José Adán Silva
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El informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y dedicado en esta edición a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano, señaló que el istmo enfrenta la mayor violencia ordinaria del mundo y presenta las mejores oportunidades de solución del problema.

Según el informe del PNUD, hoy por hoy el istmo, y en particular el llamado Triángulo Norte de Centroamérica --Guatemala, El Salvador y Honduras-- es la región “más violenta del mundo”, con una tasa promedio de 33 homicidios por cada 100 mil habitantes.

De acuerdo con las cifras del informe, el pasado año Honduras registró 58 homicidios por cada 100 mil habitantes, seguida por 52 de El Salvador y 48 de Guatemala. Belice sigue con 32 homicidios, Panamá con 19, Nicaragua con 13 y Costa Rica con 11, según el informe, que señala que la media mundial es de 9 y la de América Latina de 25.

Las plagas

El narcotráfico, el crimen organizado y las maras o pandillas juveniles son los principales actores de la inseguridad en Centroamérica, donde los índices de violencia ordinaria o no política han crecido sostenidamente en los últimos años, reveló el estudio “Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano”.

De acuerdo con el estudio, presentado en las sedes del PNUD de cada país del área, los desajustes sociales y las enormes desigualdades económicas son el principal caldo de cultivo del fenómeno.

La desintegración familiar, la falta de oportunidades de desarrollo para la juventud, el alto número de jóvenes marginalizados, la urbanización desordenada, la abundancia de armas ilegales, el aumento del consumo de drogas y licor, la corrupción estatal, el autoritarismo y la impunidad, las debilidades estructurales de las instituciones y la pobreza general de la zona, alimentan la violencia.

De acuerdo con el informe, con el incremento de la inseguridad ciudadana la sociedad ve restringidas sus opciones reales de vida y de organización, debido a las amenazas contra la seguridad personal y patrimonial, así como contra bienes públicos fundamentales.

Compromisos integrales

Este Informe sobre Desarrollo Humano para América Central aborda esta problemática desde una perspectiva integral.

El mensaje central del Informe es que el problema de la inseguridad ciudadana sí tiene solución, y que dicha solución es viable.

“La inseguridad en Centroamérica, la región más violenta del mundo, puede revertirse con voluntad política, un liderazgo decidido, estrategias selectivas y la participación de gobiernos locales y ciudadanía”, asegura el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La principal conclusión del Informe es que la seguridad ciudadana requiere y exige un “diagnóstico inteligente sobre el problema, una voluntad política real, un sistema integrado para adoptar y ejecutar acciones de corto y de largo plazos y un compromiso con los valores de la democracia”.

Récord de violencia

El promedio de las tasas de los siete países de la región (33) equivale a algo más de tres veces la tasa mundial, y supera en siete puntos la tasa promedio de América Latina.

El Salvador, Guatemala y Honduras, seguidos por Belice, tienen un problema bastante más serio que el de Panamá, Costa Rica y Nicaragua.

El primer grupo de países está por encima del promedio de América Latina, por encima de México, e incluso está peor que un país proverbialmente violento como Colombia.

El segundo grupo de países (Panamá, Costa Rica y Nicaragua), aunque no llega a la media latinoamericana, está sobre el promedio mundial, sobre el de Europa y sobre el de los países del Cono Sur latinoamericano.

Nicaragua a la baja

Tomados en su conjunto, estos datos apuntan a un hecho por demás preocupante: la incidencia relativa de las muertes por homicidio, ya de por sí elevada en América Central, ha tendido a elevarse durante los últimos años.

En términos absolutos, el recrudecimiento de la violencia fue más severo en Guatemala (20 puntos) y en Belice (13 puntos), pero en términos relativos impresionan sobre todo Costa Rica y Panamá, cuyas tasas casi se duplicaron entre los dos años de referencia.

En Nicaragua la violencia homicida aumentó en algo menos de 50%, y El Salvador acabó seis puntos por encima de su nivel inicial.