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Eran aproximadamente las 11 de la mañana del día domingo del 6 de diciembre, cuando los comunitarios de Walpa Siksa escucharon muy cerca el ruido de una avioneta, blanca con rayas oscuras. Los pilotos de la aeronave aterrizaron de manera forzosa cerca del cementerio de la comunidad. Ahí existe un predio un tanto amplio.

Producto del impacto, “los narcopilotos” murieron al instante, según los mismos comunitarios. La nave quedó desecha, ya que cuando impactó en el terreno, se partió en varios pedazos.

Según cuentan los indígenas, gran parte de la droga cayó alrededor del campa santo. “Fue como un trueno grande, creíamos que se trataba de un meteoro, un rayo o una bomba, lo que no hizo salir corriendo de nuestras casas”, contó un indígena originario de Walpa Siksa, que por razones de seguridad pidió no ser identificado.

En principio, los comunitarios asustados llegaron al lugar donde se estrelló la avioneta, vieron a los pilotos muertos, pero su mayor sorpresa fue encontrar muchos paquetes que contenían la cocaína y varios maletines cargados de dólares. “No te puedo decir cuántos kilos y dólares, pero eran muchas pacas (paquete)”, aseguro el informante.

Según las informaciones, la plata fue repartida entre los mismos comunitarios y de la droga se maneja que fue enterrada en aguas pantanosa y metidas, que solo los indígenas conocen.

Droga divide a los comunitarios

Algunos comunitarios, entre ellos líderes de Walpa Siksa, aconsejaron llamar a la Policía Nacional o a la Naval, pero otros miskitos muy molestos contestaron que no, y que mejor se repartieran la droga y el dinero entre las familias. “Ahí comenzó el pelito, unos querían más dólares, otros droga y no quisieron hacer caso a los ancianos y líderes de la comunidad”, relató otro testigo.

Después de la repartición de “la mercadería”, los comunitarios en su mayoría hombres, arrastraron la avioneta a un lugar más montañoso del cementerio, la quemaron y posteriormente la enterraron. “Todo esto para ocultar la nave y despistar a la Naval y a la Policía Nacional”, añadió el miskito.

También se informó que algunos indígenas sacaron armas de cacería, pistolas, revólveres y fusiles AK, que guardaban desde la guerra de los años ochentas, todo para protegerse tanto de las autoridades militares como de los narcos colombianos, hondureños, panameños y los mismos nicaragüenses que de seguro llegarían a buscar la carga.

Llegan los narcos colombianos

El lunes siete de diciembre a eso de las dos de la tarde, más de 40 personas supuestamente narcotraficantes de origen colombiano penetraron a la comunidad de Walpa Siksa, con la intensión de rescatar a los dos pilotos, la droga, el dinero y otra persona que volaba en el avión. Este último supuestamente era el “pez gordo” que interesaba a los extranjeros y que fue auxiliado por los comunitarios el día anterior.

Estos sujetos arribaron en dos modernas pangas, de 800 caballos de fuerza cada una. Las anclaron cerca de la barra Walpa Siksa, una intercepción del mar con el río que lleva el mismo nombre de la comunidad.

Los señalados de ser los dueños de la droga y del dinero, bajaron “armados hasta los dientes” y caminaron por la playa, hicieron contacto con algunos hombres de la comunidad y posteriormente se filtraron entre las casas. “Cuando los vimos creíamos que eran los de la capitanía, pero por la forma en que nos hablaron, nos dimos cuenta que eran colombianos”, puntualizaron fuentes de la comunidad afectada.

Según relataron todavía nerviosos, los narcos colombianos buscaban desesperadamente a los pilotos y a alguien a quien solo llamaban “El Jefe”. “Se referían al sobreviviente de la avioneta; era un hombre alto, moreno, pelo crespo, algo corpulento. Este salió seriamente golpeado por el accidente de la nave, pero tras el auxilio de los comunitarios, otros hombres se lo habían llevado en pangas”.

Se maneja de manera oficial que es precisamente a este hombre apodado “El Jefe” al que la marina, el Ejército y la Policía Nacional buscan por aire, tierra y mar, además, a los comunitarios que participaron en la emboscada del ocho de diciembre.

Cae la noche y sale el sol

Era el martes ocho de diciembre y nadie durmió en Walpa Siksa. Los colombianos pasaron toda la noche tratando de convencer a los hombres que informaran el destino de “la mercadería”, pero al conocer que autoridades nacionales llegarían al lugar decidieron armar a los civiles para rechazarlos.

Dos pangas de la Fuerza Naval se anclaron a la orilla barra. A los marines no les dieron ni tiempo de bajarse, fue ahí donde un grupo de personas acompañados de narcos extranjeros abrieron fuego a quemarropa, resultando muerto el Teniente de Corbeta Joel Eliecer Baltodano González y el Sargento Tercero Roberto Carlos Somarriba Rojas, más dos soldados y un subcomisionado de la Policía Nacional heridos.

Por parte de los comunitarios se confirmó un muerto. Se dice que existen cuatro fallecidos más, pero autoridades oficiales no confirman esta versión. En la zona, Rubén e Ismael García, habitantes de Walpa Siksa, dicen que esos muertos son reales, pero que las familias se rehúsan a hablar por miedo.

En el mismo día, cerca de las siete de la noche, las pangas de la Fuerza Naval llegaron al Muelle de Bilwi con cuatro heridos y un muerto. El muerto era Joel Baltodano. Los demás marines fueron trasladados al hospital Nuevo Amanecer y ahí mismo, en la sala de cirugías, murió Roberto Carlos Somarriba Rojas, mientras las heridas de los otros militares no eran de gravedad.

Llega herido indígena

El miércoles nueve de diciembre, los civiles heridos fueron sacados por la Comunidad de Alamikamba, entre ellos están los hermanos Lorenzo, Misael y Oscar Chow, este último jugador del equipo de la Costa Caribe. “Venimos a buscar a los médicos para que llegaran a la comunidad porque había varios heridos”, expresó Ismael García. Ésta agregó que no pudieron trasladar a ningún galeno, porque supuestamente temían que les ocurriera algo.

Para la tarde de ese mismo día, la mayoría de comunitarios, entre ellos mujeres, niños, ancianos y hombres, estaban ya huyendo por temor a represalias que puedan tomar los miembros del Ejército por la muerte de sus dos marines.

La mayoría de las familias que antes del ocho de diciembre vivían en calma en Walpa Siksa, están llegando a la comunidad de Alamikamba, cabecera municipal de Prinzapolka, así lo informó vía telefónica la alcaldesa Lidia Coleman Bon.

“Estamos recibiendo en la alcaldía a las familias afectadas en Walpa Siksa, no tenemos muchos detalles, pero le estamos dando atención inmediata a las familias que han dejado su pueblo, supuestamente por miedo a que el Ejército tome alguna acción contra ellos”, dijo Coleman Bon.

Los 14 detenidos
Un operativo “rastreo” en la comunidad de Walpa Siksa, montado por la Policía en coordinación con tropas del Ejército, dio como resultado la detención de 14 personas, la incautación de un kilo de cocaína y la ocupación de más de 12 mil dólares americanos.

Según el jefe policial de la zona, se mantiene una fuerte presencia militar en la zona de Walpa Siksa. “Tenemos un cordón por todos los lados, porque nuestro objetivo es capturar a las personas que participaron en el fuego cruzado entre los comunitarios y la naval”, afirmó.

La situación no puede ser peor, en este sector del Caribe de Nicaragua. Hay que destacar que hace 45 días, aproximadamente, otra avioneta se estrelló en la comunidad miskita del Río Coco de nombre Wiwinap. Igual que en Walpa Siksa también los comunitarios se apoderaron de la droga y del dinero.