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El pintor Hugo Palma-Ibarra se sentía aturdido, indignado. Apenas podía contener la rabia. Íbamos en automóvil camino a una inauguración de obras en la comarca Chiquilistagua, cuando lo vimos haciendo señas a su asistente sobre una acera, para que contemplara los manchones de pintura aerosol que ayer amanecieron estampados en las paredes del museo-galería “El Águila”, que fundó en 2003, y que conserva la colección de obras de arte que ha recogido en los últimos 25 años.

Nos aparcamos a un lado de la calle, cerca de las inmediaciones del hospital “Fernando Vélez Paiz” y nos acercamos a platicar con él.

“Esto está pasando todos los límites de la decencia, de la convivencia; sobre todo porque es propiedad privada, y aunque fuera otro tipo de propiedad, es una salvajada lo que está haciendo esta gente. Es una barbarie”, reprochó.

El alto muro exterior de cemento detrás del cual se resguardan esculturas, pinturas, dibujos, fotografías, piezas pictóricas de la época colonial, una colección de cerámica prehispánica, así como piezas del propio Palma-Ibarra, fue escogido como espléndido mural para hacer propaganda para el gobierno del presidente Daniel Ortega.

Se trata de la nueva moda estética en Managua, emprendida por la llamada Juventud Sandinista.

Los ministerios irreconocibles

Uno de los edificios más “retocados” con este nuevo estilo urbanístico de crudos e irregulares trazos negros y rojos sobre las paredes antes limpias, privadas o públicas, es el Ministerio del Trabajo, con pintas que cubren todo el muro perimetral por el costado noroeste, atrapando la atención de los conductores y peatones que circulan por el lugar.

El Ministerio de Transporte e Infraestructura tampoco se queda atrás y se engalana al mostrar sus “delineadas” y “frescas” frases pro-gobierno en toda su antes discreta y limpia superficie.

Justamente la tarde del martes, la alcaldesa de Managua, Daysi Torres --quien al momento en que el pintor Palma-Ibarra reclamaba y reclamaba, ya se encontraba en Chiquilistagua inaugurando las obras--, había defendido las pintas como “una expresión del pueblo”.

“Vulgaridad sobre vulgaridad”

Pero el artista replicó: “Éste es un museo. No hay derecho de que se ensucie la cultura, de que se ensucie la ciudad”, y agregó que por el rumbo que están tomando las cosas en el país, “no sé qué es lo que va a pasar”.

“Yo quisiera saber que si yo voy a la Alcaldía, por ejemplo, y le hago pintas, no sé qué diría ella. Creo que no le gustaría. Le estoy diciendo a esta señora que no se atreva a decir vulgaridades, que están agregando vulgaridad a vulgaridades”, añadió molesto.

“Yo no soy policía”

Minutos después, ya en la actividad de inauguración, encontramos a la alcaldesa Torres preguntándole a una pobladora de la comarca San José de las Cañadas, en las afueras de Managua, cómo iba la entrega de medicinas del programa Barrio Saludable, que impulsa la municipalidad. Y de paso le transmitimos el mensaje del pintor.

“¿Acaso soy la mamá de ellos o soy la Policía? Dígale al pintor que yo no soy policía para andar siguiendo a los jóvenes que hacen esto, o que hacen lo otro”, respondió tajante la edil.

Se toma un segundo, toma aire de nuevo y añade: “Para eso existe una autoridad aquí. Aquí hay policías, aquí hay juzgados, adonde él debe acudir. ¿El alcalde va a andar siguiendo a los jóvenes en las calles para que no hagan pintas?”

“Él tiene sus derechos y los jóvenes tienen sus derechos, y yo no me voy a inmiscuir en los derechos del uno y los derechos del otro”, concluyó Torres, a tiempo para anunciarles a los pobladores del lugar que ya terminó la construcción de cuatro rampas en la zona.

Lo mismo había hecho en Chiquilistagua, el anuncio de otras cuatro rampas concluidas, y en donde igualmente les recordó a los pobladores la importancia de participar en la “gran consulta popular” para definir el presupuesto y programa de obras de 2010, que arrancó ayer mismo en el Distrito VI.