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Luisa Molina, vocera de la Coordinadora Civil, CC, considera que el actual conflicto entre sindicalistas pro gobierno, tiene que ver con los diferentes “sombreros” que los dirigentes se ponen y quitan, tendiendo a confundirse y desconociendo cuál es el que llevan, ya sea el de sindicalista, el del partido o de diputado.

“El problema es que las cosas caen por su propio peso; si yo soy sindicalista que defiendo los derechos de los trabajadores, tengo que fajarme en la defensa de los mismos. Eso ocurre cuando soy sindicalista de verdad. Pero si soy militante de un partido y mi mayor interés es defender al partido, se entra en contradicción, expresó”.

Sufriendo la misma discriminación

Para la licenciada Molina, los dirigentes sindicales o defienden los intereses de los trabajadores o los del partido, pero no se puede servir a dos señores a la vez, y el problema es que un sector quiere imponer una agenda partidaria.

Aquí una parte de los sindicalistas gobiernistas se están dando cuenta de lo que sienten los que no están afiliados al partido rojinegro, y sufren el terrorismo, la discriminación, la persecución y la violencia azuzada por un discurso oficial confrontativo, dijo.

“Mi recomendación a los sindicalistas es que defiendan los intereses de los trabajadores, en un país donde el 50 por ciento de la población está en el desempleo o en el subempleo. Los trabajadores no se pueden engañar, en este momento de crisis mundial económica y financiera, con la caída de las remesas familiares, en medio de una sequía, con crisis medioambientales, la falta de inversión en políticas públicas y los continuos despidos”, apuntó.

La vocera de la CC recomendó que éste es el momento para llamar a la autonomía de sus sindicatos y ponerse al frente de las demandas de los trabajadores, sobre quienes ha recaído todo el peso de la pobreza.

Indicó que sólo así es cómo un sindicato puede tener la autoridad moral para defender los intereses de los trabajadores sobre cualquier empleador privado o estatal que abusa y violenta las leyes laborales y sindicales.

“En Nicaragua regularmente no se respeta ninguna ley por parte de las instituciones, y la que menos se respeta es la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa. Aquí no se respeta la capacidad técnica ni la experiencia laboral, sino que la principal característica es que sea militante o alguien que desde el partido se pueda considerar de confianza. Detrás de ello no hay una sistematización de la experiencia, que pueda dar continuidad de manera efectiva a las políticas públicas en Nicaragua”, expresó.

Los que sufren son los afiliados

Para Omar Cabezas, Procurador de Derechos Humanos, el conflicto sindical es un trapo que debe lavarse internamente, ya que se está minando la moral de los trabajadores.

“Cuando los sindicatos se pelean, los que sufren son los afiliados. Yo les diría a los sindicalistas que no se exhiban distrayendo la atención, la energía; mina la moral de los trabajadores a los que los dirigentes se deben”, dijo.