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  • AFP

La ruptura del acuerdo entre el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, y el líder del gobierno de facto, Roberto Micheletti, consolida el golpe de Estado a 23 días de las elecciones y aleja aún más la posibilidad de que el primero vuelva al poder. "El acuerdo ya no tiene ningún valor", sentenció hoy Zelaya, después de darlo por "fracasado" ante la resistencia de las instituciones hondureñas de restituirlo en el poder.

La gota que rebasó el vaso fue el anuncio que hizo anoche Micheletti, de la constitución de un gobierno de "unión y reconciliación nacional" sin miembros designados por Zelaya, y que el mismo gobernante de facto seguirá presidiendo.

Pese a la recomendación de Estados Unidos para que se reanude el diálogo, Zelaya ha devuelto ahora la pelota al tejado de la Organización de Estados Americanos, OEA, para que "ellos tomen las decisiones que estimen convenientes", afirmó el presidente depuesto. "Ha quedado totalmente demostrado que no tiene ninguna razón ni ningún efecto seguir negociando porque los acuerdos han sido constantemente violados. Parece que llegan a la mesa de diálogo obligados por alguien sin voluntad política", dijo del campo de Micheletti.

Zelaya es consciente de que ahora tiene que "tomar algunas decisiones, aunque soy el presidente hasta el 27 de enero", pero todavía no ha decidido si permanecerá en la embajada de Brasil, donde se refugió el 21 de septiembre tras entrar clandestinamente al país. En su apoyo, unas 1.500 personas protestaron frente el Congreso hondureño antes de ir después a la legación diplomática de Brasil, blindada por las fuerzas de seguridad.

El fracaso a la hora de aplicar el Acuerdo Tegucigalpa/San José Diálogo de Guaymuras, suscrito por ambas partes bajo la presión de Estados Unidos el pasado 30 de octubre, es otro más de los esfuerzos desplegados por la comunidad internacional para devolver la institucionalidad democrática a Honduras.

Estados Unidos mantiene su compromiso con el diálogo en el país centroamericano, pero su gobierno afirmó que son los propios hondureños los que deben resolver "por sí solos" el conflicto, declaró hoy un portavoz del Departamento de Estado, Charles Luoma-Overstreet. "Nuestros esfuerzos se han centrado en facilitar un proceso de diálogo pragmático y en crear un ambiente en el que los hondureños puedan enfrentar el tema de la restitución (del presidente depuesto Manuel Zelaya) y resolver por sí solos este problema hondureño", señaló el portavoz.

Tras declarar el fracaso, Zelaya ya ni siquiera esperará la decisión del Congreso, que, según el acuerdo, debía pronunciarse sobre su restitución, aunque para ello no había fecha. El pronunciamiento del Congreso, que se encuentra en receso hasta después de las elecciones, ya que muchos de los 128 diputados están en campaña electoral para su reelección, era el nudo gordiano de este acuerdo.

El presidente depuesto puso en las manos de los diputados su destino político, pese a que éstos habían votado el 28 de junio a favor de su destitución, a la que calificaron de "sucesión constitucional". "Si no, no hubieran accedido a firmar ningún acuerdo", explicó en aquel momento Zelaya.. "Haberse confiado en el Congreso Nacional, que lo destituyó, para que lo restituyera es una ingenuidad", afirmó el analista político y ex candidato presidencial José Manuel Martínez.