•  |
  •  |
  • END

MÉXICO / DIARIOS AZTECAS

Un día después de haber sido tratado con honores de Jefe de Estado por el presidente Felipe Calderón, el depuesto mandatario de Honduras, Manuel Zelaya, hizo una declaración que desconcertó a propios y extraños.

En un acto llevado a cabo en el Teatro de la Ciudad, en compañía de líderes de los partidos Revolucionario Democrático, PRD, y de los Trabajadores, PT, Zelaya dijo en referencia explícita a Andrés Manuel López Obrador: “A veces es mejor sentirse presidente, que serlo”.

La información fue referida por la estación W Radio y retomada por el portal de El Economista.

Más tarde el derrocado presidente Zelaya se comunicó a esta redacción para expresar que él da todo su apoyo al presidente Calderón y que cualquier otra versión de sus palabras “es una calumnia”.

Sin embargo, minutos después, en el noticiero de Salvador Camarena, Tercera Emisión de W Radio, Zelaya tras ser confrontado por el conductor de la emisión con la grabación de sus propias palabras, explicó que la frase fue externada ante un auditorio integrado por simpatizantes de la izquierda mexicana, quienes aplaudieron las mencionadas palabras de solidaridad para el político tabasqueño.

Una expresión folclórica

“Fue en un ambiente que era del PRD, del PT, son partidos, entiendo yo, opositores al régimen oficial y yo traté de explicar mi relación con el presidente Calderón, aunque ellos silbaban, yo traté de hacerlo porque estoy invitado aquí por el Presidente y era necesario manifestar especialmente mi respeto hacia él”, dijo.

La frase, agregó Zelaya, ya es una expresión folclórica de la política latinoamericana y fue creada en referencia a un candidato a la presidencia de Perú, Raúl Haya de la Torre, quien en seis ocasiones intentó ser mandatario de ese país y nunca pudo lograr su ambición.

Se fue casi sin despedirse y sin que lo despidieran

Vale destacar que Manuel Zelaya salió de México sin despedirse de nadie. Cuando estuvo en el aeropuerto se acercó a una puerta de cristal que lo separaba de la prensa. Era evidente que quería hacer declaraciones, despedirse. Pero no lo dejaron.

El Estado Mayor Presidencial, que trabaja directamente para el jefe del Poder Ejecutivo de México, no se lo permitió. Con señas, como pudo, tras los cristales, dio a entender a los reporteros que iría a la puerta principal para dialogar, pero el personal de seguridad tampoco lo dejó. Y así, en silencio y sin más gestos, dejó el país.

Antes de su partida, el presidente depuesto de Honduras habló con la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, para negar que hubiese apoyado a “algún ex candidato presidencial”.

“Rechazó de manera contundente dichas declaraciones”, dijo la diplomacia mexicana en un comunicado. Si Zelaya negó lo dicho, no fue suficiente para que le perdonaran lo que el miércoles expresó, en referencia a Andrés Manuel López Obrador, que “a veces es mejor sentirse presidente que serlo”, luego de un acogimiento de dos días del presidente Felipe Calderón.

“Zelaya, reconocido por México como el jefe del gobierno de Honduras, pudo ser acusado de injerencista, porque como se lo escribimos aquí, sí dijo lo que dijo, aunque diga que no lo dijo. Está grabado. Zelaya pudo ser acusado de involucrarse en asuntos internos del país. Pero no fue así: simplemente le dieron un portazo elegante, de cristal, publicó el diario El Universal.