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Sin duda alguna, la crisis económica mundial ha golpeado al sector educativo de Nicaragua, recortando 210 millones de córdobas de su presupuesto, afectando directamente la reparación de escuelas y aumentado el nivel de deserción escolar, expresó el académico Carlos Tünnermann durante el foro: “Educación en tiempos de crisis”.

Tünnermann, quien fue ministro de Educación en los años 80, opinó que es necesario duplicar el presupuesto de esta cartera, la que actualmente es del 3.5% del Producto Interno Bruto, y llevarlo a 7% PIB, a fin de lograr la universalización de la enseñanza primaria para 2015.

Lamentó que tenemos el promedio educativo más bajo de la región, ya que buena cantidad de estudiantes no termina la primaria completa, mientras hay países que tienen como promedio la educación básica completa. La situación empeora en las zonas rurales, donde apenas se llega a dos años y medio de escolaridad primaria.

El ex ministro de Educación, Silvio De Franco, añadió que a medida que se acentúa la crisis económica, también se afecta al sector educación, simplemente porque las personas buscan opciones diferentes que ir a la escuela. Los niños y adolescentes abandonan la escuela porque tienen que ir a trabajar”.

De Franco dijo que por eso se deben mantener los programas de merienda escolar, sobre todo en las zonas rurales, para que las madres mantengan a sus hijos en las escuelas. Lo que se necesita es la participación de las empresas privadas, el Estado, las organizaciones civiles, para que la educación vuelva a ser prioritaria en el país”.

“No poner tope al presupuesto”

El ex ministro José Antonio Alvarado agregó que la sociedad civil, la empresa privada, la cooperación externa y el gobierno deben unir esfuerzos para aumentar el presupuesto a educación, más aún que la situación económica del país está muy precaria.

Alvarado propuso que “ante esta crisis internacional, los países en desarrollo planteen a los organismos como el Fondo Monetario Internacional, que el tema de inversión en la educación debe estar liberado de los gastos ordinarios”.

Es decir, “que los organismos financieros no pongan un tope al presupuesto de educación, y que el gasto ordinario sea visto como una inversión social. Igual valor debe tener el pago de un maestro, la reparación de una escuela, hasta la compra de una tiza, ya que todo se complementa a la hora de lograr el desarrollo económico de la nación”, dijo Alvarado.

Señaló que si Nicaragua eleva al 7% del PIB el presupuesto de educación, con esto apenas le darían mantenimiento a los niveles actuales de la inversión educativa per cápita, debido a que tenemos un crecimiento demográfico elevado.

Carreras sin mercado

En tanto, el director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Funides, Mario Arana afirmó que Nicaragua es el país que menos invierte en el gasto social, pues el promedio es de cien dólares por habitante, mientras que Costa Rica invierte siete veces esa cantidad.

Indicó que es necesario tener mayor crecimiento, a fin de que haya mayor inversión social, para lo cual es un factor clave la educación. Arana señaló que el sistema de enseñanza está produciendo técnicos y profesionales que el mercado no necesita.

“Debemos revisar, y lo que nos falta son enfermeras, técnicos agropecuarios, sin embargo, no se ha hecho estudios serios de este fenómeno. Hay una sobreoferta en una gran cantidad de carreras, y tal vez hay otras que no están siendo atendidas”, dijo el director de Funides.