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PRIMERA DE DOS PARTES

El hombre era de hablar pausado, pero directo. En él no había dudas del fogueo de los años que sólo deja el santo oficio que escogió y que se negó a dejar en vida. Como su llegada al diario era una religión que cumplía a horas puntuales, ni siquiera “se despeinaba” uno --como ocurre en otros despachos de gente importante— esperando a ser atendido.

Esa mañana de marzo, conocimos por vez primera la oficina en que el director fundador de EL NUEVO DIARIO pasaba las horas del día. Su más cercano colaborador era un televisor de 29 pulgadas donde monitoreaba las noticias locales y del exterior.

Como todo hombre de familia y de trayectoria, las paredes eran un mural de recuerdos donde a él se le veía joven y feliz. En unas aparecía con su hermano Pedro Joaquín, y no faltaban imágenes con sus amigos de vida y de luchas, todas congeladas en el tiempo y guardando en el encuadre un trozo de los entonces 67 años bien vividos de este hombre de prensa y de papel.

Tardamos más en explicar nuestras intenciones, que él en demostrar con un solo gesto que estaba dispuesto a dejar caer como plomo cada una de sus respuestas. Se recostó sobre su sillón de cuero y dijo: “Ustedes digan, pues”. Sabíamos que la jornada sería larga, y dispusimos para él dos grabadoras con casetes de 90 minutos cada uno. El hombre ni se inmutó.

La primera pregunta fue sobre el origen del diario que dirigía. Lúcido hasta las uñas, rememoró cada pedazo de aquellos días de antes del 19 mayo de 1980. En lo que siguió después, nunca pareció interesado en ocultar que se sentía bien consigo mismo, con todas las decisiones que tomó, aunque con ellas desafió a su propia familia, una de las más influyentes del país: los Chamorro Cardenal.


Háblenos del conflicto en la antigua Prensa, ¿Cómo se originó?
Se originó precisamente de mi parte y del doctor (Danilo) Aguirre, y de la mayoría de los cuadros de Redacción que pensábamos en que se le podía dar un apoyo crítico a la revolución sandinista. Creíamos que en ese entonces debíamos darle una oportunidad.


La contraparte de ustedes en el diario, creía lo contrario…
Ellos planteaban que no había que darle ninguna oportunidad, nada de crítica sana a la revolución, sino que debía ser una posición de confrontación con la misma. De ahí se empezó a originar el conflicto, y después irrumpió en la ida del 80% del personal de La Prensa a fundar este nuevo periódico. Claro, que en ese entonces hubo muchas negociaciones entre la directiva de La Prensa, los trabajadores y mi persona.


¿Cómo era entonces el ambiente en la antigua Prensa?
Yo ya no asistía a las reuniones de directiva, entonces era un conflicto tan grande que tuve que delegar a una persona para asistir. Tuve que pedirle a mi compañero Luis Rocha, para que asistiera. Se sabía que esa gente estaba cerrada en su manera de pensar y que no iba a conducir a ninguna fructífera negociación. No había manera de entenderse entre la Junta Directiva y los trabajadores del periódico.

¿Pero hubo una salida?
Sí, yo pedí varias cosas para irnos de La Prensa, una de las cosas que logré fue conseguir un bono, un beneficio para todos los trabajadores que iban a salir. De ese bono, la cuarta parte la tenía que poner yo, pues, sin embargo, no vacilé que se les entregara esa indemnización, aunque esa cuarta parte fuese afectación mía, pues yo con todo gusto la negocié, y costó que la otra parte la reconociera así. Finalmente lo hicieron y se llegó a un acuerdo entre la Junta Directiva, los trabajadores y mi persona.

Eran tres fuerzas las que estaban negociando a la vez, era un conflicto bastante difícil de resolver, porque yo estaba --por decirlo así-- en dos aguas. Estaba con los trabajadores y al mismo tiempo era directivo de La Prensa. La directiva de La Prensa estaba dividida en opinión. Por tanto existían divergencias en cuanto a los asuntos relacionados con la revolución sandinista.


Según las crónicas de la época, su renuncia a la dirección de La Prensa era una respuesta a la de doña Violeta Barrios a la Junta de Gobierno, que fue por esos días también, ¿fue cierto?
Primero hay que decir que en ciertas ocasiones me inquietó esta decisión. Ahora, sin duda alguna, nada tuvo que ver con Violeta Barrios, integrante de la Junta de Gobierno, aunque para muchas personas fue así, pero de mi parte no hubo ninguna intención de mezclar la presencia política de Violeta en la Junta de Gobierno y mi posición como director de La Prensa.

Y se vinieron a fundar un nuevo periódico…
Pese a todo, el 80% de trabajadores se vino a esta aventura. Recuerdo que a mí me dijeron que no pasaríamos de tres y seis meses de vida, sin embargo, hemos llegado a los veinte años.

“Un periódico con las uñas”
Hablemos de sus inicios, ¿cómo comenzaron?
“Las planchas junto con el papel iban hasta León, donde se imprimía el periódico. Ahí se alquilaban las instalaciones de El Centroamericano, del señor Rudy Abaunza. En el camión que se enviaba el papel, venía el periódico impreso para todos los de Oriente y Occidente. Se distribuía desde el mismo León (Chinandega, Matagalpa, etc.), y aquí venía lo de Managua, Nandaime, Granada, Rivas. Así que fueron años de mucha dificultad.

Empezamos con las uñas, realmente no teníamos nada planificado. La gente colaboró mucho con el periódico. Nos donaron escritorios y máquinas de escribir, entre otras cosas. Estuvimos alquilando unas levantadoras de textos IBM. Aquí en lo que era la Imprenta Robelo, en la esquina de enfrente, nos regalaron una pasadora de plancha que tuvimos que invertir en ella para componerla.

Con lo único que contábamos era con el papel, que obtuve producto de las negociaciones con la gente de La Prensa, debido a que era difícil conseguirlo. A veces había que esperar hasta dos meses para que viniera una dotación de papel, según la frecuencia del barco”.


Usted escribió en su primer editorial que EL NUEVO DIARIO sería de todos, mantendría un tratamiento crítico a la revolución, igual que lo hacían en La Prensa. ¿Se mantiene hasta hoy?
Actualmente se mantiene, porque este periódico es fundamentalmente pluralista. Aquí, según has notado vos en las páginas del periódico, te encontrás con opinión de todos los partidos políticos, entrevistas, etc. Es una postura que aprendimos en la antigua Prensa.

La Prensa tuvo el éxito que tuvo en el tiempo de mi hermano, Pedro Joaquín Chamorro, porque cubría todas las tendencias políticas. Sin duda alguna, ese mismo pluralismo le dio en aquel entonces a La Prensa el sentido que tenía y que hoy tenemos nosotros en EL NUEVO DIARIO”.

Usted dijo que EL NUEVO DIARIO sería heredero del pensamiento de Pedro Joaquín Chamorro. ¿Qué significa ser heredero de él?
En primer lugar, un pensamiento social definitivo. Quien conoció a Pedro en su historia se dio cuenta de que él representaba eso: pluralidad de opiniones que se reflejaban en La Prensa, y entonces nosotros al asumir el reto de imitar a Pedro, en todo lo que fuera factible y posible, pues asumimos esa postura. Él (Pedro) tenía un pensamiento avanzado, mucho más avanzado que el que existe ahora en La Prensa. Por ejemplo, era de un pensamiento de acción social hacia los trabajadores, hacia la misma sociedad en lucha contra la corrupción, en la búsqueda de justicia social”.


Ustedes nacen con un lema “Un periodismo nuevo para un hombre nuevo”. ¿Qué significaba?
El hombre nuevo, en primer lugar, va adherido digamos a EL NUEVO DIARIO. Es un juego de palabras, y va más con la revolución que está o va cambiando la personalidad de la gente. La gente va adquiriendo una personalidad nueva, nace un hombre nuevo. Era más un significado simbólico de la nueva Nicaragua y el cambio de mentalidad después de 1979.

Hablemos de la infraestructura de EL NUEVO DIARIO. ¿Qué era originalmente? Porque sabemos que aquí fue una arena antes del terremoto, creo que le llamaban Kennedy…
“Bueno, originalmente estos terrenos eran de Molina Gómez, que hacía vidrios y aluminios. Nosotros le alquilábamos tres locales donde estaba la rotativa de cuatro unidades, que fue la primera que pusimos a funcionar.

Después del 82, en la parte que le alquilábamos a Molina Gómez, se fue haciendo el taller y una tercera parte que era una bodega, donde manteníamos el papel para alimentar la rotativa que existía. De hecho, ya la estábamos transformando para aumentar el color en la rotativa nueva. Lo tenemos como una especie de taller para rearmar las unidades, y la reacondicionamos, cosa que se está haciendo por primera vez aquí en Nicaragua”.


Se dice que ésta fue la primera cooperativa periodística de la que se tenga noción en Nicaragua.

“Efectivamente, todos los que vinimos a trabajar aquí, de alguna manera fueron accionistas del periódico. Algunos se han ido a los Estados Unidos, otros se han quedado, pero se ha quedado un grupo significativo de accionistas. El número de acciones depende de la cantidad de años de trabajo”.

“Somos un periódico moderno”
Quien veía al ingeniero Chamorro Cardenal con su caminar lento y silencioso por la sala de Redacción de END, no podría imaginar que este hombre nacido y madurado en el siglo 20, fue un innovador de la prensa-papel cuando el ejercicio del periodismo, con todo y su olfato, ni siquiera imaginaba que le esperaban años de brutal transformación tecnológica.

Testigo físico de que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y el mismo Danilo Aguirre han sido implacables con sus Olympias, el ingeniero Chamorro vivió y dirigió la incorporación de tecnología moderna en EL NUEVO DIARIO. “Somos un periódico moderno, nadie puede escaparse de los cambios en los periódicos”, dijo.


¿Y qué tanto se han modernizado?, le preguntamos.

Todo el periódico se hace vía digital, las fotografías se escanean aquí en la Redacción y pasan directamente por la red hasta su proceso en el taller. Posteriormente se sacan las pruebas en papel para ver qué es lo que se va a poner, pero ya la foto se encuentra en el taller vía red, que pasa la información. Ahora por esa red pasan textos también, todos los días el periódico pasa por ahí.

Todas las máquinas son nuevas. Tuvimos la intención de cambiar toda la Redacción cuando iba a venir el año 2000, porque había una gran incertidumbre, entonces un año antes empezamos con un plan para ver que todas las máquinas del periódico fueran compatibles con el Y2K.

Nos encontramos con que en la Redacción todas las máquinas pasaron el test de compatibilidad con el año 2000. Sin embargo, en el taller donde estaban las máquinas más modernas éstas no pasaron la prueba, fue cuando se les hizo cambios para hacerlas compatibles con el año 2000.

Pero no sólo hicimos aquí el cambio, a todos nuestros corresponsales en todo el país les instalamos máquinas nuevas que también están integradas a la misma red. Nadie puede escaparse de los cambios en los periódicos”.

Mañana:
* Una explicación sobre la distancia entre END y el sandinismo: “Ellos han cambiado, nosotros no”, dijo
* Su forma de ver la nota roja de END y su apertura para escuchar las críticas
* La censura de los años 80, su relación con el gobierno de doña Violeta y un juramento: “Si la cosa está mal, tenemos que decirlo”