•  |
  •  |
  • END

Los chagüites que plantó en lo que fue el patio de su casa, muy cerca de uno de los cuartos para que refrescaran en el verano y dieran bastimento para la comida --cuando no se quisiera acompañar con la tortilla que palmean sus laboriosas manos--, hoy se encuentran a casi tres metros por debajo de su casa, y esto no se debe a que haya enterrado los árboles, sino a que el terreno de su hogar se desmorona día a día.

La señora María Auxiliadora Reyes, habitante de Laureles Norte --de la terminal de la ruta 111 tres cuadras arriba-- dice que su intranquilidad inició con las lluvias incesantes del huracán Mitch en 1998, cuando cuatro familias vecinas perdieron sus casas y ella quedó en la línea de sucesión para caer al guindo.

“Mi terreno era grande, pero con cada lluvia desde el Mitch se ha venido achicando, y ahora --aun en verano-- se dan desmoronamientos. Eso nos mantiene atemorizados, porque un día amaneceremos en nada. La última vez que se desmoronó, cuando incluso se cayó un árbol, fue a las dos de la mañana, y la parte que se nos fue eran los aposentos, que ahora pusimos pegados a la pared del vecino”, dijo la señora Reyes.

Pero no sólo los 14 habitantes de la familia Reyes se han visto afectados por estos constantes desmoronamientos, sino también los vecinos que han perdido el sitio por donde entraban a sus hogares.

“Nosotros somos 14 personas, siete adultos y siete niños, entre todos los habitantes afectados sumamos más de 40 personas. Cuando vino el personal de la Alcaldía de Managua a hacer mediciones para colocar un puente peatonal, les pedimos que rellenaran esto para que no nos fuéramos al guindo, pero dijeron que debíamos esperar”, señalo la señora Reyes.


Caminando en cuerda floja
“Yo siento temor, porque cada día que pasa esto se socava más y más. Somos una familia grande y estamos en un pequeñísimo espacio, nos da miedo porque caminamos como en una cuerda floja, el terreno era como una cuchilla que tenía de frente como 20 metros, y de fondo como treinta, pero terminaba en punta y mírenos ahora”, dijo la afligida señora.

La señora Reyes y sus vecinos pidieron a las autoridades municipales que si no pueden ubicarlos en otro lugar que por favor den una pronta respuesta a esta situación de riesgo en la que habitan.


Por el drenaje
Para otros vecinos de la señora Reyes no han sido las lluvias el problema que provocó que sus casas estén ahora desmoronándose sino la falta de previsión de las autoridades municipales de colocar un tubo que drenara las aguas pluviales.

Durante muchos años --dijeron-- vivimos aquí con la calle sin pavimentar, pero cuando pavimentaron y cunetearon hicieron que toda el agua cayera al cauce por este lugar, sin revestirlo de concreto o poner un drenaje. Desde entonces el terreno se socavó y ahora no hay forma de revertirlo.


Gestiones ante municipalidad
El señor Luigi Bonomelli, de la organización Les Enfants du Nicaragua (Los niños de Nicaragua), envió cartas al alcalde Dionisio Marenco para solicitar apoyo para estas familias.

“Es una situación muy grave, estas personas están en riesgo todos los días, los niños están en riesgo de caer de su casa y sufrir lesiones. Por eso hacemos un llamado a las autoridades municipales y nacionales para que no permitan que esto continúe, pues si lo dejan pasar podría ocurrir una tragedia”, concluyó Bonomelli.