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Los nicas, como pudieron, mantuvieron, este año, la tradición: la celebración de La Purísima Concepción de María, la expresión más popular de la religiosidad nicaragüense.

Algunos lo hicieron en pago de una promesa, por un favor recibido; y otros meramente por devoción, con gastos que superaron los 20 mil córdobas. Aunque contaron con el apoyo de gente cercana: familiares y amigos.

Doña Laura Gaitán, habitante del Valle Capistrano, refirió que conmemora La Purísima desde hace siete años, como puede, y lo hace para agradecerle a la Virgen una cura estomacal.

“Los médicos sospechaban que yo tenía cáncer de estómago, porque no aguantaba nada, no podía comer, ni siquiera un huevo me alcanzaba. En ese tiempo me acuerdo que le canté a la Virgen, y por increíble que parezca, me curé”, relató.

Ahora ella viaja hasta Estados Unidos para traer los brindis o gorras de la Virgen. “Mis hijos me ayudan, y yo hasta pido para poder regalar ropa, zapatos y juguetes”, comentó.

Ella, incluso, se movilizó hasta el barrio “Pedro Joaquín Chamorro”, para colocar el altar, y desde allí dar un poco más de 1,500 gorras, pues cuenta que en esa zona es donde hay más pobreza.

Clarissa Valdez López, del barrio Bóer, también celebra La Purísima, para dar gracias. La señora manifestó que hace 20 meses dio a luz a su sexta y última hija: Camilita.

“Los médicos me decían que no iba a sobrevivir porque, además de tener Síndrome de Down, la niña tenía los riñones cinco centímetros más grandes de lo normal, y tenía el hígado 7 centímetros más grande de lo normal, fíjese que yo la conocí en cuidados intensivos y todos me decían que no iba vivir, pero le recé a la Virgen, y ahora la tengo sanita conmigo, los médicos dicen que es un milagro, que la fe ayudó en su recuperación”, apuntó.

Valdez mencionó que este año no ahorró nada por la crisis económica. “Pero la Virgen vino aquí, se vino a posar a mi hogar, y aquí se ha quedado. Los brindis, mire, han venido a través de mis hermanos y cuñados, de los tíos de Camilita”, indicó con la emoción a flor de piel.

Permanece la devoción

Otras familias, en cambio, como la de Gladis Morales, honraron a la Virgen Concepción de María, por pura devoción.

“Desde antes de nacer, hace más de 50 años, mis padres celebraban La Purísima, y eso yo lo heredé, ahora canto a la Virgen con ayuda de mis 14 hijos, unos hacen el altar y otros se encargan de las gorras, y para eso se ahorra durante todo el año”, subrayó manifestando que este año entregó brindis a más de mil personas.

“No sé ni cómo lo logré, sólo sé que todos nos esforzamos por cumplir con la devoción”, enfatizó.

Doña Ángela Emperatriz Olivas, del barrio Altagracia, es otra devota de la Concepción de María. Ella desde hace más de 62 años, canta y grita cada siete de diciembre. “Mi madre era una pueblerina muy devota, muy mariana, y eso yo lo heredé”, refirió.

Detalló que, con apoyo de sus hijos y de gente amiga, logró dar tres mil gorras. “Mi gasto fue como de 18 mil a 20 mil córdobas por allí, más o menos, pero garantizamos las gorras de puchito en puchito, la Virgen nos ayudó”, contó.

Doña Esperanza Martínez, habitante del barrio Monseñor Lezcano, en tanto, recordó que su gasto superó los 25 mil córdobas.

“Este año di como cinco mil brindis en todo el día, mi familia es devota de la Virgen desde hace más de 58 años, y ahorrando todo el año hemos mantenido la devoción de cantarle cada 7 de diciembre”, explicó.

Para doña Esperanza, el evento “es como cumplir años, es algo que debe celebrarse siempre, año con año, en gratitud por la protección de la Virgen, por los favores recibidos, y esto es de familia”, puntualizó.