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Hijo de un mecánico, forjó a varias generaciones como educador; defendió a prisioneros sandinistas durante la última etapa del somocismo; fue judicial de Masaya, magistrado de Apelaciones en Granada, y llegó a ser presidente del Tribunal de Apelaciones de Managua.

Este personaje y maestro es el doctor Alfonso Dávila Barboza, quien a sus 78 años, dice haber recorrido los caminos que se identifican con la sinceridad y la seriedad, teniendo como respaldo histórico la vocación, la responsabilidad, la disciplina y el estudio.

Su padre fue el mecánico Alfonso Dávila Blandino, quien por muchos años fue jefe de transporte de la Embajada de Estados Unidos, y su progenitora, Amanda Barboza, fue costurera. Ellos hicieron todo lo posible por comprarle los libros cuando comenzó a estudiar.

Cuando le tocó ir a León para estudiar Derecho --entre 1948 y 1954--, trabajó por las mañanas impartiendo clases en escuelas de primaria, y le cupo el honor de tener brillantes alumnos como Óscar Danilo Rosales, “quien dejó la profesión de médico para irse a la guerrilla”.

Graduado de abogado, sus viejos maestros de secundaria lo invitaron a ser docente en el Instituto de Masaya, por lo que decidió volver a las aulas a impartir Filosofía, Psicología y Educación Cívica. Luego se constituyó en Masaya la Escuela Normal, donde laboró, lo mismo que en el Colegio Santa Teresita.

“Fui profesor de Óscar Turcios porque vino a sacar su bachillerato a Masaya, hizo mucha amistad conmigo, y cuando se fue a la Unión Soviética me envió una tarjeta de felicitación para Navidad, y cuando fui a Rusia me di cuenta de que estaba estudiando en la Universidad Patricio Lumumba, de donde desertó y regresó a Nicaragua. Me buscó en Masaya antes de meterse al FSLN, y llegó a ser parte de la nomenclatura de las primeras estructuras sandinistas”.

Su profesión de abogado

Dávila Barboza siempre se desempeñó en la materia penal. “Recuerdo que cuando el juicio contra el doctor Pedro Joaquín Chamorro, que le armó Cornelio Hüeck, Hernaldo Zúñiga Montenegro, muy amigo de PJCh, me pidió vigilar el juicio aquí en Masaya” por los delitos de injurias y calumnias.

El tema lo llevó a recordar una anécdota que muy pocas personas conocen. “En medio del juicio, la jueza que conocía el caso, la doctora Argentina Ríos González, al saber el vínculo que yo tenía con el doctor Pedro Joaquín Chamorro, un día me dijo: ‘Alfonso, quiero pedirte un servicio, quiero comunicarme con el doctor Chamorro, porque me siento estresada y muy molesta porque tengo encima a los políticos liberales somocistas y a los de la oposición por esta causa contra Pedro Joaquín”.

”¡Quiero que me consigás una llamada telefónica con el doctor Chamorro!”, insistió la jueza, a lo que Dávila Barboza le dijo: “Esto es peligroso”, pero la judicial insistió que quería conversar con Pedro, por lo que Alfonso marcó el número telefónico de La Prensa y “me contestó Rosario Murillo (la hoy primera dama de la nación) que trabajaba con Pedro Joaquín Chamorro”.

En esa conversación telefónica con el doctor Chamorro, la judicial de Masaya le dijo: “Mire, doctor, este juicio es político, hay planes contra usted y se lo confieso”.

Ese mismo día en la tarde, en la edición del diario La Prensa se publicó: “Jueza confiesa que el juicio contra Pedro Joaquín es político”, y logra --el doctor Chamorro-- comunicarse con la judicial a través del doctor Dávila Barboza, que es amigo de ella y del doctor Chamorro.

--¡Dios mío mi lindo! --se dijo esa tarde el doctor Barboza, porque esa misma noche se produjo un “hervidero político”, donde muchos dijeron: “¡Qué barbaridad, esta jovencita (la jueza) no se da cuenta del papel que está jugando, que está fregando a Cornelio!”, pero Pedro Joaquín en una rueda con periodistas y amigos dijo: “No hay mal que dure cien años”, porque el juicio lo manipularon los enemigos de Pedro.

El ataque al cuartel

Otra anécdota del doctor Dávila Barboza fue cuando el ataque al cuartel de la Guardia Nacional de Masaya en 1977. La situación fue gravísima, “viene la investigación, capturaron a uno de los muchachos, pero uno de ellos logró salir de Nicaragua. El que huyó era el que había dado dinero y había prestado su vehículo para transportar las armas: Jorge Bolaños Abaunza, hijo del ex presidente Enrique Bolaños Gayer.

La familia de Bolaños Abaunza contrata al doctor Dávila Barboza para su defensa, y donde don Enrique y su esposa, doña Lila T. de Bolaños (ya fallecida), “me brindaron todo lo que “yo quisiera para que el juicio en ausencia avanzara y se lograra el beneficio de que el muchacho saliera bien”.

Ese juicio comenzó a las 2 de la tarde y terminó a las 5 de la mañana del día siguiente, “donde logramos la absolución de todos los procesados que eran como ocho o nueve muchachos”.

Una sorpresa en la historia

El abogado acusador de los muchachos fue Eliseo Núñez Hernández, “alumno mío y compañero de muchos de los que estaban ahí (acusados de subversivos por el somocismo). Eliseo no tuvo el reparo de pedir la condena de sus compañeros que estaban enjuiciados, pero a las cinco de la mañana los muchachos tuvieron ‘bolas blancas’ en el jurado”.

Después del derrocamiento del somocismo, en 1979, “me piden los magistrados de la Corte Suprema de Justicia --a la cabeza Hernaldo Zúñiga y Vilma Núñez de Escorcia-- hacerme cargo del juzgado de Masaya”. El cargo lo aceptó inmediatamente, y “así comencé mi vida judicial en la judicatura de la Ciudad de las Flores, que significó para mi estudio y trabajo”.

Luego le pidieron que se fuera a Managua, “donde me tocó juzgar con las leyes de la revolución a Arnoldo Alemán Lacayo y a 39 personas.

“Unos fueron absueltos y otros condenados. Arnoldo resultó condenado con un grupo, pero seis o siete meses después los indultaron, “sin embargo, él (Alemán) no quedó resentido conmigo, y cuando fui jubilado --en 1997-- Alemán me pidió que trabajara con él, con su bancada, en la Asamblea Nacional, “donde estuve dos años”.

Cuando Dávila Barboza tuvo a su cargo un juzgado en Managua, le tocó continuar el juicio contra los asesinos de Pedro Joaquín Chamorro. Después conoció el juicio contra Anastasio Somoza Portocarrero (El Chigüín), se demostró cómo saqueó bienes públicos, como hubo malversación de caudales públicos, peculado, “le puse auto de prisión, y Tito Castillo hizo todo para que fuera extraditado, pero los yanquis pusieron muchos problemas en Miami donde estaba radicado Somoza, por lo que no se logró nada en definitiva”.

Sobre el Poder Judicial actual

El maestro dice: “Soy doliente del Poder Judicial, sus logros yo los vivo, sin embargo, censuro las grandes fallas que comete ese Poder, y critico que esté politizado. Me da pena cuando hablan ellos (los magistrados de la CSJ) de bancadas, y recordó que eso lo ha dicho al actual presidente de la Corte Suprema de Justicia, Manuel Martínez, y a Rafael Solís.

Le estancaron su pensión de jubilación
Desde que se jubiló le han estancando la nivelación de su pensión, y dice que el responsable es el doctor Manuel Martínez, Presidente de la CSJ, porque le ha mandado a decir que no tiene dinero para nivelarlo.

Dice el ex magistrado que después de consultar a especialistas en seguridad social, él debería estar recibiendo 40 mil córdobas y no los 15 mil que le pagan mensualmente, al tiempo que puso el ejemplo de que el doctor Arturo Cuadra- Ortegaray recibe una pensión de 60 mil córdobas al mes.

Sobre sus amistades con intelectuales

Sus amistades con intelectuales las inició cuando estuvo en León, “donde me vinculé con periodistas. El primero con el que se vincula fue el general Gustavo Abaunza, quien era el director del diario El Centroamericano. También hizo amistad con Dagoberto Sáenz y con Rigoberto López Pérez.

Dice que López Pérez era un hombre sencillo, humilde, bien distinguido en su vestimenta. “Jamás se me ocurrió a mí ni a los que le conocimos que iba a llegar a tanto en la historia del país”.

Fundador del MLC

Dávila Barboza fue fundador del Movimiento Liberal Constitucionalista (MLC) que lideró el doctor Ramiro Sacasa. El maestro mostró a END una copia del primer manifiesto político que se publicó en octubre de 1975. Fue delegado departamental del movimiento.

Después Dávila Barboza y el MLC pasaron a formar parte de Unión Democrática de Liberación (UDEL), formada por el doctor Pedro Joaquín Chamorro en 1974. “Ahí nos vinculamos con Danilo Aguirre, Domingo Sánchez “Chagüitillo”, Roberto Argüello Hurtado, Rodolfo Robelo Herrera, Clemente Guido y otros políticos.

Magistrado y un atentado

Al Tribunal de Apelaciones de Managua llegó como presidente cuando Tito Castillo y Roberto Gámez manejaban la parte judicial. “Llegaron a visitarme y me dijeron: ‘Hay una plaza para magistrado en Granada, nosotros ya hablamos con la JGRN, y Rafael Córdoba Rivas dijo que tenés que irte para Granada’”.

Se fue de magistrado a Granada donde estuvo dos años. Ahí, un domingo 8 de marzo de 1981, cuando estaba sentado en la puerta de su casa, pasó un hombre disfrazado de mendigo y le dice: “Buenas noches”, se agachó y sacó un machete con el que le asestó tres machetazos en el cuello, pero los médicos lograron salvarle la vida.

Resulta que esa persona que aún vive, fue alumno del doctor Dávila Barboza. Era de apellido Sandino. Fue un taxista al que el doctor había fulminado con auto de segura y formal prisión después de haber matado a machetazos a otro obrero del volante en las inmediaciones de la iglesia del Calvario.

Después que se recuperó, lo visitó el doctor Alejandro Serrano Caldera, Presidente de la CSJ: “Alfonso, quiero que vayas de presidente del Tribunal de Apelaciones de Managua”, le expresó. En ese cargo pasó 11 años. En julio de 1997 terminó su papel dentro del aparato judicial, porque cuando aspiró a ser electo magistrado de la CSJ, “me bolearon” los sandinistas.