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Mientras usted duerme, 13 hombres rodean la capital, en el amanecer, con máquinas que son capaces de fumigar 75 manzanas en una hora, sin que nadie lo perciba. La tarea dura de cuatro a seis de la mañana. Es “extenuante”, según comentan a EL NUEVO DIARIO los trabajadores con ojos que muestran desvelo.

Léster Muñoz es uno de los hombres que hace ese trabajo. “Lo que hacemos es cansado, extenuante, agotador… pero alguien se tiene que encargar de esto (de la fumigación) y somos nosotros”, señala.

Él es un operador --conductor del Silais-Managua con 23 años en el quehacer. Cuenta que la última vez que fumigó de una forma intensiva, por la madrugada, fue en 1992, cuando golpeó al país la variante de dengue tipo cuatro.

Aunque a otros operadores también se les viene a la memoria 1985, cuando se sufrió una epidemia de dengue a nivel local, lo que derivó en fumigaciones casi ininterrumpidas.

Muñoz explica que la fumigación que hacen en la madrugada es una prolongación de la labor de la noche anterior.

“Nosotros trabajamos en el Silais de ocho de la mañana a cinco de la tarde, en ese tiempo movemos a los trabajadores que hacen la fumigación casa por casa y los controles de foco (o sea la detección de casos de dengue), pero en emergencias como las que estamos enfrentando ahorita, por el dengue, pasamos de paso o sea corrido”, indica.

Duermen entre cuatro y cinco horas

José Luis Gaitán, otro operador, agrega que en estos días, tras concluir la jornada laboral diaria, se reportan antes de la seis de la tarde al taller de mecánica, llamado a manera de broma: “Taller de ETV”, es decir de Enfermedades de Transmisión Vectorial, para montar en sus vehículos las máquinas de insecticida y continuar la labor de fumigación.

“Mire, se fumiga de seis a nueve de la noche, cada uno tiene su hoja de ruta y un supervisor, así que yo termino llegando a mi casa como a las diez de la noche”, detalla.

Gaitán comenta que deben levantarse a las tres de la mañana para reportarse de nuevo al taller a las cuatro de la madrugada, y continuar con las labores de fumigación hasta las seis de la mañana.

“En mi casa, ahora me dicen: Ya no te vemos, ¿andás con otra mujer?, me preguntan jocosamente, y yo les digo: ¡Ajá!, si vieras, la otra es la máquina”, relata entre risas Gaitán, tras concluir la jornada de madrugada.

También hay supervisión

A Carlos Aguilar, supervisor de ETV del Silais-Managua, también le toca trabajar en las horas del sueño.

“Yo verificó si los muchachos cumplen con la ruta de fumigación, porque a cada uno se le asigna un itinerario que incluye varios sectores, también tengo que comprobar si van a la distancia adecuada que es de 10 kilómetros por hora, y si no tienen desperfectos mecánicos, ya que algunas calles de Managua tienen baches y a veces hay problemas: se revienta un alambrito aquí o allá”, menciona, tras encontrarse con Muñoz en Villa Venezuela.

Se apoya con un mecánico por esas eventualidades, que casi siempre tienen solución, según dice.

Las rutas del trabajo quedan bien definidas. “Nos movemos por bloque y ninguno se puede desatender, porque uno que quede sin fumigarse es sinónimo de criadero de mosquito”, advierte el supervisor.

Aguilar explica que cada máquina que mueven almacena hasta nueve galones de insecticida que da para fumigar tres horas por la noche y dos horas por la madrugada. “Fumigamos de noche, porque es cuando más vuela el Aedes Aegypti, transmisor del dengue”, expone.

Los operadores se mueven en vehículos pequeños, que impresionan porque sobreviven a todo terreno, para cubrir las dos caras de las manzanas capitalinas: izquierda y derecha.

Los hombres circulan con las ventanas de los vehículos cerradas con doble propósito: para evitar el olor del insecticida y por la delincuencia. Sólo se detienen en el taller cuando ya cumplieron con la asignación.

Con CPC se sienten más “seguros”

Algunos como Gaitán, por ejemplo, ya fueron víctimas de los ladrones. “Semanas atrás me asaltaron cuando fumigaba y me robaron el celular y el anillo de matrimonio”, expresa, y luego añade: “Pero ahora contamos con el apoyo de los Consejos del Poder Ciudadano, ellos están de cerca, saben que andamos por la zona y eso nos da más seguridad, además, tenemos a los supervisores”, plantea.

De acuerdo con Aguilar, en la madrugada no es tan necesario que la gente abra puertas y ventanas, porque el clima y la temperatura ayudan a que el insecticida penetre en las viviendas. Aunque sí lo hacen mejor, pero eso nunca se ve al amanecer.

Al concluir la fumigación y tras dejar los vehículos en el taller, Aguilar, al igual que los operadores, sigue con sus labores del día, no sin antes, claro está, darse un baño y desayunar.

“Pero sigo prácticamente de paso, porque me está tocando dar talleres de capacitación a brigadistas y a personal de las instituciones del Estado, así que no paramos, pero ya todos estamos acostumbrados al trajín, pues la mayoría de los que trabajamos en fumigación tenemos entre 20 y 35 años de experiencia en la labor”, destaca.

Las recomendaciones

Carlos Aguilar, supervisor de ETV del Silais- Managua, recomienda a la población abrir puertas y ventanas durante la fumigación de día. “Para poder tener incidencia en la eliminación del mosquito adulto”, comenta.

Pide también a los pobladores permitir el acceso a los trabajadores de la salud que andan abatizando y eliminando los criaderos de zancudo casa por casa. Todos están bien identificados.

Aconseja, además, botar los calaches y plásticos que no se ocupen. “También es necesario que laven y cepillen sus pilas y barriles dos o tres veces a la semana si no están abatizados, y cambien a diario el agua de sus floreros”, subraya el supervisor.

Aparte de eso, hay que tapar bien todos los recipientes donde se almacena agua limpia, tanques, barriles y pilas.

Síntomas del dengue

Entre los síntomas del dengue clásico figuran, según el Ministerio de Salud, Minsa, la aparición brusca de calentura, dolor en la cuenca de los ojos, músculos y articulaciones; náuseas y vómitos.

El dengue hemorrágico, además de los síntomas del dengue clásico, presenta fuertes dolores de estómago, vómitos frecuentes con o sin sangre, sangrado de nariz o encías, dificultades para respirar, morados y puntos rojos en la piel.

Si tiene algunos de esos síntomas, la entidad aconseja acudir de inmediato a la unidad de salud más cercana. Se recomienda, en el caso de los niños, darles suero oral desde el momento en que presentan fiebre o calentura.

Si nota que la fiebre baja, preocúpese y lleve al menor al centro de salud u hospital más cercano, porque eso indica que está en fase crítica.