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“Es otro mundo donde quedas a la buena de Dios, sin que nadie te defienda”, recordó un hombre a quien por medidas de seguridad llamaremos Juan, de 34 años, cuando junto a su amigo Marvin, de 30, fue golpeado y robado por otros privados de libertad sin que los oficiales del Distrito Tres de Policía hicieran algo por defenderlos.

Ambos jóvenes fueron detenidos hace dos meses en horas de la tarde, porque fueron confundidos, según ellos, con pandilleros, cuando quedaron en medio de una lluvia de piedras en el barrio El Recreo.

“Primero nos tiraron salvajemente a la tina de la patrulla, y nos iban golpeando. Cuando llegamos al distrito nos dijeron que teníamos que dejar nuestras pertenencias de valor en un lugar y después nos llevaron a una celda”, relató uno de ellos.

Juan dejó una buena faja que le había costado 300 córdobas, su cartera sin dinero, y un reloj valorado en 800 córdobas, mientras que Marvin dejó una faja no muy cara, su cartera con mil córdobas y un reloj.

Gritos en el desierto

Al llegar a la celda, los jóvenes llevaban zapatos y pantalones de marca, que según ellos, llamaron la atención de al menos 10 reos que estaban en el lugar, y al parecer ya estaban organizados para robarle a quien llegara.

“Varios de ellos se nos tiraron encima a golpes y nos dijeron: ‘Dennos esos caballos (pantalones) y esos polos (zapatos)’, pero como nos resistimos al robo entonces nos golpearon más, y a pesar de que estábamos gritando para que los policías nos ayudaran, nunca llegaron”, recordó Marvin.

El comisionado mayor Luis Barrantes, segundo jefe de la Policía de Managua, reconoció que dentro de las celdas policiales ocurren delitos que son difíciles de controlar.

“Su propio sistema”

“Mirá, eso es difícil (evitar robos), todos los presos en todos los lados tienen su propio sistema organizativo a lo interno: siempre existen los cabos de celda, siempre existe el que manda allí adentro, y esas cosas ya están en el ámbito interno que ya muy difícil nosotros (podemos) controlarlo”

Eran inocentes
Después del robo, los reos les proporcionaron unos pantalones cortos y viejos a los muchachos para que se vistieran; al día siguiente, en horas de la mañana, salieron libres al comprobarse que no tenían vínculo con las pandillas del barrio El Recreo. Al salir pidieron apoyo de los oficiales, quienes les ayudaron a recuperar solamente los zapatos ya que los pantalones habían “desaparecido”.

El comisionado José López Dolmus, jefe de la Policía del Distrito Siete, aseguró que en ese lugar los oficiales garantizan la seguridad de los reos a lo interno de las celdas.

“Aquí no se da esa situación, no sé si en los demás distritos, no creo, porque hay un control a lo interno de la celda sobre las pertenencias, y aquí no se ha dado esa situación. Hay dos o tres compañeros en cada turno resguardando las celdas”, aseveró López.

Pertenencias caras “volaron”

Al recibir la buena noticia sobre su libertad, los jóvenes buscaron sus pertenencias en el área donde las habían dejado resguardadas por los oficiales, pero Juan ya no encontró ni su faja cara ni su elegante reloj, por lo que tuvo que agarrar una de menor calidad, mientras que Marvin sí recuperó su faja, pero su cartera ya no tenía la cantidad de dinero que había dejado en ella.

“Reclamamos, pero un oficial que estaba a cargo de darnos las cosas dijo que no sabía nada, y que él acaba de agarrar el turno, y que tal vez el otro policía que estaba antes que él sabía. Total, nos fuimos, porque lo que queríamos era estar libres otra vez, pero allí te roban todo y de remate te turquean”, aseveró Juan.

Los afectados dijeron que no interpusieron la denuncia en contra de los oficiales que no les ayudaron, porque consideraron que la misma no prosperaría. El secretario ejecutivo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH, Marcos Carmona, señaló que las víctimas no tienen la cultura de denunciar este tipo de abusos debido a la poca fe que le tienen a las instituciones.

“En noviembre sacaremos un informe del observatorio de derechos humanos en relación con el actuar policial, y creemos que éste se ha deteriorado en cuanto a la prevención del delito, en cuanto a las condiciones carcelarias que hay en los diferentes distritos y municipios del país”, sostuvo Carmona.

Gonzalo Carrión, Director del Área Jurídica del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, afirmó que ese organismo tiene reportes de personas que han denunciado maltrato físico y verbal en las celdas por parte de los policías.

“Aquí se reciben centenares de denuncias al año, pero el porcentaje de afectados que decide poner denuncia contra los policías es mínimo. Creemos que la ciudadanía debe denunciar y demostrar el delito del que fueron víctimas, deben aprender a quitarse el temor de denunciar”, expresó Carrión.

Se robaron “el barco”

Un joven, a quien llamaremos Luis --que prefirió omitir su identidad para no ser señalado por sus vecinos-- fue detenido hace tres semanas por la Policía del Distrito Cuatro, y ahí permaneció durante una semana. Aunque acepta haber cometido un robo, se queja de que los oficiales no le entregaban por completo el alimento que le llevaba su mamá.

“A medio día mi roca (mamá) me llevaba mi barco (comida) con mi gaseosa, cuando yo la lograba ver en las visitas ella me decía: ‘Hijo, te mandé un pollito o te mandé bistec’, pero en esos días cuando estuve preso, los policías sólo me daban un gallopinto y sin gaseosa, yo reclamé, pero no sirvió de nada, porque ellos (los policías) se me robaban ‘el barco’ y el de otros presos”, denunció Luis.

La madre del afectado, al ser consultada por END, confirmó la versión de su hijo.

El comisionado Barrantes explicó que en los distritos policiales hay un registro y control de los alimentos que llegan para los reos, y afirmó que nunca han recibido una denuncia por el robo de la comida.

“Los alimentos son registrados, quién lo lleva, para quién lo lleva… hasta hoy, nunca hemos tenido una queja. Es más, aunque no les lleven, la estación de Policía garantiza los alimentos de los presos”, aseveró el jefe policial.

El directivo del Cenidh, aunque no precisó cifras, aseguró que son pocos los reos que denuncian este tipo de robos por parte de los policías, pero instó a las autoridades policiales a investigar estas situaciones.

“Hacemos un llamado a la jefatura de la Policía para que visiten y confirmen estas denuncias en los distritos policiales, creemos que es necesario que la Dirección de Asuntos Internos haga una investigación acelerada de los diferentes casos que se presentan”, exhortó Carrión.

Encierro sin salidas

Las personas abordadas por END se mostraron resentidas porque cuando estuvieron presas no pudieron salir de las celdas ni realizar ningún tipo de actividades. El segundo jefe de la Policía de Managua explicó que el régimen carcelario de los distritos no se presta para complacer a los detenidos.

“Acordate que no son sistemas penitenciarios, las celdas de los distritos son celdas preventivas, mientras enfrentan el proceso, ya en el sistema penitenciario es donde está todo el personal capacitado, que es otra especialidad y otro órgano, que está en la obligación de garantizar eso (espacios de esparcimiento)”, justificó Barrantes.

“Eso es para la misma seguridad del detenido, y aún estando así ha habido actitudes de suicidio. Si vos les ponés colchones, los queman, y si le ponés catres, utilizan los alambres como armas. Esas condiciones las deben tener por su propia seguridad”, explicó Barrantes.

Mal espectáculo para niños

Los privados de libertad son visitados en los distritos policiales por sus familiares, los jueves, de dos a tres de la tarde. Pero las madres de familia acostumbran a llevar a sus hijos, menores de edad, a dichos encuentros, donde los reos están en condiciones denigrantes.

Yahoska Villalta, sicóloga forense de la Policía del Distrito Tres, aseguró que no es correcto que los niños visiten a sus familiares cuando están detenidos, porque las malas condiciones físicas y emocionales en que se encuentra pueden impactar emocionalmente al infante.

El comisionado Barrantes consideró que permitir las visitas de familiares a los presos es un gesto humanitario, porque éstas deberían darse cuando el reo está en el sistema penitenciario.