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Hija de un antisomocista que soportó el exilio impuesto por Anastasio Somoza García, situación que la obligó a emigrar a otro país, y siendo niña desarrolló su talento hasta convertirse en una de las mejores actrices de la radiodifusión.

Nos referimos a Naraya Céspedes, hija también de otra gran artista, Blanca Amador, quien murió víctima de un infarto cuando grababa una radionovela en Radio Corporación.

Nació un 13 de agosto de mil novecientos cuarenta y tantos. Es del signo Leo, al que califica como fuerte y de voluntad.

Su padre fue el fotógrafo y fotograbador Federico Céspedes Zepeda, quien fundó el periódico “El Heraldo” con el doctor Manuel Morales Cruz y el poeta Emilio Arce.

Durante la entrevista concedida a EL NUEVO DIARIO en su residencia, en el municipio de Nindirí, la actriz pidió que no le preguntáramos cuando su papá entró en controversias con el régimen del fundador de la dinastía, pero aseguró que Somoza García le incautó el taller a su papá.

Su padre fue un autodidacta llegando a conocer todos los clásicos, y así empezó a rodearse de muchos intelectuales y Naraya conoció a Gabry Rivas, a Manolo Cuadra y a Hernán Robleto, quienes frecuentaban la casa de su papá.


Exiliados en Costa Rica
Cuando Somoza García deja en quiebra a su papá, su madre emigra a Costa Rica y después le consigue un salvoconducto a su padre para poder salir del país. En Costa Rica trabajó en el diario La Nación, pero pasó muchas necesidades, “porque era dura la vida del exiliado”.

En Costa Rica, Naraya conoció a otros exiliados como Virgilio Vega Fornos y toda “esa gente que más tarde vinieron (a Nicaragua) un 4 de abril, pero tuve la suerte (en Costa Rica) de llegar a una escuela pública que se llamaba Marcelino García Flamenco, donde había un teatro infantil y “me tocó un día hacer (cuando estaba en cuarto o quinto grado de primaria) la presentación del Día del Árbol. “Me lo aprendí bien, pero cuando llegué al acto me pifié y sólo dije: el árbol, el árbol, y de ahí no pasé”.

Tuvo una profesora hondureña, Mercedes Agurcia Membreño, también exiliada que pidió incluir a Naraya en su elenco infantil. Esto fue entre 1950 a 1951, donde la educadora hondureña le enseña dicción, canto y danza.


El regreso a Nicaragua
En 1956 Naraya regresa a Nicaragua junto a su mamá Blanca Amador. Su papá no podía ingresar al país. Llegaron a Managua para ver a su abuela, “donde le dicen a mi mamá que hay un movimiento teatral y que están necesitando a alguien”. Estaba un director italiano, Lucho Ranuche, casado con una costarricense que montó la obra Tovarish (camarada en ruso), que fue un éxito total en 1956 y se estrena el día en que hieren de muerte al general Somoza García en León.

Trabajaron en esa obra Martha Cansino, Fernando Calderón Villanueva, Pilar Aguirre, Fabio Gadea Mantilla, José Castillo Osejo, Emilio Moreno, Blanca Amador y Naraya, que tenía como 15 años de edad.

Como después de la muerte de Somoza García se desató represión, Naraya y su progenitora regresan nuevamente a Costa Rica.

Regresaron a Managua en 1958 porque la abuela de Naraya estaba muy mal, y nuevamente su papá se queda en Costa Rica. Cuando “nosotros llegamos en el 58 se produjo el asalto a la Radio Mundial” (ejecutado por las turbas de la activista somocista Nicolasa Sevilla).

Producto del ataque, varios miembros del cuadro dramático de Radio Mundial se fueron y el equipo quedó descabezado, y alguien le dice a Mamerto Martínez Vásquez, ‘¡Aquí anda Blanca Amador!’ La buscan y la llevan donde don Manuel Arana Valle, y como hacía falta un personaje para la grabación de una radionovela, le preguntan a su mamá ¿por qué no nos prestás a tu hija? Blanca Amador le responde: “No, si ella viene de un teatro infantil”.


Ingreso a la Mundial
En octubre de 1958 Naraya entra al cuadro dramático de la Mundial, “donde mi mamá me prestó por un rato, pero me quedé 16 años, y tuve la suerte de tener los mejores compañeros del mundo, los mejores directores, como Mamerto Martínez y Julio César Sandoval”.


La verdadera escuela
La verdadera escuela que Naraya tuvo en la actuación radial fue en la Mundial, “porque ahí fue donde recibí las mejores lecciones, ahí conocí el compañerismo como el de Martha Cansino, José Dibb McConell, José Ortega Chamorro, Rodolfo Tapia Molina, el Tío Popo”.

“Tuve la gran oportunidad de preguntar y que me contestaran, no existía la envidia ni esa serruchadera de pisos que ahora es normal en casi todos los centros de trabajos. Había trabajo para todos, eran 16 radionovelas que pasaba la radio”.

Cada quien tenía sus papeles protagónicos, sus características, y ahí “mi mama y yo trabajamos 16 años”. “Me acuerdo que a Fabio Gadea se le ocurrió adaptar ‘Las mil y una noche’ lo que fue un prodigio, porque después que apagaban la radio es que nosotros (el cuadro dramático) comenzábamos a grabar a partir de las 11 de la noche”.

Recuerda a Elsa Arana y a Ruth Obregón, además, el tema le hizo recordar que cuando el tío Popo tenía que hacer el personaje de un mago, para que la voz le saliera con eco “no encontrábamos qué ponerle, y entonces decidieron tomar el balde donde caía el agua del aire acondicionado y se lo ponían al tío Popo en la cabeza, y con eso salía la voz para hacer el papel del personaje”.


Cuentos de Canta Claro
Naraya recuerda su participación en la radionovela “Los cuentos de Canta Claro”, que era con guitarras, aunque pasaban grabando todo el día, porque las novelas se transmitían como pan caliente, dos o tres días de la grabación; esos capítulos estaban siendo difundidos por la Mundial.

Después vinieron unas grandes novelas que hicieron historia, como “Kalimán”, “Hicimos” y “Los Tres Villalobo”, y ya estaba en el cuadro una pareja de cubanos, Manolo Villamil y Yolanda Fabián. Manolo hacía el papel de uno de los Villalobo, el otro lo hacía René Blanco, que murió en el terremoto del 22 de diciembre de 1972.


Una novela que le marcó la vida
Naraya recuerda su participación en la grabación de la novela “Valentina”, que “me marcó y me encantó, a la que le hicieron un tema musical maravilloso”. Era la historia de una soldadesca mexicana que seguía a su Juan mientras duró la revolución mexicana.

También hizo otra novela que se llamó “Mili, el ángel del barrio”, la historia de una puertorriqueña trasladada a Nueva York donde solamente daba amor, cariño y comprensión. También trabajó en la grabación de la segunda etapa de “El derecho de nacer”.


La primera organización gremial
En la época en que las novelas estaban en su apogeo también se gestó un movimiento gremial que llevó a la constitución de la Unión de Locutores. El primer presidente que tuvo la organización fue Edgard Ferreti, ya fallecido. Al año siguiente a Naraya le tocó ser presidenta, y fue la primera vez en Nicaragua que una mujer llegó a presidir un sindicato de radio y televisión.

“Cuando quisimos hacer cumplir la ley de que todos los anuncios que se pasaran en Nicaragua tenían que ser con voces nicaragüenses, ahí vinieron los primeros encontronazos, y fue ese día en que decidí irme de Radio Mundial. Esto fue en diciembre de 1973”.

Eso provocó que siete miembros del cuadro dramático de la Mundial se fueran. En el primer bloque de los cinco que se fueron iban Sofía Montiel, Blanca Amador, Gustavo Valle, Naraya Céspedes y Salvador Zamora.

Para esa época el cuadro de la Mundial ya no estaba funcionando bien, pero Naraya aclaró que esa radioemisora fue para ella como su casa, “porque a Manuel Arana Valle aún después de muerto le tengo un respeto único, a él y su familia, porque esa gente no nos trató como empleados, sino como familia”.


El momento de Fabio Gadea
La deserción debido al encontronazo por la aplicación de la ley, Fabio Gadea Mantilla la aprovechó, porque con tanta gente fuera del monstruo de la radiodifusión, él podía hacer en la Corporación su propio cuadro dramático, y así fue.

En la Corporación “encontramos un pequeño cuadro dramático que Fabio tenía, que trabajaba para sus programas de tipo folclórico, y donde estaban Marlene Arévalo y Carlos Lara; al reforzarlo con siete personas empezamos a hacer buenas obras”.

Ahí grabaron “Doña Bárbara”, papel que realizó Blanca Amador. Otra novela que grabaron fue “Esmeralda”, que Fabio la había mandado a traer (el libreto) de Miami o Venezuela, y “creo que era de la autoría de la escritora Delia Fiallos y con un tema musical de maravilla. La música de Otto de la Rocha y la letra de Humberto Sánchez Martinico”.

Ya Gustavo Valle había renunciado a la dirección del cuadro dramático y se fue a la otra radio, lo que permitió que Naraya pasara a dirigir el elenco, todos aceptaron el hecho que los dirigiera una mujer.


La muerte de Blanca Amador
Relata Naraya que cuando estaba grabando con su madre un capítulo de la radionovela “Esmeralda”, hubo una parte del libreto en la cual su mamá tenía que producir un alarido, “estamos las dos ante el micrófono, pega el grito y cae. La veo y le digo: ‘estás mareada, y veo que suelta su lápiz’”.

Un actor de radio nunca puede estar sin lápiz porque siempre está marcando, y cuando su progenitora iba para el suelo no cayó, la tomaron en brazos otros miembros del elenco que estaban esperando turno para grabar. Ese día la llevaron al hospital, pero murió. Había sido víctima de un infarto.

Blanca Amador murió el 9 de marzo de 1977. Tenía 64 años de edad. El papel que hacía Blanca en la novela “Esmeralda” era de la india “Dominga”.

Desde el año pasado Naraya participa en una radionovela destinada a prevenir el sida, y nuevamente hace el papel de la estrella principal, la ama de casa “Magdalena Obregón”, la mujer buena a la que su marido la contamina con el VIH después que a éste lo contaminó una amante.



“Que no me sintonice ni me den volumen”

Naraya sólo tiene una hija, Francela, quien vive en Miami. Emigró a Florida en los años 80, pero pasó por Radio Nicaragua, Coradep y Radio Sandino, donde renunció porque la estaban obligando a “alinearse”.

Pero “como a mí no me gusta que me sintonicen y después me suban el volumen” se fue en 1988 a EU, y actualmente con año y medio de volver a residir en Nicaragua ya jubilada por una empresa farmacéutica en la que trabajó en Miami, “no opino, no me interesa, pero me duelen las cosas no bien hechas”.