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Por segunda ocasión en menos de 30 años Nicaragua se declaró país libre de analfabetismo. Ayer el presidente Daniel Ortega y el Ministerio de Educación informaron que al igual que en agosto de 1980, el país redujo la tasa de iletrados a niveles históricos.

De acuerdo con datos del Mined, leídos por el ministro de Educación, Miguel De Castilla, el país bajó las cifras de analfabetismo del 20.7 por ciento de iletrados a 3.56 por ciento, con la Campaña Nacional de Alfabetización “De Martí a Fidel”, que usa el método “Yo, sí Puedo”, que enseña a leer en 12 semanas de enseñanza. Esas cifras se lograron entre el 1 de julio de 2007 y el 22 de agosto del corriente 2009
Los datos, de acuerdo con el titular del Mined, son certificados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Informes oficiales destacan que en esta ocasión se alfabetizaron a más de 700 mil personas, y el 75 por ciento de esa cifra fueron jóvenes entre 15 y 30 años de edad que quedaron fuera del sistema educativo desde 1990.

De Castilla anunció que el dato oficial de 1.6 millones de personas dentro del sistema educativo es reducido, ya que se necesita educar a 3 millones de personas. Además, detalló que dentro del Plan de Educación a mediano plazo se espera educar a 500 mil niños fuera del sistema educativo y a 500 mil personas más que apenas recibieron educación incompleta de primaria.

La meta, de acuerdo con el funcionario, es que en 2015 todos los actuales alfabetizados culminen estudios de sexto grado y que en 2021 se pueda bachillerar a todos los educados. En el año 2005 el entonces Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos determinó que el 22.08 por ciento del país no podía leer ni escribir.

Honor a un héroe de la alfabetización

El presidente Ortega condecoró con la Orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío”, en el 29 Aniversario de la Primera Cruzada Nacional de Alfabetización, al profesor Orlando Pineda Flores.

Veterano docente que hoy cumple 64 años de edad, el profesor Pineda fue educador en esa primera jornada que inició el 23 de marzo de 1980 y concluyó el 23 de agosto de ese mismo año.

A sus 42 años de impartir clases, Pineda nunca abandonó el sombrero de palma que lo caracteriza y nunca dejó de enseñar. “Ni lo haré mientras tenga vida”, dice este hombre locuaz y apasionado que destila energía viva y transpira emoción cuando habla de aquella primera jornada de educación que redujo la tasa de analfabetismo del 53 por ciento al 12 por ciento.

“Y esas eran las cifras oficiales, pero yo sé, y siempre lo manejaré, que la cifra de nicaragüenses que vivían en la ignorancia, en la oscurana de la cultura, era cercana al 64 por ciento. Era una cosa atroz, como dos tercios del país eran ciegos ante las letras”, dijo emocionado Pineda, horas antes de recibir el reconocimiento presidencial.

El profesor, ahora con el pelo entrecano, y más curtida que nunca la piel, recordó que en 1979 la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional incluyó en su Programa de Gobierno la erradicación del analfabetismo como una de las metas prioritarias de su plan de acción en el sector educativo.

Decía entonces el programa revolucionario de la época: “Se iniciará una Cruzada Nacional de Alfabetización que movilice todos los recursos del país para lograr la total erradicación del analfabetismo”.

Antes, el Estatuto sobre Derechos y Garantías de los Nicaragüenses, promulgado el 21 de agosto de 1979, declaró de interés social la alfabetización y señalaba que la misión era “responsabilidad de todos los nicaragüenses”.

“Nunca una hazaña se parece a otra. Aquello fue una cosa épica. El país entero se unió, como se había unido para botar a Somoza, para subir a las montañas y enseñarles a leer a quienes durante más de 50 años no tuvieron oportunidades de ir a la escuela”, aseguró Pineda.

“Fuimos a miles de lugares, a hogares donde nunca habían visto un lápiz, donde nunca habían visto de cerca un cuaderno y donde no habían oído hablar de letras y números. Era un mundo oscuro en donde miles de personas habían vivido antes de 1979”, recordó el profesor Pineda, quien de manera independiente y autónoma creó en 1990 la Fundación de Educación Popular “Carlos Fonseca Amador” para seguir alfabetizando a personas de escasos recursos económicos. “La Cruzada Nacional de Alfabetización fue el segundo gran movimiento de masas de Nicaragua, después de la lucha armada, con la perspectiva de ser más amplia su base debido al múltiple concurso que había de participar en la ejecución de ese programa social humano y amoroso”, citó, recordando que en aquella fecha más de 115 mil jóvenes entre 14 y 30 años se presentaron voluntarios para enseñar a leer y a escribir a más de 400 mil personas.

“Por primera vez en la historia toda una masa urbana se volcó sobre el campo, como una inmensa capa de luz invadiendo bajareques, chozas, galpones y enramadas. Se dio una comunicación a nivel nacional auspiciada y ejecutada por patriotas, fortalecidos por una filosofía social liberadora de cadenas de ignorancia”, reflexionó Pineda, de sombrero de palma, cotona guayabera gris y broche de militante sandinista a la altura del corazón.

Un uniforme similar se usó para aquella jornada inicial: los brigadistas usaban oficialmente una cotona de color gris; un pantalón de azulón, una boina o sombrero y una escarapela distintiva cosida a cotona donde se leía Cruzada Nacional de Alfabetización Nacional.

Después de seis meses de lecciones en campos, montañas y ciudades, se logró la meta de enseñar a leer y a escribir a 406 mil 056 nicaragüenses, reduciendo entonces la tasa de analfabetismo de un 50.35% a un 12.96%, de la población mayor de diez años. Murieron 59 brigadistas, entre accidentes y asesinatos políticos propios del contexto.

Si bien para el profesor Pineda toda “gesta histórica sólo ocurre una vez en la vida”, con el brillo épico de entonces, esta segunda jornada y sus resultados no son menos brillantes ni menos importantes que aquellos de 1980: “Enseñar a leer y a escribir, ese gesto de amor que es como devolverle la vista al ciego, es un hecho valioso siempre”.

Faltan más desafíos

Para Jorge Mendoza, Director Ejecutivo del Foro de Educación y Desarrollo Humano, la declaración de Nicaragua como país libre de analfabetismo es un paso vital en los planes de la nación para combatir la pobreza y cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero a pesar de ello, estima que aún faltan muchos desafíos que difícilmente se podrán cumplir.

Mendoza reconoció el esfuerzo del gobierno y del Estado de Nicaragua de masificar la enseñanza, pero recuerda que durante 16 años de pasadas administraciones, organismos de la sociedad civil asumieron de manera independiente y con pocos recursos los esfuerzos de educación fuera del sistema estatal.

“Eso incluye, principalmente, a la Fundación ‘Carlos Fonseca Amador’, a las alcaldías municipales de casi todo el país, y a otras organizaciones no gubernamentales que sin muchos recursos estuvieron constantemente enseñando a leer y a escribir, y educando a la gente en materia de derechos humanos, ambiente, derechos reproductivos y otros derechos universales”, señaló Mendoza.

De acuerdo con el investigador educativo, si bien hay un gran progreso social en cuanto el cumplimiento de metas y cifras de alfabetizados, el país puede perder sus avances en materia educativa si no logra articular un programa de seguimiento al programa de alfabetización.

“No basta sólo enseñar a leer y a escribir si no hay un esfuerzo de crear conciencia de seguir estudiando y enseñarles que mediante la formación académica y el esfuerzo se puede combatir la pobreza, pero eso articulado a propuestas integrales de desarrollo económico”, observó.

Según Mendoza, a pesar de que existe una crisis económica reforzada por la crisis política que afecta al país desde las pasadas elecciones municipales de 2008, cuando se denunció un fraude electoral masivo, el gobierno debe hacer más esfuerzos por aumentar los recursos destinados a la educación básica.

“Ahora destinan el 3.7 por ciento del PIB a la educación, pero se necesita el siete por ciento del PIB para poder mejorar las condiciones de vida de los maestros y del alumnado”, dijo, citando algunas cifras que empeñan los esfuerzos actuales de alfabetización.

“Hay 300 mil niños y niñas en la calle que no asisten a clases; hay 492 mil personas fuera del sistema educativo; hay 500 mil personas que recibieron una subeducación de baja calidad, y mientras otros países como Honduras destinan casi 500 dólares por año a la educación, en Nicaragua se destinan menos de 200 dólares anuales por estudiante”, citó Mendoza, quien calificó como aspectos positivos que el país haya logrado invertir un millón de raciones de merienda escolar y 480 mil mochilas escolares a igual números de niños y niñas.

Nicaragua: contexto, cifras y hechos de la educación

Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, en el año 2005 la cifra de analfabetismo alcanzó a más de medio millón de nicaragüenses, de una población que entonces se calculaba en 5.3 millones de habitantes.

Para la campaña “De Martí a Fidel” se contó con más de 54 mil jóvenes voluntarios de todo el país, de los cuales el 95 por ciento son jóvenes menores de 30 años, y cerca del 60 por ciento son mujeres.

Con la campaña el gobierno estaría avanzando indirectamente en tres metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM): la erradicación de la pobreza, cumplir con la enseñanza primaria universal y promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer mediante el acceso al sistema de educación.

Los ODM fueron adoptados en 2000 por los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas, como un compromiso para combatir la pobreza y las desigualdades y mejorar el desarrollo humano en todo el mundo a 2015.

Nicaragua debería llegar a 2015 con una cobertura del 100 por ciento de la educación primaria para cumplir el segundo ODM, partiendo de una base de 75 por ciento de niños matriculados en 1998.

Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en 2006 en Nicaragua la matrícula escolar cubría al 80 por ciento de la niñez, pero por cada diez niños y niñas que ingresaban a primer grado, sólo cuatro lograban egresar de sexto grado.

Este año datos oficiales del Ministerio de Educación y del no gubernamental Foro de Educación y Desarrollo Humano indican que 500 mil niños y niñas quedaron fuera del sistema educativo.

Unos 200,000 niños y niñas en edad escolar habían descontinuado el ciclo escolar, y 500,000 no se matricularon en 2009. El Ministerio de Educación reconoció que no cuenta con suficientes escuelas públicas ni plazas de educadores.

La institución reconoció un déficit nacional de 57 por ciento en las instalaciones educativas. De las 27,854 aulas en existencia, 12,181 se encuentran en buen estado. Y de 10,000 plazas de maestras que se requerirían para este año, apenas fueron contratadas 2,500.

Nicaragua tiene una población de 5.7 millones de personas, y el 47 por ciento vive en la pobreza con menos de dos dólares al día. Es el país más pobre de América Central y uno de los más paupérrimos de América.