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Solidaridad. Tal vez en ninguna otra escuela del país esta palabra tenga tanto significado para casi tres mil estudiantes. Durante 16 años, el jesuita Manuel Santiago Manzanares se dedicó al mejoramiento del centro, pero sobre todo a la enseñanza para la vida, a través de la construcción de talleres de cocina, costura, belleza, carpintería, mecanografía y computación.

La escuela Solidaridad se encuentra ubicada en La Tejera, uno de los barrios marginales de la capital. La mayoría de sus estudiantes, al terminar la primaria o la secundaria pasaban directamente a ganarse la vida en el populoso Mercado Oriental, debido a la proximidad del lugar, cuenta la directora Salvadora Álvarez.

“Muchos de nuestros alumnos realizan distintas actividades en el mercado, no tenían otra opción en la vida. Hoy salen con un diploma avalado por el Instituto Nicaragüense Tecnológico, Inatec, donde incluso pueden poner su propio negocio, como un salón de belleza, una repostería, o trabajar en instituciones, ya que manejan la computación”, comentó Álvarez.

16 años de labor

“Vine a Nicaragua en 1991 pues me habían designado trabajar en el Instituto Loyola. En el 93 decidí hacer un proyecto social donde los estudiantes se involucraran. Comenzamos ayudando a los estudiantes a mejorar los índices académicos, luego con el apoyo de la fundación Heres, de España, se mejoró parte de las infraestructura del centro”, dijo el jesuita.

Años más tarde, el padre Manzanares creó la Sociedad Nica en España, que apoyó al centro con la construcción de talleres de inserción laboral. Se construyeron más pabellones, un taller de cocina, otro de belleza, carpintería, costura, de mecanografía y computación, además una pequeña biblioteca para los estudiantes del centro Solidaridad.

Ayuda para los niños

La directora Álvarez comentó que desde que el sacerdote Manuel Santiago puso los pies en la humilde escuela, fue con la intención de ayudar a los niños. “Hoy contamos con una matrícula de dos mil 700 estudiantes”, narró la maestra.

Xiomara Urbina comentó que dos de sus hijos se bachilleraron en esta escuela, y el tierno que ahora está en preescolar. También habló de las mejorar que hizo el jesuita, como la instalación de pizarras, la compra de pupitres y el pago de maestros.

“Para los padres sería un honor que esta escuela fuera llamada “Manuel Santiago Manzanares”, ya que gracias a su apoyo esta escuelita ha mejorado, y los estudiantes salen con una carrera técnica”, dijo Urbina.