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El presidente Daniel Ortega justificó este mediodía durante el acto de conmemoración de los 30 años de la Policía Nacional, la pasividad con la que ha actuado la institución durante las agresiones de partidarios sandinistas, aduciendo que él ha instruido que “no se dé garrotazos” a la gente. "Si la policía no sale con el garrote entonces es que está al servicio del partido... pero no está al servicio de partido alguno" sólo es leal con principios y valores de ese cuerpo armado a los que "yo tengo que defender", precisó Ortega.

El mandatario insistió en que no hay ninguna “pobre Aminta” y que hay una campaña de los medios de comunicación, quienes a su criterio quieren que haya una Policía represiva. “Aminta ha cumplido con su deber”, indicó el mandatario, quien ha recomendado a  la dirección de la policía "que evite al máximo el uso de gases" para reprimir manifestaciones de cualquier tipo ya que comprende que son problemas de orden económico y social que no son fácil de entender y resolver.

Partidos de oposición y organismos cívicos critican la actuación de la policía frente a agresiones de seguidores del gobierno para impedir las manifestaciones opositoras. Ortega rechazó las críticas y las atribuyó a que estos sectores quisieran tener a una policía a su servicio pero aseguró que el cuerpo de orden público "debe aplicar la ley de manera pareja pero bajo el principo de no usar la violencia, la fuerza".

Según Ortega, los disturbios se resolverán pidiendo permisos a la Policía Nacional, por lo que llamó a los opositores a solicitar esa venia para realizar sus actos públicos, tras mencionar que a veces no lo hacen con tal de "hacer el alboroto" y provocar a otros sectores que sí tienen autorización.

La policía celebró los 30 años de su fundación con una acto en la Plaza de la Fe, frente al malecón de Managua, con desfiles de distintas unidades que conforman ese cuerpo y organizaciones homólogas de distintos países que fueron invitadas. La policía nicaragüense fue creada tras la llegada al poder del gobierno revolucionario en la década de 1980, tras el derrocamiento del régimen dinástico de Anastasio Somoza.