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Hay dos cosas que al amanecer del primero de julio último, Alexis Argüello no pudo hacer. Una era encontrarse con su mentor de siempre y amigo del alma, Eduardo Román, y la otra, finiquitar una decisión que definiría su trabajo al frente de la Alcaldía de Managua.

“La reunión estaba fijada para las 8:00 de la mañana. Sería la primera cosa que haríamos”, confirmó Román en una entrevista que el fin de semana cedió a EL NUEVO DIARIO desde su casa en las cercanías a la Laguna de Apoyo. Román, “amigo del alma” del tricampeón y “mentor de toda la vida”, fue una de las últimas personas en hablarle la víspera del día que su vida se apagó.

Sin embargo, no era la única de las que rodeaban al tricampeón, que se enteró de que Alexis pensaba definir su situación en la silla edilicia en las primeras horas del día que murió. “Estaba molesto por muchas cosas. Lo hablamos en la mañana y en la noche, la última vez que hablé con él”, reitera Román.

Para Román lo que dijo la semana pasada Dora Alejandra, la hija de Argüello, sobre las dudas alrededor de cómo murió su padre, y a lo que se sumó su ex esposa, debe motivar a las autoridades que investigaron el caso y a la misma gente que estuvo con él el día de su muerte, a dar explicaciones contundentes. “Ella (Dora Alejandra) tendrá sus razones, las que yo desconozco, pero hay gente que estuvo con él ese día. Ellos pueden decir más”, recomendó.

Desconfía de todo

Don Eduardo, familiares de Alexis dicen que desconfían de las versiones oficiales de cómo falleció el tricampeón. Usted que estuvo tan cerca, ¿cree lo mismo?
Yo estoy acostumbrado a desconfiar de todo. Cuando me dijeron la forma en que murió me acordé de que muchas veces Alexis, arrinconado por situaciones de la vida y a veces hasta en discusiones conmigo, me amenazaba con hacerlo.

Yo no hablé con nadie de la familia sobre esas circustancias (en que murió). Sí sé que antes hubo discusiones, no sé con quién, no sé si fue con su esposa o con gente de su trabajo, no sé. Sé que él estaba contrariado.

Doctor, cuéntenos sobre lo que ustedes hablaron la víspera de su muerte…
El día antes, él me expuso que no quería ir a un viaje a El Salvador. Me dijo: “Doctor --sin saludo alguno en la mañana-- no quiero ir”. Yo le respondí: si no querés, no tenés que ir.

Le dije que descansara, que lo tomara con calma. Después me fui a mi oficina. A las 11:00 de la mañana lo busqué y ya no lo ví. Ya no estaba en la oficina. Me quedé preocupado porque él estaba molesto. Así lo percibí cuando hablamos.

¿Por ello le habló en la noche?
Sí, por eso yo lo llamé a las 8:00 de la noche. Yo lo llamé. Alexis, le dije cualquier problema que tengás lo vamos a resolver, vamos a buscar una salida elegante. Yo recuerdo que utlicé esa palabra que nunca la uso, pero yo le dije, elegantemente vamos a salir. No se me preocupe más. Las decisiones que vamos a tomar las vamos a tomar bien, mañana en la mañana. A las ocho de la mañana vamos a poner por escrito, correctamente bien, todos los pensamientos que usted tenga.

Yo iba pensando más allá. Eso porque si el quería renunciar (a la Alcaldía de Managua) cualquier otra cosa lo íbamos a hacer bien. Yo quería que lo hiciera bien, bien hecho y que no tomara decisiones equivocadas. Mañana en la mañana vamos a tomar esa decisión, le dije. Lo que usted quiera lo vamos a hacer.

Doctor, ¿pero qué era esa salida elegante? ¿Renunciar? ¿Presionar a quienes lo tenían arrinconado? ¿Denunciar públicamente que no lo dejaban gobernar?
Era difícil saber qué es lo que él quería hacer. Yo lo que proponía era una salida digna de su persona. Se trataba de tomar una decisión sobre cosas que a él le molestaban. Sí era posible que quisiera irse, pero eso no lo sabría sino hasta la mañana siguiente que íbamos a hablar sobre lo que él quería. Lo que haríamos, lo haríamos con calma.

¿Pero usted cree que él estaba decidido a renunciar?

Es difícil imaginar lo que él quería. Sé que estaba molesto, que estaba mal y yo lo único que quería era que lo que iba a hacer lo hiciera bien, no que más tarde se arrepintiera de un paso o hacer algo que en ese momento no era conveniente para él.

La última vez que habló con él estaba molesto aún…

Sí, aún estaba molesto. Yo le escuchaba contrariado. Yo mantenía que discutiríamos el tema y que inteligentemente le buscaríamos una salida. Yo le daba tiempo a él para que también pensara en el mejor camino, creí que reflexionaría esa noche sobre lo que decidiríamos a la mañana siguiente.

No sabía sí, que eso lo había discutido con otra gente también. Sé que lo discutió con su esposa.

Y usted supo con quiénes se había reunido antes, con quiénes discutió el mismo tema pendiente con usted.

No sé. Supe después que lo había hablado con personas cerca de su trabajo.

Doctor, ¿cómo supo de la muerte de Alexis?

Yo recibí una llamada de Francisco López, a las 3:00 de la mañana de ese día. Me llamó a mi casa. Él me dijo: “Doctor, tenemos problemas con Alexis”. Decía mi abuelita que yo tengo un defecto y es que nunca permito que la gente termine de hablar, yo atropellé la conversación de Chico López y le dije: sí ya sé, los conozco. Eso lo vamos a arreglar mañana, en eso quedamos, que lo vamos a ver mañana. No, me dijo él, Alexis está muerto.

Mañana:

* Los recuerdos de aquella madrugada, el ambiente de confusión en la casa del tricampeón y una hija dolida y furibunda: “¡Me lo mataron!”

* Lo que piensa de las dudas sobre el suicidio, los consejos para la viuda y la propuesta que rechazó de Francisco López