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La crisis económica nacional hasta la semana pasada sólo estaba en la boca de los expertos en el tema, sin embargo, desde el inicio de la tradicional novena a la Purísima Concepción de María, salieron relucir el hambre y la necesidad del pan de cada día para muchos nicaragüenses. Una gran parte de ellos son escarnecidos con Purísimas ordenadas por la familia gobernante a todos los ministerios, donde la ausencia de una legítima Fe se traduce en una burda manipulación al culto mariano.

Miles de personas se aglomeraron ayer en los distintos puntos de la capital, sobre todo frente a las instituciones gubernamentales como la DGA, el MTI, el Inatec, el Mined, el MiFamilia y Enel central, entre otras, con la ilusión de llevar el sustento por lo menos para un tiempo de comida.

Llegan por hambre

Una anciana de unos 65 años, que estaba en la fila de la purísima del MTI, comentó que estaba ahí desde las cinco de la mañana de ayer, y como a las diez de la mañana había avanzado un poco hasta colocarse a unos 200 metros de donde sería el altar de la virgen.

“Vengo porque tengo hambre, tengo necesidad, es la primera vez que estoy aquí, no me queda de otra, la situación hoy en día está muy difícil”, expresó la anciana habitante del barrio Hialeah. Esta expresión fue la misma de muchas otras madres que también hacían cola desde la noche anterior.

Noche a la intemperie

Tal es el caso de Melva Sunsín, quien llevó a sus tres hijos para obtener una mayor provisión alimenticia para su casa, al más pequeño --de tres meses-- lo cargaba en sus brazos. Ella contó que pasó la noche del sábado con sus pequeños a la intemperie en las inmediaciones del antiguo Cine González.

Esto era más que evidente, por la cantidad de personas reunidas, principalmente en la Avenida Bolívar. Muchos admitieron que la razón principal de su presencia no era verdaderamente para rendirle tributo ni cantarle con devoción a la Virgen de la Concepción, sino más bien por el nivel de pobreza en que están sumidos.

Toda clase de pobres

Entre la multitud se veían todo tipo de personas de todas las edades, recién nacidos amamantados en el sol calcinante de medio día, también había minusválidos, ancianos, jóvenes y embarazadas a punto de dar a luz.

Hubo personas que hasta discutieron y se agredieron entre sí porque quienes estaban llegando más tarde querían meterse y tomar los puestos de adelante, apartados desde 24 horas antes.

A lo largo de esa Avenida, en horas de la mañana aún permanecían las incontables piedras, cartones largos y palmas de coco guardando un lugar que posteriormente sería relevado por la presencia de física de quienes ocuparían ese sitio cuando se acercara la hora de la “repartición”.

Otros, como doña Melba, optaron por dormir ahí para obtener los primeros lugares. Ellos pasaron más de 16 horas esperando que les dieran su saco con agarraderos con la imagen de la Purísima y la leyenda: “¿Quién causa tanta alegría?”

Algunos niños salieron satisfechos porque habían obtenido su paquete, sin embargo, no a todos les duró la dicha, ya que debido al desorden provocado por la muchedumbre, muchos pequeños se extraviaron y lloraban desconsoladamente entre la muchedumbre.

¡Ahí está el Hambre Cero!

Mientras unos se asoleaban haciendo fila a la orilla de las cunetas, los conductores que pasaban cerca gritaban indignados de forma sarcástica: “Ahí está el Hambre Cero, que tanto pregona nuestro presidente”, otros, en cambio, hacían alusión a la barbarie de jugar con el hambre de los pobres.

Ayer, desde horas muy tempranas, agentes de la Policía Nacional, la Dirección General de Bomberos, la Cruz Roja y fuerzas especiales del Ejército, se apostaron en las principales avenidas de Managua para resguardar y brindar primeros auxilios a los asistentes.

Los acarreados empleados públicos

En otro lado de la ciudad capitalina, alejados del bullicio de la Avenida Bolívar, estaban obstaculizando el paso vehicular en la rotonda de Metrocentro unas 300 personas, trabajadoras del Estado, uniformadas con camisetas amarillas, “celebrando con júbilo y benevolencia a la Patrona de Nicaragua”.

Con la colaboración de Ernesto García