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El general en retiro Humberto Ortega dice estar claro de ser una figura polémica en el entarimado de las discusiones políticas locales, y sabe, a conciencia, que de uno y otro lado de la polarización política que azota a dos bandos a Nicaragua, a él se le desmenuzará con precisión quirúrgica lo que diga.

Y aun con ello, no tiene empacho en decir, con ese su estilo teórico que recuerda las viejas enseñanzas de la escuela marxista, que la crisis nacional que agobia a la Nicaragua de hoy tiene sus raíces en la Nicaragua de ayer, y que el origen de nuestra desgracia de país está, de acuerdo con su criterio textual, en esa antigua inmadurez política que se expresa atrozmente en las ambiciones de usar a las instituciones públicas al servicio de sus intereses políticos y personales.

“Error de firmeza”

El general retirado, hermano de sangre del presidente Daniel Ortega, reconoce la situación difícil que atraviesa en la actualidad la institución policial, y aunque le otorga un voto de confianza, reconoce que ese cuerpo de seguridad civil ha cometido “un error de firmeza” ante el Poder Político, porque ha renunciado a cumplir su rol de garantizar los derechos constitucionales de los nicaragüenses a manifestarse.

“Sería injusto condenar a la Policía si analizamos los últimos cinco años, con investigación profesional, cuál es el deber y haber de su comportamiento”, abre su análisis Ortega, “pero no se puede perder de vista que le ha faltado hacer cumplir el mandato que legalmente tiene”.

A su criterio, no es definitivo el hecho de que en este momento la Policía aparezca muy criticada por no jugar su papel como institución, poniendo el orden de acuerdo con su obligación, pero respetando el derecho a manifestación política de cada cual.

“Realmente, esta frontera no es tan sencilla, y más cuando el tipo de presencia política en las calles está altamente polarizada por la situación que ya sabemos que hay en el país. En ese sentido, pienso yo que a la par de la maduración del Ejército y de la Policía, creo que la clase política y los partidos, con sus dirigentes y el Poder en general, tienen que potenciar las esferas de funcionamiento de instituciones que han ido madurando”, señala Ortega, quien achaca la responsabilidad del deterioro de las instituciones a las fuerzas políticas.

“Objetivamente, aquí han venido madurando una serie de instituciones que no se ven, ¿por qué? Porque es tanta la politización y negarse el uno para el otro, que no se ve cómo hay instituciones técnicas en Nicaragua que hace 20 años no teníamos ni idea de que pudieran ser posibles, y ahora son posibles, por ejemplo, el caso del Ineter, de las universidades y de sus centro de investigaciones, en fin, hay una serie de instituciones que se pueden potenciar, pero en cambio, retrasamos ese esfuerzo por asuntos políticos”, dice el más poderoso General de Ejército de los últimos 30 años de historia.

Los déficit de los partidos y los personalismos de los líderes
A su criterio, el deterioro de algunas instituciones claves para fortalecer el Estado de Derecho en Nicaragua es el reflejo de la inmadurez de los partidos políticos.

“Los partidos siguen teniendo un déficit muy marcado en cuanto al ejercicio de su vida interna democrática, eso es un problema muy serio que hace que se fortalezcan las actitudes y estilos, muy marcadamente personalistas de las jefaturas de esos partidos, por encima del sentido de equipo, que debe privar dentro y fuera de los partidos, y reflejarse en las instituciones, porque son los partidos quienes, al fin y al cabo, ponen a los que manejan esas instituciones”, reflexiona Ortega.

¿Dónde está el problema? Se pregunta el general Ortega. Él mismo responde: “El problema está en el establecimiento del Poder, principalmente del político y del económico”.

“Un elemento vertebral para alcanzar la estabilidad nacional es la estabilidad política, y aquí tenemos un problema que no está conceptualmente definido como tiene que ser, pero la realidad es que todos alcanzamos, con el desenlace de los 80, una enorme conciencia de la libertad y el ejercicio de la democracia, para vivir mejor que como vivíamos antes”.

Y sostiene que en esa búsqueda de la estabilidad nacional, hay instituciones como el Ejército de Nicaragua que han ido cumpliendo su rol, entre otras de diversas ramas.

¿Qué ocurre con la Policía? Aquí su teoría: “En medio de las dificultades, hay instituciones que han ido madurando, como la Policía Nacional, pero entonces, ¿qué es realmente lo que está frenando que ésta se potencie más? Bueno, que las instituciones están más vinculadas al ejercicio del poder político”, enuncia, y pone de ejemplo a dos de los más cuestionados poderes: el Electoral y el Judicial.

“En este caso, los poderes, y estamos todos claros de que el poder más cuestionados es el Poder Electoral, a pesar de que ese mismo CSE, desde 1989-1990, como fenómeno, ha tenido saltos y se ha modernizado en sus técnicas, aparataje y andamiaje de funcionamiento, pero actualmente, ¿de qué sirve tener esos avances si su credibilidad está muy cuestionada? Lo mismo pasa con la Justicia, que el problema de la justicia en Nicaragua es su partidización”, denuncia.

La Revolución que dio sus frutos quedó atrás

“Aquí hubo una Revolución porque el país no volvió a ser como era antes de 1979, y en 1990, cuando el fin de la guerra, producto de la Revolución y sus efectos, el país no volvió a ser como era antes de 1990, entonces yo tengo un concepto que para mí la Revolución fue una acción nuestra botando a Somoza, y empujando cambios profundos que fueron traumáticos para un sector, que se opuso, y que generó respuestas, reacción a nuestra acción, y la reacción revolucionaria nuestra a esa acción de rechazo, fue la Revolución, que se expresó en una guerra y se manifestó en la violencia y no de manera constructiva”, reflexiona.

“Aminta no tiene que pedir permiso para actuar”

¿Cómo se cuidan los frutos de una democracia, a criterio del hombre que dirigió de un lado una guerra que dejó 50 mil muertos en 10 años? “Con criterio y firmeza de las instituciones”, dice.

“Por ejemplo, si yo soy un policía, y yo veo a un ladrón que se está metiendo a una casa o a un delincuente que está agrediendo a un ciudadano, yo, como policía, no voy a esperar a que me dé la orden Aminta Granera, o que se la dé Daniel que es el Presidente, porque históricamente los presidentes de la República hacen un montón de cosas”, dice.

“Entonces yo no voy a dejar ir a un delincuente sólo porque el Presidente me lo ordena o no me lo ordena, si yo sé que por ley esa es mi obligación, de actuar como policía y poner el orden. Entonces si hay un disturbio en la calle, yo no tengo que estar pidiendo permisos, yo actúo, como militar en mi caso, y luego informo al Presidente que es mi deber”, dice.

Y prosigue diciendo que en este caso hay un marco jurídico que establece cuál debe ser la actuación policial; y señala que de igual modo “hay una Constitución Política que, en primer lugar, dice que la Policía Nacional debe asegurar las libertades de todos”.

“Entonces la Policía sabe lo que tiene que hacer y debe saber actuar. ¡Ah! Si yo quiero torcer el ejercicio de esta institución, para beneficiar a mi movimiento político, eso va contra la Constitución, va contra la Ley Policial; entonces, bueno, con todo respeto, las instituciones deben decirle: ‘Señor presidente eso no se hace así’”, asegura Ortega.

Al poder hay que limitarlo con presión en las calles

“En este caso quería acentuar que es importante que entendamos que el poder, por sí mismo, no te va resolver todos los problemas, por eso es que debemos luchar por un Estado de Derecho, de instituciones firmes en ese Estado Derecho, para defendernos los que estamos fuera del poder”, acota, y argumenta que para ello se requiere una madurez política para luchar por las vías legales los derechos sociales.

“Aquí algo que jamás debemos perder: la libertad. Y si nosotros no hacemos uso de ella, y no presionamos por los medios de manera constructiva y no presionamos en las calles, y no sacamos nuestros puños, la perdemos”, afirma.

“Y una ventaja que tiene ahora, sobre todo la juventud y los que no tienen poder, es que en el caso de Nicaragua, algo que en el pasado fue negativo, ahora es vital para mientras maduran las instituciones de la vida política, en medio de la pobreza y la tragedia diaria de este país, y es que ahora tenemos una institución que evita la anarquía y el caos, es el caso del Ejército, mientras se mantenga como institución de la República”, dice Ortega, quien coloca a las Fuerzas Armadas, incluyendo aún a la Policía, como las instituciones que dan el balance razonable en Nicaragua entre las libertades y las pérdidas de éstas.

¿Qué es el gran logro después de tanta sangre?, se interroga Ortega: “Que mientras esto se madura y esperamos más madurez y responsabilidad de los partidos y de los liderazgos de Poder de la clase política y de los poderes, yo puedo estar aquí con ustedes, expresar mis ideas y salir a la calle, y no veo al Ejército agarrarme como en Honduras y sacarme a balazos y mandarme a otro país, o lanzarme al volcán Santiago o tirarme como hacía la Guardia”.

“Ellos (militares y policías) nos están dando un enorme espacio para que tengamos asegurada la libertad y la lucha política en el campo del terreno civil. Si aquí alguien actúa en contra de la ley, y quiere impedir el derecho de cada quien de manifestarse, aunque sea un partidito chiquito o un partido grande, y usan métodos en contra de la ética de un partido, y en contra del orden, y en contra de la ley y en contra de la libertad, que tanto nos ha costado, entonces hay que rechazar eso”, aconseja.

Las nuevas formas de lucha

“Y la primera presión es la reacción ciudadana. Si aquí los ciudadanos no mostramos el músculo y las garras a como lo mostraron la juventud y el FSLN contra Somoza, no vamos a ninguna parte, pero no vayamos a destruir al país, hay muchas formas nuevas de protestar; nosotros inventamos muchas, ahora los jóvenes que inventen las de ellos, por internet, con humor, por las letras, pero debe haber presión ciudadana, para que el Poder recapacite y ponerle un límite”, señala Ortega, antes de entrar en otro tema controversial: la reelección presidencial.

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