido sobre “El Derecho del Trabajo en Nicaragua”, en donde Pedro esboza su compromiso con la Justicia Social: “Toda la vida moderna se orienta hacia la consecución de la Justicia Social”, dice en su tesis aprobada por el licenciado Mario de la Cueva, Director del Seminario de Derecho de la Universidad Autónoma de México.

Cuando regresa al país, Pedro asume la conducción de La Prensa, moderniza el diario, y ya para 1950, rechaza el pacto de los generales entre los caudillos Emiliano Chamorro, conservador, y Anastasio Somoza García, liberal.

“Un hecho desconocido es que Pedro renunció a la tradición política familiar de militar en el Partido Conservador, no a partir de diferencias políticas a principios de los cincuenta, sino a partir de diferencias vinculadas a su compromiso democrático y a su pensamiento socialmente progresista. Pero claro, el pacto de los generales de Emiliano Chamorro con Somoza García, en los cincuenta, lo aleja aún más del Partido Conservador”, recuerda Mundo Jarquín. Se incorporó en 1965, pero sólo para romper posteriormente tras el pacto Agüero-Somoza.

Su amigo Hernaldo Zúñiga recalca que Pedro se caracterizaba por un sentido de rectitud ante la vida, de honestidad política e intelectual, por el respeto a la democracia y por ser amante de los Derechos Humanos.

De la misma manera en que rechazó el pacto de los generales, también rechazó el pacto del doctor Fernando Agüero con Anastasio Somoza Debayle, a mediados de los setenta, sucesores ambos de los mandos políticos en el ala conservadora y liberal. El doctor Zúñiga recuerda un diálogo con Pedro, poco antes de que se conocieran los pactos de Agüero con Somoza Debayle:

-- Agüero va a firmar un pacto con Somoza.

-- No, hombre, Pedro, no va a firmar.
-- Lo va a firmar.
A los días, los hechos daban la razón al doctor Chamorro.

Su incursión en la Generación del 44
Pero la formación política de Pedro Joaquín Chamorro inició mucho antes de su viaje a México, en la llamada Generación del 44, un movimiento estudiantil que salió a las calles en Managua para expresar su oposición a las claras intenciones de Anastasio Somoza García, de reelegirse como presidente para 1947.

Pedro Joaquín cursaba el segundo año de Derecho en la Universidad Central de Managua, y fue uno de los líderes de dicho movimiento.

A su lado estuvieron Francisco Frixione, Rafael Córdova Rivas, César Carter Cantarero y Luis Andara Úbeda, quienes también causaron revuelo dentro de las aulas, desde donde le declararon su lucha definitiva contra la dinastía.

Sesenta y cinco años después, el doctor Luis Andara todavía recuerda esos gritos rebeldes.

“Llegó un momento en que los estudiantes tuvimos que lanzarnos a las calles. Recuerdo que fue el 27 de junio de 1944. Aquello causó un revuelo enorme. Hubo discursos fuertes, y claro, fuimos agredidos por la Guardia Nacional”, relata don Luis a sus 84 años.

Ese día abrió los fuegos el doctor Francisco Frixione, en la Avenida Bolívar, en la esquina de Guerrero Montalván. El doctor Fernando Agüero habló en la universidad. “Otros tantos hablamos en las calles, denunciando a la dictadura y pidiendo acción para terminarla”, cuenta don Luis, como si estuviera en la misma plaza, dictando uno de esos discursos.

“En ese momento, sin ninguna pluma Fuente, firmamos nuestro compromiso con la patria. Se nos metió en la mente, en el corazón y en el alma, la idea de defender a la patria”, asegura.

Según él, esa fue la primera escuela política de Pedro Joaquín Chamorro. Fue cuando “llegamos a comprender lo que era la dictadura para el país y tomamos una determinación: sin tener ninguna directriz, ninguna determinación política, meramente por la patria nos fuimos al sacrificio”.

Los apasionados discursos de los muchachos, tuvieron que ser acallados por la Guardia Nacional. De los capturados ese martes 27 de junio de 1944, 22 jóvenes de la época fueron confinados por la dictadura somocista a Corn Island, los que posteriormente consiguieron su libertad con una amnistía.

Sergio Ramírez: “Un líder político nato”
Para el doctor Sergio Ramírez, el perfil político de Pedro Joaquín Chamorro se esboza por una realidad determinante: no tuvo otra opción más que luchar contra la dinastía. Al ver que los métodos pacíficos para sustituir al represivo régimen somocista eran aplastados y pulverizados con los asesinatos y carceleadas a la población, decidió también buscar la libertad por las armas.

“Si vemos bien su historia, Pedro Joaquín no solamente fue un héroe sin fusil. No fue solamente un líder cívico. Tomó las armas cuando vio que no se permitiría cualquier alternativa de salida democrática a la dictadura”, relata el escritor.

El 4 de abril de 1954 pasaría a la historia como uno de los más funestos para la rebelión. El plan consistía en emboscar al general Anastasio Somoza Garcia en la carretera, en su acostumbrado viaje a Montelimar, cada domingo, tal como después sí sería emboscado Trujillo en República Dominicana.

Adolfo Báez Bone encabezó el grupo que se apostaría en la carretera, para sorprender a la caravana de Somoza esa mañana, Domingo de Resurrección. Pedro Joaquín había insistido que el plan debía de concentrarse en una acción militar en Managua, de manera que desistió de participar. Aun así, llegaría al lugar poco antes del mediodía, como un acto de lealtad.

Sin embargo, el plan se vendría abajo por una nerviosa delación, y porque Somoza jamás pasaría por esa carretera ese día, ya que había decidido ir a la hacienda “Las Mercedes”, en las inmediaciones del aeropuerto internacional, para ver el entrenamiento de unos caballos de carrera que le había regalado el general Juan Domingo Perón de Argentina.

La cacería inició al saberse del complot contra el dictador. Luis Felipe y Adolfo Báez Bone, Rafael Choiseul Praslin, Pablo Leal Rodríguez, Agustín Alfaro, Luis Felipe Gabuardi y Optaciano Morazán, entre otros, fueron detenidos. Varios de ellos asesinados y otros encarcelados.

A Pedro Joaquín lo condenó un Consejo de Guerra a dos años de prisión en las cárceles de La Aviación, actualmente conocidas como el Complejo Policial “Ajax Delgado”.

No sería la única carceleada contra Pedro Joaquín. Tras el ajusticiamiento a tiros de Anastasio Somoza García, el 21 de septiembre de 1956, por el poeta leonés Rigoberto López Pérez, los hijos del dictador iniciaron una nueva cacería política.

Aunque en este hecho Pedro Joaquín no tuvo ningún tipo de participación, la paranoia desatada en ese entonces lo sentenció nuevamente a la prisión. Fue trasladado a las celdas del Primer Batallón en la Loma de Tiscapa y luego al emblemático “cuarto de costura”, donde los opositores del régimen eran cruelmente torturados.

Un nuevo Consejo de Guerra lo condenó por rebelión, y después de seis meses de cárcel fue confinado a la ciudad de San Carlos. De allí se fugó junto con su esposa, Violeta Barrios, y en abril de 1957 pidieron asilo político.

“Él tenía una tradición de lucha, que venía desde el 44 cuando él salía a las calles cuando era adolescente, a protestar contra la dictadura. Siempre estaba en rebeldía, y siempre buscaban cómo meterlo en la cárcel”, continúa Sergio Ramírez.

“Yo cuando veo tantas argucias judiciales que se arman exclusivamente contra las personas, sólo me acuerdo de las argucias judiciales que se armaban con nombre y apellido contra Pedro Joaquín, que siempre tenía un acusador de turno. El último que yo me acuerdo era Cornelio Hüeck”.

Ramírez enfatiza que “todos los tribunales de la justicia del país estaban en función de la voluntad de Somoza. Lo que Somoza decía era lo que se decidía”.

La travesía en Olama y Mollejones
En junio de 1959, Pedro Joaquín Chamorro regresaría desde Costa Rica a Nicaragua, pero como organizador y jefe civil de un comando de más de 100 exiliados, en su mayoría conservadores, dispuestos a obligar a Somoza a que dejara el poder.

Chamorro y sus seguidores llegaron al llano de Mollejones, primero, y luego al llano de Olama --departamento de Chontales--, en el primer desembarco aerotransportado registrado en el continente americano.

El presidente Luis Somoza, que tuvo conocimiento de la operación jefeada por Pedro Joaquín, intentó llegar a negociaciones con él, pero al no obtener ninguna respuesta positiva, ordenó la represión.

“Bajamos. Anduvimos caminos y andurriales; fuimos perseguidos, bombardeados, ametrallados y atacados por la infantería de la Guardia Nacional, y después de 15 días obligados a rendirnos”, relata el mismo Pedro Joaquín en su libro Diario de un preso.

De todos modos, Pedro estaba dispuesto a todo por liberar a Nicaragua, como si de Valentina se tratara, ya que como dice la canción, “Valentina, Valentina,/ rendido estoy a tus pies,/si me han de matar mañana/que me maten de una vez”.

MAÑANA:
* UDEL, la culminación política-social del sueño pluralista y democrático de Pedro Joaquín