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Ingresar al barrio “Jorge Dimitrov” suele ser como internarse en un subversivo túnel de pobreza, violencia y peligro. No importa la hora, no importa el día, el riesgo ha sido una constante y tu vida la presea que se puede perder.

Calles como escenario de la tétrica obra en la que los espectadores son mudos y casi zombis, pues no se atreven a socorrer a las víctimas por temor de acompañarlas en el hospital o en el cementerio.

Sin lugar a dudas, esa es una cruel y triste realidad que puede ser transformada en corto plazo, gracias a la iniciativa de la Asociación Cristiana Sueños de Dios, de autoridades de la Policía Nacional del Distrito IV y de los trabajadores aglutinados en los sindicatos de la Dirección General de Ingresos, DGI. Todos han unido esfuerzos para apoyar a las madres y esposas de jóvenes que cayeron en la drogadicción y en las pandillas.

Al mediodía del recién pasado sábado se realizó un encuentro en el que los representantes de estas instituciones almorzaron con las madres de las familias afectadas, con las que trabajan desde hace ocho meses, a través de programas mediante los que a los jóvenes en riesgo les brindan la oportunidad de aprender un oficio.

Nunca es tarde, insta Porras

En la actividad estuvo presente el titular de la Dirección General de Ingresos, Walter Porras, quien alentó a los jóvenes a dejar el sombrío pasado en el recuerdo, porque “nunca es tarde para empezar una nueva vida”.

Asimismo, la señora Glenda Flores, una de las beneficiarias, tomó la palabra, y compartió que “por causa de las drogas perdí a mis hijos, y esta situación casi me costó la vida, por eso hoy en día hago un llamado a todas las familias para que se unan y busquen a Dios, para que puedan transformar sus vidas”.

Apoyar esfuerzo

Finalmente, el presidente de la Asociación Cristiana Sueños de Dios, pastor Oswaldo Rosales, aprovechó la presencia de los medios de comunicación para invitar al pueblo en general a apoyar este esfuerzo, comprando acciones para participar en la rifa de una motocicleta, pues con lo recaudado pretenden construir una panadería y un autolavado, donde emplearán a los jóvenes que con decidido empeño quieren salir del bajo mundo y atendieron el llamado a llevar una vida sana.

Este proyecto, además de ayudar a estas familias en riesgo, aporta su granito de arena a la seguridad de la sociedad en general.

Ojalá que muchos benefactores apoyen la causa y se contagien del espíritu de solidaridad que envuelve a los impulsores de esta obra, en especial a los sindicatos de la DGI, que apoyados por la autoridades de esa institución estatal, prácticamente apadrinan la iniciativa.