•  |
  •  |
  • END

Mientras las noticias de la noche destacaban las pugnas políticas de siempre: liberales por un lado y sandinistas por otro, Carmen, nombre ficticio, ya estaba dormida, lista para operar.

La preocupación del equipo médico era su estado de desnutrición. Hasta entonces no se sabía que su bebé era prematuro, porque el expediente no lo decía.

La médico de base, una especialista de vieja data, le indicaba a la médico internista que su único temor era el peso de la paciente, de modo que había que tener lista la sangre por si Carmen la requería.

La cirugía, sin embargo, comenzó mejor de lo que se esperaba: no hubo tanto problema en las incisiones ni en la extracción del bebé, aunque las doctoras lidiaron de nuevo con el hilo chino de mala calidad y las pinzas sarrosas.

Sin embargo, el gran susto se lo llevaron cuando vieron al recién nacido. La médico, por el aspecto del bebé, intuyó que tenía casi seis meses. Y no paraba de preguntar: “¿qué pasó aquí? Nadie del equipo respondía.

La pediatra tomó al bebé, molesta, y amenazó con quejarse al día siguiente. Todos creen que no sobrevivirá. La madre, una campesina con siete hijos, se enterará del estado de su hijo hasta el día siguiente.

Expedientes que no dicen realidad

La médico de base habla con el equipo y les insiste en que los expedientes no están reflejando el estado real de los pacientes, y sugiere abordar el tema con las autoridades del hospital.

Nadie dice nada. La médico de base sale del quirófano indignada.  En el camino se da cuenta de que lleva una pinza en una de sus bolsas. Pero las “instrumentistas” ni se enteraron, según ellas, contaron cinco veces los instrumentos y todo estaba en orden.

Sin embargo, ¡la pinza recién utilizada está en manos de la médico y nadie se enteró!  La doctora devuelve la pinza y les reprocha: “Hombré, ¿y cómo cuentan ustedes? Aquí está esta pinza, ¡qué barbaridad!” Todos se quedan mudos.

Aunque la doctora reconoce que el cansancio puede influir. Por la noche sólo se quiere ir a dormir. Por más café que beba, la cama llama.

El menú de un cuartel

La médico de base no ha cenado y decide tomarse un descanso junto con la internista, para “tragar algo”. La comida es huevo cocido con arroz y la mitad de una tortilla.  Está servida en una panita pequeña parecida a las que dan en la Purísima del 7 y del 8 de diciembre. No les dieron fresco, porque no alcanzó.

Las mujeres comentan que el menú nunca es bueno. Algunas veces es arroz aguado, o sólo frijoles con queso,  o bien gallo pinto con huevo cocido y la mitad de una  tortilla.  La bebida  es avena o pinol. Lo cierto es que la comida recuerda la de una base militar, no dan ganas ni de “jugarla”.

“Uno se acostumbra” --dicen entre ellas-- “pero eso sí, no vamos a la cocina porque si no, no tragamos nada ¡Hay tanta cucaracha que mejor no ir! Eso siempre ha sido así, con el gobierno rojinegro eso no mejoró”, coinciden.

20 minutos y de nuevo a curar

Pasan las horas, entre una operación y otra, entre una revisión y otra, y toca distraerse para no dormirse. El equipo lo hace hablando de sus calamidades.

La médico internista comenta que gana un poco más de 5,300 córdobas al mes, pero netos, después de los impuestos sólo le quedan 5,000, porque le deducen salario por riesgo laboral.

Las enfermeras pasan días laborando. A los médicos les sucede igual. Hay galenos, por ejemplo, que  hacen entre  15 y 16 turnos al mes. “Es decir, que casi nunca duermen en su casa”, comenta la médico de base, quien aspira dejar de trabajar en el Minsa de una vez.

Tripas de fuera por hilos chinos

Cristian, cuyo nombre no es el real, refiere que trabaja en el sistema público de salud desde hace once años.

“Y siempre las condiciones con las que se ha laborado han sido pésimas: hay falta de insumos médicos y excesivas horas de trabajo, sin embargo, con el actual gobierno sentimos todavía más carga, porque todo se ha duplicado: las consultas y las cirugías”, insiste.

Él recalca que en los turnos médicos siempre queda poco personal. “¿Qué hacemos? Todo se reparte: un médico va para emergencia, otro para las salas de hospitalizados, y hay otro que coordina todo, en cada área es más o menos así. A emergencia llegan entre 100 y 120 personas para un solo médico, que aparte de las 24 horas debe hacer las ocho horas del turno normal”, comenta.

En el quirófano, según el especialista, la situación es más crítica. “En el hospital donde laboro hay dos quirófanos sin aire acondicionado desde hace varios meses, así que a los 20 minutos que estás operando el sudor empieza a caer, y si cae en la paciente la infecta, ¡imaginate cuando llevamos seis cirugías programadas! Te da miedo que pase algo con el paciente, peor si es apendicitis”, afirma.

Confirma que el hilo chino también es un problema. “Cuando uno hace los nudos al terminar de zurcir la herida, el hilo se tensa y se revienta. Y así estamos operando: con un hilo inadecuado, y el problema de eso es que días después de la cirugía pueden venirnos pacientes con herniación o con el intestino de fuera, porque el hilo es de mala de calidad, no tiene resistencia, y eso no tiene nada que ver con el acto médico, porque uno hace bien sus nudos”, aclara.

Guantes más pequeños y son chinos

El doctor agrega que, además, tienen problemas con los guantes. “Los que nos están dando ahorita son más pequeños y son de marca china. ¿Qué ocurre con eso? Bueno, si un guante se te rompe en el acto quirúrgico corremos el riesgo de que a la paciente o al paciente se le infecte la herida, y con eso también tenemos que lidiar. Antes del gobierno actual, al menos los hilos y los guantes eran de mejor calidad”, asegura.

Los anestesiólogos también se ven en aprietos. “En los hospitales de referencia nacional, por la noche, queda sólo un anestesiólogo con un técnico en anestesia para ver tres o más quirófanos. Entonces, lo que hace uno es examinar al paciente, revisar su estado en general y aplicar la anestesia que uno cree que es la más adecuada, ya con eso el paciente queda en manos del técnico y uno corre al otro quirófano a aplicar otra anestesia”, especifica una experta en el ramo.

El problema “con eso es que con la anestesia siempre hay riesgo, las complicaciones siempre pueden ocurrir, pero uno tiene varios pacientes a su cargo, no hay tiempo para pensar en eso y hay que resolver”, justifica.

“Además de eso, laboramos con equipos incompletos. Por ejemplo, siempre tenemos problemas con los monitores porque siempre les hace falta una pieza, así que si vamos a un quirófano con todo y paciente, y vemos que no tiene monitor, se cierra ese quirófano, y se va a otro donde el monitor esté completo, o bien traemos el monitor del otro quirófano para poder aplicar la anestesia y operar”, expone.

A veces, refiere, son los tensiómetros los que los ponen a apuros. “Hay tensiómetros que encontramos dañados y hacemos lo mismo: nos vamos a otro quirófano a buscar uno bueno, todo eso nos estresa”, indica.

Cuenta que cuando ponen anestesia general, los gases también les llegan a ellos y entra el sueño. “Lo que hacemos es tomar café o coca cola para mantenernos despiertos, desde que yo recuerde eso no ha cambiado”, subraya.

Operan sin “conocer” a los pacientes

Los cirujanos se suman a las quejas. Algunos indican que les toca operar a pacientes que nunca antes han tratado.

“Yo operaré la próxima semana a dos pacientes que nunca he visto, otro médico fue el que programó la cirugía, indicó el diagnóstico y el procedimiento, y a mí me tocará realizar la operación, así estamos trabajando en el sistema público de salud”, apunta.

Es decir, “hasta que vaya al quirófano conoceré a cada paciente. Pero, ¿qué pasa si no estoy de acuerdo con el procedimiento, o no logro saber bien lo que se indica en el expediente porque la letra no es legible? Ni modo, hay que trabajar así, hay que correr el riesgo”, sostiene.

“Yo, claro, debería ir un día antes para ver a los pacientes, para leer sus expedientes, pero a veces no se puede, y aunque lo hiciera no es lo mismo, porque ese paciente no ha estado en la consulta externa conmigo, no hemos establecido la adecuada relación entre médico y paciente”, dice.

“Desde ese momento” --agrega-- “hay problemas para entablar una relación cálida y más comunicativa, ya que la mayoría de pacientes esperan que los opere el mismo médico que los atendió en consulta externa, entonces, desde que miran otra cara, van inconformes y desconfiados al quirófano”.

A criterio de los médicos consultados, en el sistema público de salud privan la “desorganización” y las represalias. Ese “es un problema serio, que con el actual gobierno se ha profundizado: ves algo que no está bien, pero no podés decir nada porque te corren y te acusan de cualquier cosa”, concuerdan.

Insisten: “Turnos son inhumanos”
Los médicos consultados, insisten, en que los turnos laborales los están “exprimiendo”. Resumen que son “inhumanos”.

“Tenemos una excesiva jornada laboral. Por ejemplo, el grupo de 500 médicos que el Ministerio de Salud (Minsa) contrató, trabaja de 7 de la mañana a 3 de la tarde todos los días, pero cada cinco días se quedan en el hospital, de corrido hasta el siguiente día, hasta las 3 de la tarde”, recuerdan.

“Si al siguiente día les toca turno quirúrgico, independientemente de que hayan pasado operando toda la noche o atendiendo partos, y que no hayan descansado, tienen que asumir el turno, y ahora en los turnos --por las mismas exigencias-- se atienden hasta seis pacientes seguidos; los turnos son inhumanos”, recalcan.

Coinciden en que ya han planteado a las autoridades del Minsa que se reduzcan los turnos, pero “ni siquiera tenemos respuestas de los mismos jefes de servicio”, apuntan con desánimo.

Resaltado dos Minsa en cacería de brujas

Las autoridades del Ministerio de Salud, Minsa, en vez de explicar por qué tienen pinzas sarrosas, hilos y guantes de origen chino --de mala calidad--, y condiciones antihigiénicas en el sistema público de salud, ayer se dieron a la tarea de indagar los nombres de los hospitales donde END estuvo durante 12 horas.

La nueva vocera del Minsa, Vilma Areas, incluso, recurrió a colegas de los medios impresos para averiguar el nombre de los centros asistenciales donde se realizó la investigación.

Se supo, además, que llamó a todos los divulgadores de los hospitales del Minsa de Managua y los sermoneó. Inclusive les pidió explicación de las fotos que aparecieron en END, que dejan en evidencia los deficientes insumos médicos del Minsa. Los comunicadores están preocupados porque temen represalias, indicaron varias fuentes médicas.