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La imagen del diputado Agustín Jarquín con sus nietos, arrodillado ante una tortuga paslama que desova el tipo de producto que él, junto con otros llamados “padres de la patria” degustaron el mes pasado, revela un acto de contrición que, sin embargo, no se extendió al resto de chupa huevos.

Se escuchó decir a los que les importa un bledo la conservación de la especie, expresiones terribles, aseguró un ambientalista: “Si ya la cag…, ya la cag…”, “¿y qué?”

Increíble. Si una mayoría parlamentaria no está consciente todavía de lo que hicieron, les diremos de qué tamaño es el desprecio que sienten a nuestro país: de las siete playas más importantes en el mundo donde arriban las tortugas, Nicaragua se da el lujo ambiental de contar con dos: Chococente y La Flor.

Y de las siete especies de tortugas que todavía sobreviven en el planeta, cinco vienen a este paraíso al garete. “¡Qué mal agradecidos que somos!”, exclama el biólogo Kamilo Lara, del organismo “S.O.S. Ambiente”. En la lista, aparecen las tortugas: Verde, Carey, Laúd, Cabezona y Paslasma.

Es de notar que si EL NUEVO DIARIO no impulsa su propia campaña a favor de las hermosas paslamas, con la serie de trabajos donde se expuso la falta de sensibilidad de los parlamentarios, todo hubiera seguido igual.

En la última arribada masiva de quelonios, Jarquín decidió apoyar la seguridad de la mortificada especie que invadió la playa de Rivas. Fueron como tres mil tortugas saliendo del mar para depositar la continuidad de género.


Depredadores de los huevos y de la Constitución
EL NUEVO DIARIO, comprometido con la defensa del medio ambiente y de toda la vida silvestre, denunció el consumo de los apetecidos huevos, cuando los diputados violentaron una disposición del Marena. Cabe recordar que los legisladores mataron ese día --4 de diciembre-- dos pájaros en uno: también violentaron otro mandato de carácter constitucional, el artículo 14: “El Estado no tiene religión oficial”, al celebrar una sesión conmemorativa en la iglesia San Felipe de León.

En La Flor, los pocos diputados arrepentidos hicieron penitencia mediante horas voluntarias para liberar a los tortuguillos a fin de que empezaran la ruta de la sobrevivencia en su rumbo hacia el mar, tan solo orientados por el sonido del oleaje y las luces de las estrellas.

Una tortuga desova entre 100 y 140 huevos, y desde que nacen, comienzan a enfrentarse a los enemigos naturales, que son los hongos que están en la arena, diferentes especies de animales, insectos; cangrejos que están al acecho una vez que son enterrados en la arena por la madre, dijo Lara.

En el proceso de unos 30 a 40 días, cuando se da la incubación, comienza el acecho de las gaviotas, de los zanates, de los zorros, de los perros que llegan a rascar la arena para sacarlos desde que comienza su incubación hasta que están reventando.

Una vez que ellos salen, comienzan a ser devorados por aves marinas que en vuelo se los llevan. Los que alcanzan el mar comienzan otra aventura. De los 140, llega al agua quizá sólo un 20 %, pues son atacados por peces mayores que los devoran, por lo que se calcula que de cada desove individual sólo llegan uno o dos a una etapa adulta.

Hay que anotar que pasarán ocho años para que empiecen a reproducirse.

Pero antes de todas esas amenazas, dice Lara, está el peligro mayor, el del animal que tiene raciocinio, que sabe del daño que se le hace a esta especie, que conoce de la extinción a que está expuesta, y ése es el hombre.


Legisladores arrepentidos
El ambientalista es del criterio que se debe acabar la campaña de esfuerzos aislados para salvar a la tortuga, estableciendo más conciencia entre las comunidades que viven a la orilla de estas playas que son áreas protegidas, de tal manera que sean ellos los primeros que entren en defensa propia contra toda esa cadena ilegal que existe para el saqueo de los recursos.

“Creo que es importante que en esto se tome en cuenta muy seriamente la cadena de negocios, que va desde la misma forma ilegal como aparece dentro de las mismas áreas protegidas, y que sigue la línea del comercio hasta mercados, restaurantes y bares”.

Está más que demostrado que tan sólo la actividad turística y de investigación daría mejores beneficios a las comunidades, que el simple hecho de ser acaparadores de huevos, agregó.

Los legisladores arrepentidos apoyan una campaña que quiere limpiar de sus biografías oficiales la foto de Isidro Hernández, precisamente con el lema dietético: “Yo no como huevos de tortugas”.