•  |
  •  |
  • AFP

"Con el gobierno sandinista hemos retrocedido, porque la situación económica está más dura, los salarios están igual de bajos", se lamenta Guadalupe Salazar cuyo salario asciende a 110 dólares al mes.

Salazar no es la única que hace este balance al celebrarse el primer aniversario del gobierno del sandinista Daniel Ortega.

"Estamos hechos mierda, porque el primer año de gobierno de este jodido es un desastre, pasa diciendo que el pueblo manda, que es un gobierno de los pobres, es un cascarudo, sólo en su jeta las cosas están bien", arremetió Santos Amador, un jubilado de 62 años del barrio pobre 380, alias de batalla de un líder de la ex contra.

El barrio 380 está habitado en su mayoría por campesinos que emigraron del campo y familias de ex combatientes de la desaparecida contrarrevolución que lucharon en los años 80 contra el gobierno revolucionario que dirigió Ortega, que retornó al poder hace un año con la promesa de gobernar mejor y en paz.

No obstante, el descontento con el gobierno también se percibe en barrios como el Reparto Shick que eran considerados bastiones del sandinismo, donde muchos seguidores del oficialismo dicen que están "igual" de pobres que antes. Félix, por ejemplo, es un sandinista que apoyó la campaña de Ortega. Este primer año del regreso del líder sandinista al poder ha sido duro porque el gobierno lo despidió de la empresa estatal "Correos de Nicaragua" y tardó mucho tiempo en encontrar un puesto de vigilante con menos salario.

No hay trabajo y todo está caro
"Para nosotros también ha sido duro económicamente porque no hay trabajo y todo está más caro", dice Ramón Salgado, un habitante del mismo barrio que afirma que la gente se las ingenia para comer vendiendo "aunque sea agua helada" en las calurosas calles.

La inflación, en el primer año de gobierno de Ortega, rondará el 16%, frente al 9,5% del año anterior, pese a la meta del gobierno de reducirla al 7,5%.

En los primeros meses de su mandato, Ortega realizó una restructuración en todas las instituciones públicas y ministerios, que acabó con entre cuatro mil y siete mil empleados en la calle, incluido personal médico de hospitales.

La gente resiente la falta de trabajo, los altos precios de alimentos y el incremento de las tarifas de agua potable y luz, obligando a mucha gente a buscar trabajo en el extranjero, en particular en Costa Rica, como demuestran los miles de nicaragüenses que hacen diariamente colas ante sus consulados.

Ni siquiera los más fieles se creen los eslóganes de los carteles que empapelan la ciudad con fotos de Ortega en los que proclama "¡Arriba los pobres del mundo!" o los avisos leídos por la influyente primera dama, Rosario Murillo: "Ahora sí tenemos esperanzas, porque juntos construimos la nueva sociedad".

"¿Qué esperanza?", se pregunta Juana Estrada, a quien los sandinistas le quitaron la farmacia que tenía en la casa comunal de su barrio, porque no simpatizaba con el gobierno. "Aquí ya no tenemos esperanza", zanja.

"Yo no veo bien eso, porque la farmacia era de la comunidad", comenta resignada sentada en su casa de siete miembros que depende de los ingresos de su hijo, operario en una fábrica de zapatos.

Algunos sandinistas como Carlos Hernández defienden los logros del gobierno, como el subsidio al transporte público, el fin de los apagones y el servicio gratuito del sistema público de salud y educación.

"Es cierto", coincide Guadalupe Salazar, que gana 110 dólares como trabajadora en un orfanato estatal, pero agrega que los hospitales "casi nunca tienen los medicamentos" que necesitan los pacientes.