Danilo Aguirre
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La decisión tomada por los personajes que gobiernan el país, de echar al cesto de la basura la Constitución de la República y autorizar la viabilidad de la reelección presidencial, es el mayor atentado contra la paz social, desde que Anastasio Somoza Debayle hizo lo propio cuando finalizaba su primer período.

El procedimiento usado para invalidar lo que tanta sangre y sufrimiento le ha costado al pueblo nicaragüense a lo largo de su atormentada historia, no merece siquiera analizarse.

Bastará el baldón que sus actores cargarán ante sus familias, ante su honor, ante sus calificaciones intelectuales y morales, ante la sociedad y ante la historia.

Peor aún, las primeras responsabilidades de las consecuencias que invariablemente sumirán a Nicaragua en otra etapa sombría de su vida política --como en 1947, en 1956 y en 1972--, tienen nombres y apellidos.