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Aunque muy identificado con el sandinismo, el ingeniero Xavier Chamorro Cardenal no tenía en su despacho un retrato, esfinge o pintura del General de Hombres Libres. La buscamos sin éxito, ese marzo de 2000 que logramos una entrevista con él.

De Pedro Joaquín, su hermano, contamos una pintura, un afiche y varias fotos en la que se le ve flaco y sin rasurar. “Aquí está saliendo de una de las tantas carceleadas que le dio Somoza”, nos dijo el director de EL NUEVO DIARIO cuando ya las grabadoras estaban en “off” y como buenos periodistas en formación, nos sentimos con la confianza de husmear en la oficina de nuestro entrevistado.

No negó para nada que el rotativo que dirigía tenía una especie de “conexión sanguínea” con la revolución que en 1979 derrocó a la dictadura somocista, pero como hombre de prensa estaba claro que el buen periodismo se hace sin militancias. Aunque insistimos, no logramos que se declarara sandinista, pero no dudó en asegurar que tanto él como el periódico que había fundado junto al doctor Danilo Aguirre fue revolucionario.

Con el temor de todo principiante, nos metimos a preguntas de ligas mayores; preguntamos sobre la relación del rotativo con los gobiernos después de 1979 y sobre el tratamiento de la nota roja desde las páginas de END, que por esa época le atraía críticas constantes desde la academia. Sus respuestas dejaron claro por qué el nombre de Xavier Chamorro Cardenal ya tenía su propio apartado en la historia del periodismo en Nicaragua.

“El sandinismo ha cambiado, nosotros no”

Algunos afirman que desde el inicio EL NUEVO DIARIO ha sido pro sandinista, otros, que es revolucionario, ¿cómo lo considera usted?

“Bueno, te voy a decir una cosa: nosotros no hemos cambiado, el sandinismo es el que ha cambiado. Efectivamente, el periódico tenía un perfil revolucionario, sandinista y sigue siendo revolucionario en el verdadero sentido de la palabra, pero muchas veces en la guerra ha cambiado su política.

Seguimos siendo revolucionarios de pensamiento social amplio, todo eso que te da un sello --llamémosle así-- o una etiqueta al periódico. Siempre hemos sido así”.

¿Cómo percibe usted el tratamiento de la nota roja en EL NUEVO DIARIO? Algunos la critican por ser muy sensacionalista.

“Nosotros la percibimos como una realidad que vive el país, Nicaragua, México, lo que está viviendo El Salvador, Guatemala, etc. Esa sección se concebía como una necesidad de la población, para que se concienciara de lo que estaba pasando en la sociedad, y de alguna manera la población se diera cuenta de la realidad del país”.

¿Pero han tenido críticas por esto?

“Aún tenemos críticas. Ahora, si hacés un periódico que no tiene críticas estás haciendo un mal periódico. En la actualidad hay gente que dice: ¡Qué barbaridad lo que dicen en ese NUEVO DIARIO!, pero esa es gente que lee la cuestión y se da cuenta de lo que está diciendo el periódico”.

¿Entonces usted cree que esa crítica ayuda..?

“Pues claro, eso te dice ve aquí algo está mal y hay que corregir”.


Hay quienes también criticaron que ustedes se parecían mucho a La Prensa al comienzo. ¿Cuál era la idea de adoptar una tipografía como la de La Prensa?

“Bueno, en primer lugar, la gente que estaba haciendo el periódico es la que vino de La Prensa, no fue ninguna intención hacerla igual, sino que es una cuestión que es innata en la persona que viene de un trabajo parecido.

Pero con el tiempo fuimos adquiriendo nuestra propia tipografía, nuestra propia identidad”.


Hablemos de la censura. ¿Hubo para EL NUEVO DIARIO en los años 80?

“Sí, efectivamente hubo una censura muy férrea para EL NUEVO DIARIO, incluso fue cerrado una o dos veces por uno o dos días, no recuerdo esa fecha. Nosotros teníamos que levantar el periódico aquí, luego llevarlo a la dirección de medios DMC (Dirección de Medios de Comunicación del Ministerio del Interior), que quedaba en Altamira, donde lo leían, y después lo traíamos para hacerle las modificaciones a las observaciones que esa dirección nos hacía”.

Se dice que en 1990 el gobierno de doña Violeta dejó de dar publicidad a los medios de comunicación opositores, y hay quienes piensan que por eso “murió” Barricada. ¿Temieron ustedes lo mismo?

“Barricada murió por mala administración. Ahora, eso de los anuncios es una táctica vieja. En el tiempo de Somoza, también cortaban publicidad gubernamental, sin embargo, no les dio resultado. Con Doña Violeta trataron de hacer lo mismo y tampoco les dio resultado; igual sucedió con los sandinistas y ahora con Alemán.

Nosotros criticamos al gobierno para que mejore los métodos de gobernar, no es porque estemos haciendo una campaña contra éste o contra el otro. Simplemente, decimos lo que están haciendo mal para que lo hagan bien, ya que esa es una obligación del periódico, para que el gobierno mejore. Por ejemplo, cuando se da una cuestión de corrupción vos tenés que decirle: ‘Mirá, aquí está mal la cosa’, para que se corrija. Si la cosa está mal, tenemos que decirlo”

Están cerca de cumplir 20 años, ¿cuáles cree son las principales fortalezas de EL NUEVO DIARIO?

“Es el contenido que lleva el periódico, que es uno de los mejores entre los periódicos de la actualidad. Otra fortaleza es que tenemos el 60% de la circulación del mercado de los periódicos”.


¿Qué es lo que se puede destacar en 20 años de trabajo?

“Creo que lo más importante es toda la perseverancia de estar todos los días en la calle, ya que son pocos los días que no salimos a luz pública. Es una gran satisfacción ver que la gente te responda comprándote porque les gusta, porque ese es su deseo. Ese es uno de los mayores logros”.


¿Cree que haya alguna debilidad a superar en estos 20 años?

“Vos podés ser mejor siempre, mientras no te obcequés a una idea y ser amplio para no bloquearte. Si sale alguna forma de impresión nueva, claro que estamos interesados en estudiarla y verla”.


Entrevista tomada de la tesis monográfica Caracterización de la Política Editorial de EL NUEVO DIARIO en sus 20 años. Autores: Roberto Collado, Francisco Cárdenas y Rosario Dávila.

“La noticia no tiene colores”
Después de esa entrevista al ingeniero Chamorro Cardenal no lo miré más como un personaje, era el funcionario de mayor jerarquía junto a Danilo Aguirre en la planta de redacción del diario al que pertenezco desde diciembre del año 2000.

De las cosas que recuerdo, dos no toleraba en las páginas del rotativo: las fotos sin pie (sin texto debajo) y el exceso en el grosor de un título que ahogaba el balance con lo que técnicamente los diseñadores llaman “el blanco”. Lo primero, según él, era porque al lector había que hacerle fácil su lectura y la foto la complementaba. Lo segundo para él era una cuestión visual. En octubre de 2003, el periódico se rediseñó y hoy cuenta con una presentación moderna.

Pero no era todo, conocí también la afición del director-fundador por una fotografía muy bien lograda. Entonces el rotativo no aplicaba el color a todas sus páginas.


¿Por qué este es un periódico blanco y negro a pesar de existir hoy día tantas riquezas de gráficos y color? --le preguntamos--

“Es mucho más difícil hacer una fotografía en blanco y negro que hacerla a colores, porque con una blanco y negro tenés que ser más artista, para sacar la foto mucho mejor, de más calidad.

No nos resistimos al color, pero todavía es mejor una imagen blanco y negro que a color, eso por una parte; una segunda parte es ésta, vos tenés la noticia, no tiene colores, es en blanco y negro. Si nosotros tenemos anuncios a colores como tiene cualquier otro periódico y le ponés una foto al lado, y una foto a color a la par de un aviso a colores, le estás quitando importancia al aviso a color. Recordá que el aviso es también importante porque alguien paga por él”.