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Nicaragua tiene una brecha salarial muy ancha en cuestión de género, y, a nivel latinoamericano, sólo la superan Brasil y Uruguay. Aunque tengan la misma edad y el mismo nivel de educación, las mujeres nicaragüenses ganan hasta el 20 por ciento menos que los hombres. Lo dice el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en los resultados de un estudio realizado en hogares de 18 países de la región.

“Nuevo Siglo, Viejas Disparidades: Brecha Salarial por Género y Etnicidad en América Latina”, es el título del estudio que presenta el BID en su sitio web oficial (iadb.org), donde expone que esta brecha salarial es de 10 por ciento en promedio al evaluar a todos los países.

Nicaragua resalta

Sin embargo, al considerar a una pareja de la misma nacionalidad, de la misma edad y del mismo nivel de educación en Centroamérica, Nicaragua aparece con la mayor brecha salarial (20.3%) a favor de los hombres, seguido de Honduras (16.3%), Costa Rica (13.7%), El Salvador (11.9%) y Guatemala (0.3%).

Son 14 países en total los que aparecen por encima de la brecha promedio detectada por el BID, entre ellos República Dominicana (16.6%) y Panamá (13.6%).

Bolivia y Guatemala junto a Colombia (7.1%) y México (7.8%) marcan únicos los cuatro países que están por debajo del promedio detectado a nivel general, aunque los tres últimos siguen marcando salarios favorables para el género masculino.

Brasil es un caso acentuado a favor de los varones, pues lleva la brecha hasta 29.7 por ciento. Bolivia, sin embargo, marca la diferencia entre todos los países, pues resulta ser el único que tiene cifras a favor de las mujeres. Ellas ganan 1.8 por ciento más que los hombres.

Brecha aumenta

“Pero las mujeres de la región ganan menos que los hombres, incluso a pesar de ser más educadas. Una simple comparación de ingresos promedio indica que los hombres ganan 10 por ciento más que las mujeres. Pero cuando los economistas comparan hombres y mujeres con iguales edades y niveles de educación, la brecha de ingresos llega a 17 por ciento”, reza el informe del BID.

La investigación halló evidencias que indican que la región aún enfrenta enormes retos en la erradicación de las desigualdades en los mercados laborales, basadas en características como género o etnicidad, dijo el autor principal del estudio, el economista del BID, Hugo Ñopo.

La educación es clave para reducir desigualdades de ingreso basadas en la etnicidad, según Ñopo, quien afirmó que “las políticas destinadas a reducir estas desigualdades todavía están ausentes. Superar esa situación es más que un imperativo moral. Es una estrategia esencial para reducir la pobreza en la región”.

El estudio lo lidera Ñopo en un equipo integrado por los economistas Juan Pablo Atal y Natalia Zinder, y es una investigación empírica integral sobre las diferencias salariales, aplicando una metodología que permite medir con mayor precisión las brechas.

“Al comparar individuos con los mismos antecedentes, estamos en condiciones de producir una medición más precisa de las posibles causas de la diferencia salarial’’, explicó Ñopo.

El BID considera en los resultados que las mayores brechas aparecen entre trabajadores con menores ingresos, con educación secundaria incompleta y que viven en zonas rurales.

También es cuestión de raza

En siete países donde hay datos disponibles sobre etnicidad, la investigación halló que las minorías indígenas y afrodescendientes ganan en promedio 28 por ciento menos que la población blanca, aunque estas personas tienen la misma edad, género y nivel de educación.

El estudio encontró que los hombres ganan más que las mujeres en cualquier grupo de edad, en cada nivel de educación, en cualquier tipo de empleo (sea por cuenta propia, empleador o empleado), tanto en empresas grandes como en pequeñas. Sólo las mujeres de zonas rurales ganan en promedio lo mismo que los hombres.

La menor brecha salarial por género se encuentra entre la gente joven con título universitario. “Una posible explicación es que las mujeres más educadas ocupan posiciones en empresas donde hay menor espacio para introducir ajustes salariales discrecionales. Esta hipótesis se sustenta en el hecho de que la brecha salarial es menor entre los trabajadores formales, y mayor entre aquellos que en empresas pequeñas”, señalan los autores.