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Fue la primera telefonista que tuvo el Consejo de Estado cuando el Parlamento provisional tenía 30 empleados, pero a veintiocho años después, esa empleada es la encargada de la Hemeroteca de la Asamblea Nacional, Poder de Estado que se apresta a celebrar su 25 aniversario el 10 de enero de 2010.

Nos referimos a Salvadora Valle Blandón, una de los tres empleados de la primera “camada” que se inició en el Consejo de Estado, en lo que ahora es el salón “Miguel Larreynaga” de la Alcaldía de Managua donde sesiona el Concejo capitalino.

Salvadora, una de los 600 empleados que actualmente tiene la AN, comenzó a trabajar el 20 de marzo de 1981, diez meses después que se instaló el Parlamento Provisional (el 4 de mayo de 1980) y llegó procedente del movimiento comunal, aunque estuvo a punto de ser trasladada a las Fuerzas Armadas.

Como en el movimiento comunal se estaba haciendo una reestructuración, “a mí se me plantearon dos opciones, irme al Ejército o ser ubicada en Estado, pero la comandante Dora María Téllez me dio el pase para ubicarme en el Consejo de Estado, a donde llego como recepcionista”.

De los trabajadores que iniciaron en ese tiempo sus labores, sólo hay tres. Los otros empleados con mayor número de años de servicio son Angelita Fornos (conocida cariñosamente como “La Gata”), que comenzó como conserje y ahora labora en el área de reproducción, y Justo López, que comenzó como jardinero y que ahora está ubicado en mantenimiento. Justo se alfabetizó en tiempos del Consejo de Estado.

Dice que el incremento del personal del Consejo de Estado se produce a raíz de que se trasladan al edificio donde está la AN. Así se comenzaron a aumentar los asesores, secretarias, se creó una oficina para atender a los diputados que todavía existe. Recuerda que los representantes del Consejo de Estado llegaban de las diferentes organizaciones populares y sociales, y muchos ni sabían leer, por lo que se les mandó a estudiar como el caso de Chemita Ortiz. Otra a la que se envió a estudiar fue a la campesina Benigna Mendiola.

Los asesores

Recuerda Salvadora que cuando se trasladaron al actual edificio “22 de enero”, estaban como asesores Popo Peña, Jorge Samper, Milú Vargas, Josefina Ramos, Cristiana Chamorro --que fue la primera divulgadora que tuvo el Consejo de Estado--, Esmeralda Tapia, y los doctores Roberto Evertz e Ignacio Castillo. Estos últimos fueron llamados por el FSLN para constituir lo que después pasó a ser la Asesoría Jurídica del Consejo y después de la AN.

Salvadora aún tiene fresco en su mente que el primer secretario del Consejo de Estado, presidido por Bayardo Arce, fue Hugo Torres, sustituido por el entonces subcomandante Rafael Solís. Luego, el comandante de la Revolución Carlos Núñez fue nombrado presidente del Legislativo.

El sonidista del congreso de Somoza

Salvadora fue testigo cuando al iniciarse el Consejo de Estado, el FSLN se llevó a don Juan Hernández, quien por años había sido el sonidista del Congreso cuando Somoza. “No sé cómo hicieron para convencerlo, porque él no es sandinista e hizo un buen trabajo en el Consejo de Estado y en varias legislaturas de la Asamblea Nacional. Don Juan se jubiló hace más de siete años”.

Después que el Consejo de Estado se trasladó al edificio donde ahora está la AN, Salvadora pasó dos años más en la planta telefónica, pero comenzó a enfrentar problemas auditivos, lo que la obligó a pedir hace 25 años un traslado y desde entonces se desempeña en la biblioteca.

Salvadora tenía 29 años cuando comenzó a trabajar en el Consejo. Ya se había bachillerado, pero ahora lamenta no haber continuado sus estudios, “ya que siempre me gustó el Derecho, pero me fui especializando en cursos de biblioteca y creo que esa comodidad me hizo no dar un paso adelante”.

La bibliotecaria cuenta con experiencia sindical, porque en varias ocasiones ha sido Secretaria General del Sindicato “Germán Pomares”, pero nunca ha recibido un reconocimiento institucional por su trayectoria, aunque cuando el doctor Arnoldo Alemán fue Presidente de la AN “nos dio un reconocimiento material”. También el sindicato le dio un reconocimiento que consistió en ir almorzar con tres miembros de su familia a un restaurante capitalino.