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(ÚLTIMA ENTREGA)

Era el 12 de febrero de 1962. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal se dirigía a viejos compañeros de lucha, la generación de jóvenes estudiantes del 44 que reclamaban la caída de los tiranos, los del 54 que se oponían a la dinastía, los sobrevivientes de Olama y Mollejones, todos ellos reunidos para rendirle homenaje.

“Quiero que sepan, les dijo Pedro Joaquín, que mi mayor ambición es seguir siendo periodista, continuar velando por las libertades del pueblo desde ese mirador que es La Prensa. Por eso es una calumnia inhábil eso de que yo trato de suplantar al doctor Fernando Agüero. Yo apoyo al doctor Agüero, estoy y estaré a su lado en esta lucha, porque es un joven honrado y recto, porque se ha mantenido viril y decidido en su posición de repudio a la dictadura dinástica”.

Los años pasaron. Agüero pactó con Somoza el Kupiakumi (un solo corazón). Entonces Pedro Joaquín y Agüero rompieron, pero el doctor Chamorro se mantuvo firme desde La Prensa hasta el último de sus días. Una de las particularidades de su vida fue lo difícil que significaba separar al Pedro periodista, del Pedro político.

Imposible separación
“Sería fallida misión querer aislar al Pedro Joaquín, el político, del Pedro Joaquín periodista”, dice Guillermo Rothschuh Villanueva en su ensayo “Una vida por la libertad”, prólogo del libro “Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, El Periodista”, que publicará en marzo la Fundación “Violeta Barrios de Chamorro”.

Rothschuh hace notar que sería imposible determinar milimétricamente dónde empieza Pedro, el periodista, y dónde Pedro, el político. Aunque según sus propias palabras, Pedro Joaquín prefería ser periodista. “Claro --dice Rothschuh--, era la mejor manera de hacer política en el mejor sentido de la palabra. Fue un hombre que logró traducir su pensamiento en una práctica política constante: Nutría su pensamiento a través de su accionar periodístico”.

Rechazo total a la autocracia
Desde que asumió las riendas de La Prensa, en 1952, hay un leit motiv permanente en el desempeño periodístico de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: la rectitud como norma de vida, un rechazo indignado a toda forma de autoritarismo político, una concepción moderna del Estado -–nacido para servir y no para servirse de él-- y una visión democrática y pluralista de la vida pública.

“Como hijo de su época --refiere Rothschuh-- fue un periodista que hizo política y un político que hizo periodismo”. Debido a la anemia institucional heredada de la ocupación estadounidense, las denuncias periodísticas de Pedro Joaquín chocaban contra la práctica política de la dictadura.

“Se llegó a un momento, que en aquella Nicaragua había sólo dos bandos: el de los Somoza y el de La Prensa, es decir, el del periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el de los corruptos y el de los demócratas, el de quienes servían a los intereses nacionales y quienes servían a los intereses de sus pactos”.

Tal posicionamiento, advierte Rothschuh, dejó ver claramente a la dictadura que Pedro Joaquín y La Prensa eran entidades equivalentes. Pedro Joaquín era La Prensa. Y era su Director. De ahí que llegaran a creer que dado que no habían podido acabar con el diario, lo lograrían asesinando a Pedro Joaquín.

Desde que asumió La Prensa, el doctor Chamorro sentó los principios rectores de la cobertura informativa del diario, teniendo a la justicia social como un faro que iluminaba toda su lucha cívica, poniendo en la misma balanza a los poderes públicos como a los privados, pues no se dejó cooptar por los intereses corporativos.

La ética constituye otro de los pilares de Pedro, el periodista. “Era un practicante de la ética militante, pues para él no debía existir distancia alguna entre lo que se decía y lo que se practicaba”, afirma Rothschuh, “la ética de Pedro Joaquín era la ética de la verdad, que requiere información para tornarse en carne”.

Durante treinta años, “Pedro Joaquín osciló entre el diario, la montaña, el exilio, los tribunales, la cárcel, la tortura y la amenaza permanente a su integridad física. Siempre con el resultado de aparecer en el bando de los vencidos, aunque moralmente fortalecido. ¿Por qué? Según él, ‘porque quien fracasa es como quien muere. Pero el que muere, si tiene voluntad, resucita, y el único triunfo del hombre es la resurrección’”.

“La Prensa era su cuartel político”
¿Cómo conciliaba Pedro Joaquín su vida política con su vida periodística? El doctor Danilo Aguirre Solís, jefe de Redacción y asistente de la dirección en La Prensa del doctor Chamorro, señala que “Pedro era integralmente político y periodista, su vida no tenía separación porque nunca dejó de ser periodista y nunca dejó de acompañar el periodismo a sus ideales políticos”.

“Pedro cuidaba de La Prensa y de su ejercicio periodístico con un enorme celo; me parece que ya después de la creación de UDEL, y, modestia parte, con mi presencia en la jefatura de Redacción de La Prensa, y que también tenía el cargo de asistente de la dirección, le permitía a él no dejar de ver La Prensa, pero dedicarse más a su proyecto político”, explica el doctor Aguirre.

Sin embargo, su cuartel político era La Prensa, aun en los tiempos de la Unión Democrática de Liberación, UDEL, la cual dirigió tres años, hasta que en 1977 le entregó la dirigencia a Rafael Córdoba Rivas, en un gesto de correspondencia a su posición sobre la no reelección, a pesar de que todas las organizaciones consideraban que sólo su coherencia podía mantener unida a UDEL.

Por las tardes, cuando La Prensa ya circulaba, Pedro Joaquín sostenía sus reuniones políticas en el periódico. “Yo lo veía a él como una conciencia nacional, allí llegaban de todos los partidos políticos, prácticamente llegaban a confesarse porque buscaban en Pedro una conciliación a sus conflictos”, señala el doctor Aguirre.

“Para Pedro, el ser periodista y mantener sus ideales políticos en una constante ebullición era una sola cosa, no tenía problemas para conciliarlo, porque lo uno lo vivía como lo otro; él entendía que el periodismo tenía otras facetas, por supuesto, de recreación, de información, de lo cotidiano; pero fundamentalmente La Prensa era para él un instrumento político para contrarrestar a la dictadura y para propugnar por la transformación de Nicaragua”, agrega Aguirre.

Revolucionó el periodismo
Tras su estancia en México, el doctor Chamorro revolucionó el periodismo, señala el doctor Aguirre, haciéndolo de penetración: un titular grande, la fotografía en primera página, el título impactante y llamativo; y el incidir sobre la vida cotidiana.

“La Prensa, a la llegada de Pedro, era una especie de refugio histórico de su papá, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya; su padre, un gran historiador, tenía una prosa muy hermosa, él dedicaba gran parte del periódico a lo que después eran sus libros: escritos de la historia nacional desde la perspectiva conservadora”, afirma el doctor Aguirre.

Asimismo, La Prensa era la expresión de doña Margarita Cardenal, “muy piadosa, muy unida a las cuestiones religiosas, sobre todo a las salesianas, por eso publicaba el santoral del Día”.

“Era un periódico concebido todavía con una visión de parroquia; Pedro lo transforma para hacerlo de penetración, para hacerlo forjador de opinión pública. Él mismo salía en una bicicleta con una gran camarota a tomar fotos, él estaba claro de que ese tipo de periodismo con títulos fuertes, con frescura, con fotos, era la mejor forma de penetración”, relata Aguirre.

A esto le agregó su concepción ético-política fuertemente opuesta a la dictadura y propugnó su visión moderna del periodismo. “Pedro no sólo concebía la oposición a Somoza desde la visión de los derechos humanos, de la libertad y la democracia, sino desde la ética”, Añade el doctor Aguirre.

El 31 de diciembre de 1977, por ejemplo, llegó Silvio Peña a La Prensa con el pretexto de que un trabajador de Hacienda ofrecía vender los documentos que demostraban una serie de libres de impuestos autorizadas por Dinorah Sampson, la amante de Somoza. “A mí no me cabe la menor duda de que Silvio Peña andaba chequeándolo, pues fue después del primer intento fallido por asesinarlo, y ya andaba en el Chevy que utilizó para el crimen. Silvio Peña andaba vendiendo la información. El doctor Chamorro -- quien nunca vio a Silvio Peña-- rechazó la oferta e indicó que cuando se trataba de mujeres, eso no se tocaba, a esa señora ni la mencionamos en La Prensa”, recuerda el doctor Aguirre.

Era, pues, su ejercicio periodístico una formulación ética, razón por la que no se publicaban asuntos relativos al relajamiento de costumbres de algunos sectores de la vida nacional. “Él era una persona que actuaba conforme a sus pensamientos. Le parecía que una actuación diferente a eso, era traicionar lo que él hablaba, lo que él escribía, y él era muy auténtico en ese sentido”, reafirmó el doctor Aguirre.

Su testamento político
Su testamento político es tan importante como su legado periodístico. El 30 de mayo de 1972, en Managua, y ante los oficios notariales de su amigo y compañero en la lucha antisomocista, Rafael Córdoba Rivas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal dejó escrito su testamento.

“Comparece accionando en su propio nombre, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien expresa ser de cuarenta y siete años de edad cumplidos, casado, abogado y periodista y de este domicilio”, rubricó el notario.

Managua todavía no había sucumbido por el terremoto. Y el diario La Prensa, bajo su dirección, mantenía su lucha frontal contra la dictadura, destapando los escandalosos casos de corrupción de los funcionarios de gobierno, incluyendo al mismo Anastasio Somoza Debayle.

Faltaban más de dos años para que el comando del FSLN “Juan José Quezada” ejecutara el histórico asalto a la casa de José María Castillo, por lo que población nicaragüense todavía no padecía los estragos de la censura y el estado de sitio.

Fernando Agüero ya había traicionado a la oposición al acceder a formar parte de la “pata de gallina” que entregaría después de nuevo el gobierno al dictador Somoza Debayle. Y UDEL, su último proyecto político, aún no había sido concebido.

Pero esa mañana del Día de las Madres, Pedro Joaquín Chamorro plasmó para siempre la justificación de sus ideas políticas, las mismas que lo condenaron a muerte.

Córdoba tomó nota de su voluntad: “Que siendo su vida pública muy intensa y accidentada, quiere antes de entrar en la propia materia testamentaria, o sea, la distribución de sus bienes para después de su muerte, hacer algunas declaraciones y afirmaciones relacionadas a ella y en lo concerniente a los acontecimientos que le tocó actuar”.

“Nunca traicioné a la patria”
“Que siempre ha defendido y amado a su patria, siendo para él la peor ofensa recibida de sus adversarios políticos, no tanto la crueldad de las prisiones y torturas a las cuales fue sometido, como un proceso innoble que por venganza le hicieron, acusándolo de ‘traición a la patria’, cargo que consideró tan falso, que durante el juicio militar que le siguieron, ni siquiera quiso defenderse de él, por creer que el sólo hacer esto, implicaba la aceptación de que podían lanzarle semejante calumnia”.

Nunca supo del ajusticiamiento de “Tacho”
“Que nunca tuvo conocimiento, como lo sostuvo siempre en su vida, de que alguien iba a atentar contra la vida del tirano (por) cuyo gobierno Nicaragua sufrió durante las décadas del año mil novecientos treinta al año mil novecientos cincuenta de este siglo, no obstante, lo cual los hijos de éste, a sabiendas de su inocencia en el caso, lo trataron de implicar por medio de falsas declaraciones arrancadas por medio de torturas a otras personas”.

“Que repite esto en su testamento para que no quede la menor duda de que es verdad, y por creer que así contribuirá al esclarecimiento total de un suceso histórico el cual puede ser distorsionado a los ojos de las próximas generaciones”.

Su único “delito”: luchar por la justicia social
“Que nunca fue culpable de los delitos que en diferentes juicios le imputaron, a excepción hecha del de rebelión, que no juzga delito alguno, cuando legítimamente, como en su caso, ha venido a representar el ejercicio de un derecho para terminar con la injusticia social, política y económica del Régimen de Gobierno durante el cual le tocó vivir la mayor parte de su vida”.

“Que perdona a todos aquellos que durante su vida le hicieron daño y que no tiene en este momento de testar, ni espera tenerlo luego si Dios le da más vida, rencor alguno respecto a nadie, porque si durante su vida ha expuesto por medio de escritos o hechos, críticas duras a determinadas personas, y las ha enjuiciado públicamente, lo ha hecho para combatir los sistemas y métodos malos, usados por personas y no por interés particular alguno”.

“Que siempre ha escrito creyendo ser verdad lo que dice, sobre todo en las cuestiones fundamentales y en la narración de los hechos que atentan contra la dignidad y la integridad de las personas”.

Y antes de entrar al detalle de la distribución de sus bienes, sentenció: “Que es hijo legítimo del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, ya difunto, y de doña Margarita Cardenal Argüello de Chamorro, habiendo el declarante nacido en la ciudad de Granada, a los veintitrés días del mes de septiembre de mil novecientos veinticuatro”.